¡Que ustedes los voten bien!
¡Que ustedes los voten bien!
Mañana a votar. Y lo deseable es que los votos sirvan para solucionar los incontables problemas que nos atosigan a los almerienses. Especialmente a esos miles y miles de parados que aparcan sus ilusiones y esperanzas en las papeletas que van a depositar mañana domingo. Lo último que pierde el ser humano es la esperanza, y nos agarramos con desesperación a los clavos que jalonan la dura pared que tenemos por delante. Todo ello con el único deseo de no tener que tirar la toalla ante unos impredecibles políticos que ofrecen y ofrecen soluciones en un mañana en el que nos cuesta creer, pero al que esperamos con desesperación. ¿Servirá para algo votar mañana? Si les hacemos caso a ellos, es la única solución. Si pensamos por nosotros mismos, la cuestión no está tan clara. ¿Votaremos? Claro que votaremos. ¿Qué podemos hacer si no? Votaremos como última esperanza, votaremos aún en contra de nuestras creencias, votaremos con la nariz tapada, votaremos a hombres y mujeres en los que no creemos, votaremos a gente que lleva treinta años y que nada han hecho por nosotros, sí por ellos, votaremos por unas ideologías algo pasadas, votaremos nuevas alternativas, votaremos unos programas que no nos han sido explicados, votaremos a los que nos han llevado al paro, votaremos a los que nos dividen, votaremos a los que se han gastado nuestro dinero en cuchipandas y cachondeos, votaremos a los que nos han subido los impuestos, las tasas, la gasolina, votaremos a los que nos imponen su voluntad con leyes que sólo a ellos benefician, votaremos, votaremos, votaremos. ¿Pero qué hacemos si no?