“La vida es un aprendizaje sin fin”
“La vida es un aprendizaje sin fin”

El pintor Manu Muñoz.
Me da igual la temática si se presta a ser pintada”. Es una declaración de intenciones de Manu Muñoz (Almería 1977), pintor que este jueves expondrá parte de su trabajo en la galería ‘Victor Lope Arte Contemporáneo’ de Barcelona, “un reto porque es la primera vez que expongo allí”. Eso de pintar, eso de “hacer arte” tiene, como todo en la vida, un principio. Lo recuerda, “fue el día que empezó todo, con apenas 11 o 12 años”. Dice que ni siquiera lo decidió, porque no pintaba excesivamente bien e incluso suspendió Plástica algo que le recuerda a su preofesor cada vez que coinciden. Reconoce que en el colegio “era un poco vago”, pero bueno, son cosas de la edad que pasan a veces.
Descubrir “qué es lo que quería hacer” surgió a raíz de conocer a Carmelo Palomina, pintor jiennense, y a través de él a Ginés Cervantes. Fue descubrir un mundo nuevo, “algo desconocido”, comenta. Es vivirlo en primera persona. Es una nueva forma de vida, cuando uno se plantea dedicarse al mundo de la pintura, pero claro, tener 13 años y pensar eso parece una quimera porque “a esa edad tienes respaldo y vives con tus padres, pero sí fue descubrir una pasión oculta”... las pasiones ocultas, esa forma de vivir la vida de nuevo cuando te das cuenta de que existen. Manu Muñoz llegó a la mayoría de edad y entonces descubrió la pintura como una forma de vida “no solo en en lo económico, sino también en lo personal” y explica algo que todos deberíamos llevar a la práctica “hay que hacer lo que te haga sentir agusto”.
Placer total y trabajo
Ese “placer total” de los años pasados se combina con el presente, más real, más certero, “ahora sí trabajo diez, doce horas diarias en el estudio y otras tantas en casa, estoy todo el día metido en esto”. ¿Las claves? pues durmiendo poco y “a veces dejándome la salud incluso. Sé que he perdido salud por las horas que hecho, el montón de químicos que respiro y aún así estoy dispuesto a seguir con ello”, sin intención de que nada cambie.
Al final, relata, “la única cosa que tiene el poder de cambiarme el ánimo es la pintura”. Parece una sentencia y es que en la vida a muchas personas les pasa eso. Que descubren qué es lo que les puede cambiar el ánimo y casi siempre se relaciona con el mundo del Arte y del amor. Ayer cerró su exposición en Huércal-Overa ‘Ars longa vita brevis’ haciendo referencia al sentido efímero de la existencia y entonces uno piensa... es verdad, porque hoy estás aquí y mañana no sabes dónde. Pintar no tiene horario, en invierno cuenta que “con menos horas de luz” empieza a pintar temprano porque la luz, esa maravillosa seña de identidad de Almería, “es clave”. Y¿qué es la luz? “prácticamente lo es todo, igual que la oscuridad”.
Esos contrastes que se reflejan también en las obras de Manu Muñoz. Es como la vida que se compone de “luces y sombras”, nunca es bueno estar lleno de luces y menos áun, lleno de sombras.
Aunque ha pintado “en todas las horas del día”, incluso llegó a hacerlo durante vientidos horas diarias “ahora lo intento ordenar”.
El futuro
Por eso, se puso manos a la obra y terminó la serie que expondrá en Barcelona a partir del jueves. Allí lleva parte de las obras de sus guerreros que tiene, pero lo hace por su concepto estético “porque soy ajeno al rollo bélico y militar” y se completa con otro de los temas que le hacen singular, el de las aves. Los conceptos y las temáticas “son al final una excusa”. Nadie puede decir que haya aprendido todo lo que tenía que aprender “ni pintar todo lo que tenía que pintar”. Afirma que con la perspectiva del tiempo “puedo ver de otra manera mi obra” un recorrido que comenzó hace más de dos décadas.
Y al final pasa eso que dice el pintor, que “la vida es un aprendizaje sin fin”. Un aprendizaje que significa crecimiento. Crecimiento personal, donde descubres qué es lo que quieres hacer, dónde y con quien. Sintiendo pasión por la vida y por todas las cosas buenas que hay en ella... Al estilo warrior, el de los que luchan.