Uno de los templos del 'ochenteo' almeriense sale al mercado
El pub, junto a la circunvalación del Mercado, se pone en alquiler y busca un nuevo patrón

Camerino, junto a la circunvalación del Mercado, abrió por primera vez en tiempos de pandemia.
Desde que lo dejó su fundador Curro Verdegay, Camerino, uno de los abrevaderos más pintorescos del ocio nocturno de Almería, no ha levantado cabeza, no ha vuelto a brillar el dorado de sus paredes como en aquellos tiempos, cuando el coronavirus se marchó por fin de nuestras vidas y los almerienses salieron de nuevo en tropel a las calles de la ciudad descubriendo este nuevo pub junto a la circunvalación del Mercado Central; no ha vuelto a ser el mismo Camerino, esta fábrica de buenos momentos, y por eso busca nuevo auriga que lo conduzca entre la maraña del fin de semana, un nuevo arrendatario que le devuelva el éxito popular de hace unos pocos años, cuando el champán corría por su barra y cuando la música ochentera y noventera afilaba a los bailones del momento.
"Ni tan joven ni tan viejo" ha sido el lema que ha guiado este local de copas que ha protagonizado las noches de diversión de los almerienses durante los últimos años a base de música retro y actual y mucho buen rollo en su interior.
Con su decoración vintage, con sus baños forrados de fotogramas de cantantes y grupos musicales, con sus cintas de cassette flotando en las paredes, con su pantallas de televisión de los 70, con sus videos musicales, supo hacerse un hueco en ese nuevo espacio de tardeo y nocturnidad ociosa en la Circunvalación del Mercado rotulada a nombre de Ulpiano Díaz, aquel representante de toreros que salía con capa de madrugada deshaciendo entuertos como Alonso Quijano.
Allí, entre tiendas de sombreros de Martínez, y otros bares de copas y tapas, Curro Verdegay, levantó esos años un andamio de entretenimiento y farra sana. Hizo Curro de Camerino, no un sitio donde se visten los actores, sino un lugar donde ocurren cosas, cosas sencillas de la vida, un lugar donde se siente cosas y donde se disfrutan, donde puede cambiar todo o no cambiar nada.
Camerino olía ese tiempo a palomitas y a champán, a gomina y a gominolas, una antesala de lo que puede suceder o nunca sucederá, un pensar que todo va a cambiar para que nada cambie, vigilia de todo y víspera de nada. Para sus clientes, cada vez que entraban en camerino, era como un viaje a alguna o a ninguna parte.