El joven almeriense que pasó de improvisar ritmos con cajas de zapatos a formarse en Londres
Samuel Salmerón, Salcruz, repasa el camino que lo llevó desde Almería hasta Abbey Road Institute para abrirse paso en el mundo de la producción musical

Samuel Cruz en los estudios de Abbey Road Institute
Antes de aprender a tocar un instrumento, incluso antes de nacer, ya había música a su alrededor. Sus padres le cuentan que, cuando todavía estaba en el vientre de su madre, un altavoz apoyado sobre la barriga le acercaba las canciones de Manolo García. Después llegaron los ritmos improvisados con cajas de zapatos, las horas de ensayo y la entrada en el conservatorio con apenas ocho años. Lo que comenzó siendo una afición acabó convirtiéndose en el proyecto de toda una vida.
Ese niño era Samuel Salmerón Cruz, ahora conocido artísticamente como Salcruz. La música siempre había estado presente en su entorno. Su padre es tenor y, por la rama materna, su tío abuelo fue el guitarrista Richoly. A sus 20 años, el joven almeriense ha llevado esa pasión desde las aulas del Conservatorio Profesional de Música Julián Arcas hasta la Orquesta Ciudad de Almería (OCAL) y el Conservatorio Superior Victoria Eugenia de Granada, antes de poner rumbo a Londres para completar su formación en el prestigioso Abbey Road Institute, la escuela internacional de producción musical e ingeniería de sonido creada por los legendarios Abbey Road Studios. Un lugar al que cada año solo logran acceder un reducido número de estudiantes procedentes de distintos rincones del mundo.

Samuel Salmerón en los estudios de Abbey Road Institute
De Almería a Londres
La ilusión de haber sido admitido en una de las instituciones más prestigiosas del mundo pronto dejó paso a otra sensación muy distinta. Samuel tenía 18 años cuando hizo las maletas y dejó atrás a su familia, a sus amigos y la ciudad en la que había crecido para instalarse en Londres. "Cuando estás en Almería y sabes que vas a Londres te sientes muy realizado, pero, cuando llega el momento de hacer las maletas y tienes el vuelo, empiezas a pensar que te vas a mudar solo a otro país, con otro idioma y un clima diferente", recuerda.
La adaptación no fue sencilla. A la exigencia académica se sumó la necesidad de desenvolverse en un entorno completamente nuevo. "Al principio echas de menos todo: la familia, los amigos, la comida e, incluso, el simple hecho de desayunar una tostada", explica. Sin embargo, la idea de perseguir su sueño terminó imponiéndose a la incertidumbre.
Su día a día transcurría entre clases, horas de estudio y largas jornadas en Angel Studios, el complejo en el que se encuentra el instituto y donde los alumnos desarrollan sus proyectos. Allí no solo estudiaban producción musical, sino también ingeniería de sonido, electricidad, matemáticas, acústica y física aplicada al sonido. "Yo no estaba aprendiendo inglés, sino estudiando en inglés las mismas cosas que estaban estudiando los propios ingleses", resume.
La música no se detuvo
Su paso por Londres no se limitó únicamente a las clases. Mientras completaba su formación, Samuel continuó trabajando en distintos proyectos musicales y mantuvo el contacto con artistas de España que seguían contando con él para desarrollar sus trabajos. Al mismo tiempo, comenzó a colaborar con músicos emergentes de la capital británica, ampliando poco a poco la red de contactos que había empezado a construir desde su llegada al Reino Unido.
Aquella etapa le permitió adentrarse aún más en la industria y conocer de cerca otra forma de entender la producción musical. Las horas de estudio dieron paso a las sesiones de grabación, a las colaboraciones y a los proyectos compartidos con otros artistas, una experiencia que, además de consolidar su formación, le permitió seguir creciendo tanto en el plano personal como en el profesional.

Samuel Salmerón con sus compañeros en los estudios
El sonido de un sueño
Dentro de diez años, Samuel no sabe en qué ciudad vivirá. Tampoco sabe si desarrollará su carrera en el Reino Unido, en Estados Unidos o en España. La industria de la música es un territorio incierto y, como él mismo reconoce, resulta imposible saber dónde estará la próxima oportunidad. Pero, más allá del lugar, sí tiene clara una cosa: quiere seguir dedicando su vida a aquello que lo ha acompañado desde el principio.
Aquel niño al que sus padres ponían música antes incluso de nacer, el que se pasaba las horas escuchando canciones, improvisando ritmos y soñando con dedicar su vida a aquello que más le gustaba, sigue estando ahí. La diferencia es que ahora ha cambiado su habitación de Almería por los estudios londinenses en los que se escribieron algunas de las páginas más importantes de la historia de la música.
Y, aunque el futuro sea una incógnita, hay algo que Samuel tiene claro desde hace mucho tiempo: nunca ha sabido imaginar una vida lejos de la música. Porque, al fin y al cabo, hay sueños que no se persiguen; simplemente se viven.