Retiran en Lanjarón la placa en honor al hombre que asesinó a una almeriense a tiros
Este domingo 26 de julio se cumplen cien años del crimen de Adriana, reconocido como asesinato machista el pasado 25N

A la izquierda, la placa, colgada en la fachada de la casa en la que vivió el susodicho tras salir de la cárcel. A la derecha, la misma fachada, sin el homenaje.
Hay una sombra en la fachada de la Avenida de la Alpujarra de Lanjarón. Una marca más clara sobre la pared delata el lugar exacto en el que, hasta hace apenas unos días, colgaba la placa dedicada a Emigdio Nieto y Gómez de Salazar, el hombre que asesinó a tiros a Adriana García Pérez en Almería hace ahora un siglo. La inscripción ha sido retirada. Y con ella desaparece un homenaje que la familia de la víctima llevaba meses denunciando por considerar incompatible con la memoria democrática y con el reconocimiento del crimen como un asesinato machista.
La retirada se ha producido por orden del Instituto Andaluz de la Mujer, después de un proceso largo y lleno de obstáculos. La familia asegura que, en un primer momento, el organismo les dio más largas que soluciones y que la reclamación se fue dilatando durante meses. También dirigieron un escrito al Ayuntamiento de Lanjarón, solicitando la retirada de la placa y una respuesta institucional. Esa contestación, sin embargo, nunca llegó.

Placa en memoria de Adriana García Pérez, asesinada por su expareja en ese mismo patio hace 100 años.
Finalmente, el homenaje ha desaparecido del espacio público. Y lo hace en una fecha cargada de simbolismo. Este domingo 26 de julio se cumplen exactamente cien años del asesinato de Adriana García Pérez, una joven de 18 años a la que su expareja disparó durante una verbena celebrada en la terraza del antiguo Casino de Almería tras negarse a aceptar la ruptura. El caso fue reconocido oficialmente el pasado 25 de noviembre como un asesinato por violencia de género, casi un siglo después de que la prensa de la época lo calificara de "crimen pasional".
Para Adriana Amate García, sobrina de la víctima y una de las impulsoras de la reclamación, la retirada supone el cierre de una herida que permanecía abierta desde hacía generaciones. "Ya me quedo más tranquila", afirma emocionada. Su voz transmite alivio y también felicidad.
Considera que la desaparición de la placa, precisamente a las puertas del centenario del crimen, tiene algo de justicia poética. "Era muy duro saber que seguía homenajeado como un 'vecino ejemplar' y 'honor de la Alpujarra' quien asesinó a mi tía. Que la hayan quitado justo ahora es la mejor forma de dignificar su memoria", sostiene.
Hoy, en la pared queda únicamente la huella de la placa. Una sombra que recuerda dónde estuvo durante décadas un reconocimiento que, "por fin, ha desaparecido".