La Voz de Almeria

Almería

El trágico final de Adriana, un crimen 'pasional' centenario, reconocido como asesinato machista en Almería

La familia de la joven asesinada en 1926 logra, un siglo después, que su historia reciba reparación pública de la mano de la Delegación

La terraza del antiguo Casino de Almería, donde se cometió el crimen.

La terraza del antiguo Casino de Almería, donde se cometió el crimen.La Voz

Elena Ortuño
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Sonaban ya los últimos compases de un chotis, arrastrados con talento por la orquesta del maestro Cuadra en un ambiente festivo y estival. Las agujas del reloj se acercaban a las dos de la madrugada y la terraza del antiguo casino era un murmullo de risas y música. Hasta que, de pronto, un disparo seco y brutal partió en dos la noche. El silencio que siguió fue tan denso que parecía poder tocarse, apenas roto por un segundo estallido que terminó de helar la sangre de todos los presentes.

Aquellas dos balas, disparadas a quemarropa, se incrustaron en el abdomen y el muslo de Adriana García Pérez, una muchacha almeriense de apenas dieciocho años. Con ellas se apagó para siempre una vida que apenas empezaba a dar sus primeros pasos en sociedad. 

Durante décadas se habló de aquello como un "arrebato pasional". Así lo llamaron los periódicos y así lo repitieron las crónicas. Como si el asesinato de una mujer pudiera justificarse con la palabra pasión. Como si amar fuera matar. Este martes, 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se ha reconocido, por fin y en voz alta, lo que siempre fue: violencia de género. 

Así ha quedado reflejado en una placa colgada en las paredes del patio de la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía durante un acto en conmemoración a la víctima, al que han acudido sus familiares, en la actualidad repartidos entre Sevilla y Almería.

Los familiares de Adriana García Pérez en torno a la placa en memoria de la joven, en el patio de la sede de la Delegación del Gobierno en Almería.

Los familiares de Adriana García Pérez en torno a la placa en memoria de la joven, en el patio de la sede de la Delegación del Gobierno en Almería.Elena Ortuño

Los hechos, narrados por sus familiares

Ella era hija del concejal del Ayuntamiento de Almería, Antonio García Martos. Él, Emigdio Nieto, también nacido en una intachable y rica familia burguesa, era estudiante de Medicina en Granada. Ambos mantuvieron una relación sentimental hasta que un día ella decidió ponerle término por carta. 

Parecía que todo había terminado allí, en aquella misiva manchada de tinta. Y si la cordura hubiese sabido imponerse a los celos y a la soberbia, así habría sido. No estarían entonces estas líneas ocupando hoy, 25N, un rincón de ningún periódico ni televisión. Pero no fue así. 

Placa en memoria de Adriana García Pérez, asesinada por su expareja en ese mismo patio hace 100 años.

Placa en memoria de Adriana García Pérez, asesinada por su expareja en ese mismo patio hace 100 años.Elena Ortuño

Aquel 25 de julio de 1926, en una de las tantas fiestas que animaban las noches de verano en el antiguo Casino de Almería, Adriana llegó acompañada por sus padres y sus amigas. Iba como cualquier muchacha de su edad, con el deseo sencillo y legítimo de bailar, de reír un poco, de sentir que la vida se abría ante ella con infinitas posibilidades.

Sabía, porque ya se lo habían dicho, que Emigdio, su exnovio, había regresado a Almería para pasar las vacaciones en casa de sus padres. Y también sabía que no llevaba bien la ruptura. "Adriana, ten cuidado", le habían advertido sus conocidos: "Está violento, fuera de sí". Palabras que le impidieron acudir a alguna que otra reunión social antes de que, decidida a no dejar escapar su juventud por rumores y malas actitudes, decidiese ir a pasárselo bien al antiguo boulevard del Príncipe, actual Paseo de Almería.

Fue allí donde tuvo lugar la escena. Nieto, llevado por la ira tras ver que Adriana seguía adelante con su vida, fue a casa de sus padres y, con premeditación, regresó después al casino para asestarle dos tiros a la mujer que, según él, tanto amaba. El padre de la víctima, testigo de los hechos, intentó evitar la tragedia abalanzándose sobre el asesino y aporreándolo con un bastón. En respuesta, también él recibió un disparo en el brazo.

Adriana no llegó viva a que la operaran. Se desangró camino de la Casa del Socorro, en el asiento trasero de un coche. A su lado, viajaba el doctor Pérez Cano, que hizo lo que pudo para salvarla, con las manos convertidas en un dique inútil frente a dos balas que habían entrado para quedarse. Era evidente, incluso para él, que la vida se le escapaba a esa muchacha.

Su padre, Antonio García, estaba aún preso del estupor y del dolor. Tenía el brazo izquierdo perforado, una herida seria, dijeron después, aunque incomparable con la de su hija. El doctor Fernández Lerena, que minutos antes había examinado el destrozo del brazo, fue el mismo que firmó la muerte de Adriana.

La tragedia cayó como un rayo sobre la numerosa familia: la madre, Adriana Pérez Sáez, las siete hermanas y el abuelo Casimiro vivían juntos, como han apuntado este martes sus familiares aún vivos, en un viejo caserón. Desde aquella aciaga noche, el luto y el silencio impregnaron todos los rincones de la vivienda. 

El asesino en libertad

El asesino de Adriana apenas cumplió cuatro años de cárcel. Salió a la calle gracias a las amnistías de la Segunda República, pensadas para delitos políticos y sociales, y con la misma frialdad con la que apretó el gatillo, retomó su vida, terminó la carrera de Medicina y ejerció durante décadas como si la sangre de una muchacha de dieciocho años no le pesara en las manos. 

Mientras él reconstruía la suya sin mirar atrás, la familia de Adriana quedó rota para siempre. La madre enfermó y jamás volvió a levantarse; una de sus hermanas nunca llegó a casarse de blanco -el luto se instaló en la casa como un huésped que no partía- y durante años el silencio fue la única forma posible de sobrevivir a la vergüenza y la injusticia.

Descubrimiento de la placa en recuerdo de Adriana, la joven asesinada en 1926.

Descubrimiento de la placa en recuerdo de Adriana, la joven asesinada en 1926.Elena Ortuño

Pero los silencios acaban por agrietarse. Y así, de generación en generación, la historia fue pasando de voz en voz, primero apenas en susurros, luego con más urgencia. Este martes, casi cien años después, los descendientes de Adriana han regresado al lugar donde fue asesinada para descubrir la placa que repara lo que el tiempo y la ley no supieron remediar. 

"La familia, destrozada por completo. Eran ocho hermano, ocho", han concluido sus familiares con un vibrato involuntario en la voz y con la dignidad de quienes no están dispuestos a permitir que el olvido se imponga. Esta vez, Adriana García Pérez ha vuelto para recordar que cualquiera podríamos ser ella y para gritar: ¡Basta ya!

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