La Voz de Almeria

Almería

Sobre la vida de la antigua Plaza de Marín, hoy convertida en otra cosa

El Ayuntamiento ha transformado la acera en un aparcamiento de motos

Las motos han tomado la parte peatonal de la Plaza de Marín.

Las motos han tomado la parte peatonal de la Plaza de Marín.

Eduardo de Vicente
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A la Plaza de Marín o del Monte, solo le queda el nombre, porque de plaza ya tiene poco. Hoy es una de las calles con más tráfico del casco histórico en la que desembocan los vehículos que vienen del centro desde las calles Navarro Darax y Hernán Cortés. Si una plaza debería de ser un escenario destinado a la tranquilidad, al reposo y al juego de los niños, la de Marín es hoy todo lo contrario, avasallada por el tráfico constante. Para ahondar más en su pena, a este histórico enclave del corazón de Almería solo le faltaba que su acera principal la convirtieran en un improvisado aparcamiento de motos, una medida que ha sido un alivio para muchos funcionarios del Ayuntamiento que pueden aparcar sus vehículos enfrente de su trabajo, pero que ha dinamitado definitivamente la estética de la plaza. Hacer un parking de motos es una gran idea, pero se ha elegido el escenario equivocado teniendo en cuenta que el propio Ayuntamiento dispone, unos metros más arriba, en la calle Pósito, de terrenos y solares suficientes para haber habilitado un gran aparcamiento mucho más discreto.

La Plaza de Marín actual ha perdido también casi todas sus señas de identidad. Sólo queda en pie un edificio antiguo y otro que hace esquina con la calle Navarro Darax, que muestra su solera en la inscripción que figura sobre la fachada, donde se puede ver el nombre del Obispo Santos Zárate y la fecha de 1900. El resto de la plaza se ha transformado completamente y lo ha hecho de la manera a la que estamos acostumbrados en esta tierra, es decir, de forma caótica y sin atender a ningún condicionamiento estético o histórico. La Plaza de Marín fue uno de los primeros rincones que empezaron a pervertirse en el llamado Desarrollismo que acabó destrozando toda la ciudad, cuando en 1959 la Caja de Ahorros a través de su constructora benéfica Santos Zárate dio un paso fundamental para iniciar la destrucción del hermoso casco histórico de Almería. Sobre uno de los palacios de la plaza, la noble casa de la viuda de Acilú, donde el Monte Pío tenía instaladas sus oficinas, decidió levantar un edificio moderno de veinte viviendas para hacer negocio sin tener en cuenta que con esa iniciativa iba a comenzar una revolución urbanística que en poco más de una década se llevó por delante la esencia de la ciudad antigua. Las obras comenzaron en octubre de 1959 y dos años después el nuevo edificio era ya una realidad, destacando negativamente en medio de hermosas casas de otro siglo.

También fueron desapareciendo del lugar los negocios. Hoy solo queda en pie en la Plaza de Marín la farmacia, además del restaurante que instalaron en la terraza del edificio donde están las oficinas de Urbanismo. En este mismo escenario estuvo hace más de medio siglo el colegio de don Miguel Moreno, por el que pasó toda una generación de estudiantes. El colegio ofrecía clases de primera enseñanza en jornadas de mañana y tarde, pero además se mantenía abierto a partir de las cinco, cuando comenzaban las clases particulares a las que asistían los muchachos que estaban preparando el examen de Ingreso en el instituto y los que estando ya en el Bachillerato necesitaban el refuerzo de un profesor particular para poder superar las asignaturas más delicadas. El ‘San Miguel’ siempre estaba abierto, hasta en verano, cuando se organizaban cursos intensivos para preparar los exámenes de septiembre. Cuando en los años ochenta derribaron la casa y las que había a continuación, aquella manzana y la propia Plaza de Marín cambiaron completamente de vida con la puesta en marcha del Centro Cinematográfico, que mientras pudo resistir abierto dinamizó la vida de la plaza los fines de semana.

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