Los niños de Almería reconquistan el 'parque oscuro' de Villa Pepita tras 30 años en manos del menudeo y del miedo
Los nuevos columpios de la Plaza Elena Pezzi están devolviendo a las familias este espacio que es foco de marginalidad desde hace décadas

La nueva zona de juegos en Plaza Elena Pezzi.
Durante los años 90 y principios de los 2000, decir "el parque oscuro" en Almería no evocaba juegos ni risas, sino un punto negro en el mapa de El Zapillo. Hoy, ese estigma afortunadamente parece desvanecerse poco a poco. La Plaza Elena Pezzi está viviendo una metamorfosis radical, pasando de refugio del menudeo y la suciedad a convertirse en el balcón privilegiado con vistas al mar que debía ser desde hace años y que las familias de Villa Pepita empiezan a recuperar tras más de tres décadas de quejas constantes e inseguridad.
Territorio hostil para los más pequeños
La historia de este espacio es la de un barrio que, paradójicamente, creció de espaldas a su propia belleza: el mar. El diseño original de los noventa, con un recinto cerrado, sombrío y con vegetación sin control, fue el caldo de cultivo ideal para la marginalidad. Lo que tuvo ser un área de recreo de referencia terminó siendo un olvidado refugio de la heroína, un foco de toxicomanía donde las jeringuillas, el papel de aluminio y el olor a orín eran la tónica habitual. Para los niños de la época, Villa Pepita empezó a ser zona prohibida por sus padres.
Con el paso de los años, sobre todo ya llegados los 2000, las concentraciones nocturnas degradaron el mobiliario y generaron una inseguridad constante para los vecinos de Villagarcía y San Miguel, que veían como este parque iba perdiendo cualquier encanto como punto de encuentro para las familias. De hecho, perdió sus escasos elementos de juegos infantiles.
Drogas, conflictos y suciedad
En 2015, tras integrarse al Paseo Marítimo al derribarse el histórico muro del chalet de Villa Pepita, se esperaba que la Plaza Elena Pezzi no solamente fuese un sitio de paso hacia la playa o para pasear al perro, sino una zona de uso y disfrute para los críos. Pero ni por esas. Bancos ocupados por indigentes conflictivos, venta de drogas, litronas y latas por el suelo, seguían manteniendo este lugar como un territorio hostil para la infancia.
Las losas ocultaron los viejos caminos de tierra, se plantó césped, palmeras y se instalaron nuevos bancos. Un lavado de cara estético que, sin embargo, no acabó con el lastre ya histórico que le hizo ganarse el nombre de 'parque oscuro'.
"Cuando se sientan ahí personas en estado de embriaguez da miedo pasar por delante, porque muchas veces muestran actitudes violentas e incluso se pelean entre ellos. Es vergonzoso que yo tenga que tirar a veces por otro lugar y no por la sombra porque hay en los bancos personas que están consumiendo e incluso vendiendo drogas y no quiero que mi nieto vea algo así. También me genera miedo", comentaba Mari Carmen Burgos, una residente y miembro de Costa Cívica, grupo vecinal que el pasado verano puso en marcha una campaña por redes sociales y a través de Change.org para solicitar al Ayuntamiento de Almería el arreglo de este espacio.
El poder de los columpios
Ni el cambio de nombre a Plaza Elena Pezzi, ni su apertura al mar, ni las reformas de la solería y los jardines lograron erradicar por completo la presencia de 'camellos' y una conflictividad que, como era de esperar, provocó el hartazgo de todo un vecindario. Sin embargo, la reciente actuación municipal ha dado el giro de 180 grados que el barrio exigía: instalar columpios para devolver a los niños a este parque que les fue arrebatado a los pocos años de ser construido en lo que era el antiguo jardín de entrada al histórico chalet de la familia Cano.
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La clave del éxito ha residido en la creación de un foco de vida social que desplaza de forma natural las conductas incívicas. Los nuevos columpios están siendo un punto de inflexión, el principio del fin del reverso tenebroso de este parque que ahora cuenta con una zona infantil de 214 metros cuadrados de suelo de caucho en diferentes colores, torres, toboganes y elementos para niños con movilidad reducida.

La zona de juegos ha dado color y vida al conocido como Parque de Villa Pepita o 'parque oscuro'.
Un nuevo espacio que se llena de vida
Esta obra, con una inversión significativa, abre el parque al mar, con una renovación del mobiliario y una mejora lumínica que han desterrado ese aura de zona vetada para los más pequeños. El 'parque oscuro', que comenzó siendo de tierra, chinorro y toboganes que al año ya estaban oxidados, empieza a morir bajo ese nombre, dejando paso a un espacio abierto y luminoso que, por fin, hace justicia a su ubicación frente al Mediterráneo.
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"Antes teníamos que desplazarnos a Las Almadrabillas para que nuestros niños pudieran disfrutar con tranquilidad en un parque con columpios. Ahora por fin podemos hacerlo debajo de casa", celebra Andrés Sánchez, residente de la calle Gerald Brenan que, aunque aún ve por las noches algunas actitudes incívicas en esta plaza, considera que ver por el día que los críos del barrio y sus familias están volviendo a disfrutar de este parque "es todo un triunfo" que mejorará la imagen de la zona.
La recuperación de la Plaza Elena Pezzi no es solo una obra de urbanismo; es una victoria vecinal. Allí donde antes había desconfianza bajo los ficus, hoy hay familias disfrutando de un área de juegos multicolor. Queda claro que la vida vuelve a este parque de barrio que mira al mar y ahora lo hace con gesto de niño, con el eco de infancias que pueden disfrutarlo.