La Voz de Almeria

Almería

Ana ‘la Combatienta’, un trozo de la historia del mercado de la Plaza de Pavía

El apodo le viene de su abuelo, que en la guerra combatió en el Alcázar

Ana María García es ‘la Combatienta’ que vende los pollos asados en la Plaza de Pavía.

Ana María García es ‘la Combatienta’ que vende los pollos asados en la Plaza de Pavía.

Eduardo de Vicente
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Cuando su abuelo, Francisco Rodríguez, empezó a vender fruta, el mercado del barrio de Reducto era un zoco al aire libre, una reunión improvisada de mercaderes de la subsistencia que llegaban con sus bartulos a cuestas, unos venían con la verdura que daban las huertas que entonces existían junto a la vieja rambla de La Chanca; otros subían desde el puerto pesquero con un canasto de pescado, lo justo para poder sobrevivir un día con las ganancias. En verano era el tiempo de los vendedores de higos y chumbos, que con las cestas de mimbre se plantaban en medio del mercado coreando a voces sus manjares.

Desde primera hora se montaban allí los puestos itinerantes, donde cada vendedor se colocaba en el primer hueco que encontraba, sin orden ni concierto. Había quien tendía una manta en el suelo y volcaba una caja de patatas o de boniatos como si fuera un escaparate y se sentaba en una caja de madera a esperar que llegaran las clientes. Alrededor de aquella venta legal que intentaban controlar los municipales con poco éxito, se fue creando un mercado negro del estraperlo, que se desarrollaba por los callejones de acceso a la plaza. En una misma manzana se mezclaba la venta ambulante autorizada con los artistas del ‘tapadillo’ que llevaban el azúcar, la harina y los embutidos escondidos debajo de las faldas y de los chalecos.

El mercadillo ambulante sobrevivió hasta finales de los años cincuenta. En 1960 el ayuntamiento sacó a la luz el proyecto para la construcción de un mercado estable en la Plaza de Pavía, que reuniera las condiciones de salubridad que exigían los nuevos tiempos. Cuando quitaron a los mercaderes para hacer las nuevas barracas, los vendedores tuvieron que refugiarse en el patio de los nuevos bloques de viviendas que unos años antes habían levantado en el barrio de La Chanca. Allí estuvieron durante varios años, hasta que en 1963 comenzaron a funcionar los dos primeros mercados modernos de barriada: el de la Plaza de Pavía y el que se instaló en la misma Plaza del Quemadero.

Ana María García pertenece a una de las familias más antiguas del mercado; ha continuado con la tradición familiar que inició su abuelo con la fruta y continuaron sus padres. Fue su madre, Josefina Rodríguez, la que viendo que la fruta y la verdura estaba muy trillada, y que sobraban mercaderes en la plaza, decidió modernizarse, adaptarse a las nuevas demandas de la gente y especializarse en la venta de pollos asados que dejaban más beneficios que la fruta y no era tan exigente con los horarios, al menos no tenía que madrugar. Además, no tenía competencia, ya que no había ningún establecimiento cercano que se dedicara al oficio, el más próximo estaba en la calle Trajano.

El cambio de especialidad fue un éxito como también lo ha sido el nombre de guerra del negocio: La Combatienta no es un nombre cualquiera, no solo porque por sí solo constituye un reclamo contundente sino porque representa la continuidad con la tradición familiar, el eterno recuerdo de la figura de su abuelo, que en su juventud vivió la guerra civil y la sufrió en sus carnes, siendo uno de los soldados que participaron en el asedio del Alcázar de Toledo. En su familia se contaba que mientras que el abuelo defendía los intereses del bando nacional, otro hermano, movilizado por el ejército contrario, peleaba por fuera intentando el asalto a la fortaleza.

De aquellas hazañas nació el apodo familiar del combatiente, que ahora lleva con orgullo una de las nietas de aquel soldado. Ana es hoy una referencia imprescindible en el mercado de la Plaza de Pavía. Después de un tiempo ausente por motivos de salud, ha vuelto a abrir su barraca, que es una de las más exitosas del barrio. Los pollos de la Combatienta son conocidos en toda Almería y son muchos los clientes que vienen de barrios lejanos en busca de la calidad del producto y también del precio. En estos tiempos en los que se ha puesto de moda no hacer de comer en las casas, en esta época en la que la fiebre de la comida a domicilio se ha convertido en una epidemia, el recurso de un pollo asado con patatas fritas por diez euros es una bendición para los que quieren solucionar el engorro del almuerzo sin mover una mano ni ensuciar la cocina.

Los pollos de la Combatienta se han convertido en la bandera del mercado de la Plaza de Pavía y en el aroma oficial. Los domingos, cuando cierran las barracas y el mercado parece un cementerio, la presencia de la barraca de Ana llena de vida la plaza y los alrededores. Es el día fuerte de la semana, cuando bajan las familias de la zona norte del Reducto y del otro lado del puente de la Avenida del Mar en busca del consuelo de una bandeja de pollo con patatas fritas de verdad. Ella cuida mucho la tradición y no ha caído todavía en la tentación de la moda de los que han apostado en sus menús por la farsa de las patatas congeladas.

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