Cascadas y un 'pasillo' natural: es uno de los rincones más sorprendentes del Poniente
Rincones escondidos, angostos pasos de roca o túneles de cañaverales acompañan parte del recorrido

Una de las cascadas de esta ruta en el Poniente Almeriense.
En el término municipal de Adra, muy cerca de la frontera con Granada, se encuentra uno de los senderos más singulares y sorprendentes del Poniente Almeriense: el PR-A 341, que conecta la pedanía de Guainos con la Ermita de la Sierra.
Esta ruta circular, de dificultad media-alta, discurre durante más de 14 kilómetros (17,7 km si se parte desde Guainos Bajos) a través de la rambla de Guainos, revelando rincones escondidos, angostos pasos de roca, túneles naturales de cañaverales y hasta pequeñas cascadas que acompañan al caminante durante buena parte del recorrido.
Aunque el sendero puede iniciarse en Guainos Bajos, lo más recomendable es comenzar en Guainos Altos, ahorrando unos tres kilómetros de ida y vuelta.
Desde este punto, el camino nos sumerge rápidamente en el corazón de la rambla, donde el agua ha excavado con el paso del tiempo estrechuras que forman pasillos naturales entre altas paredes verticales. En algunos tramos, el paso se vuelve más técnico, con cadenas y hierros clavados en la roca para facilitar la travesía sobre tramos húmedos o resbaladizos.
Superadas las primeras angosturas, el sendero asciende por bancales abandonados hasta alcanzar un antiguo molino de agua. Tras una breve subida y una nueva bajada al cauce, el entorno vuelve a estrecharse, regalando una segunda serie de cascadas, túneles vegetales y pasos rocosos de gran belleza. La más espectacular de las cascadas marca el final de esta zona húmeda y angosta, donde nuevas cadenas ayudan a salvar el desnivel.
La ruta continúa por la rambla hasta llegar a una pista asfaltada que cruza perpendicularmente. Desde allí, un último esfuerzo nos lleva hasta la ermita de la Sierra, donde se puede reponer agua y disfrutar de unas vistas privilegiadas del recorrido realizado.
El regreso se realiza por un sendero que sube entre almendros y serpentea por la cuerda de la montaña. Desde el collado más alto, se abre de repente una vista imponente: la costa de Adra y el inicio del mar de plásticos del Poniente.
El descenso final, con fuerte pendiente, nos devuelve a Guainos Altos tras más de seis horas de travesía. Una ruta tan exigente como gratificante, que mezcla aventura, historia y paisajes casi vírgenes en uno de los rincones más desconocidos de Almería.