El reto de mantener una librería independiente en Almería: "No es rentable, pero sobrevivo"
Las librerías de la capital se mueven entre pequeños márgenes de beneficios, pero con mucha pasión por su oficio

Vicente Gómez, dueño de El Faro de Recóndito, en el interior de su librería.
Espacios en los que los libros se convierten compañeros del alma, lugares de encuentro, sitios en los que conversar y compartir perspectivas sobre historias rocambolescas y problemáticas actuales... eso son las librerías independientes gracias al tesón de sus impulsores: mecas de la cultura que se mantienen no tanto por el margen de beneficios económicos que dejan tras de sí, sino por la pasión que ponen sus propietarios.
En Almería, quienes viven entre estanterías conocen bien esa realidad. Óscar Llorente, propietario de El Cementerio de los Libros Olvidados, resume sus dificultades con una frase directa: "No es rentable, pero sobrevivo". Y, aún así, continúa abriendo cada día.
La situación de librerías independientes como la suya pone rostro a uno de los grandes retos del comercio cultural: mantener un negocio económicamente viable sin renunciar a su papel como dinamizador de la cultura, del descubrimiento y de la promoción de la lectura.

Presentación de la novela 'Majareta' de Juan Manuel Gil en la Librería Picasso.
Vender mucho para ganar poco
Francisco Gómez, presidente del gremio de libreros y propietario de Bibabuk, explica que las librerías trabajan habitualmente con márgenes comerciales de entre el 30 y el 35%, una cifra que no debe confundirse con el beneficio final del establecimiento, del que todavía hay que descontar los gastos de funcionamiento. "Hay que facturar muchísimo para que salgan los números", advierte.
La dimensión de ese esfuerzo se entiende mejor al escuchar a quienes están detrás del mostrador. Vicente Gómez, librero de El Faro de Recóndito, explica que un pequeño incremento de los gastos puede obligar a multiplicar las ventas para compensarlo. "Para sacar 100 o 200 euros más de pago que tengas que hacer de alquilar, tienes que facturar cuatro o cinco veces más", afirma.

Librería Cementerio de Libros Olvidados
En su caso, no obstante, el alquiler no es actualmente su principal problema. El librero mantiene una buena relación con el propietario del local y disfruta de "una renta asequible". Frente a testimonios como los de Madrid, donde librerías históricas como Pérgamo se están viendo abocadas al cierre por la presión inmobiliaria, su narración apunta a una dificultad más amplia: la estrechez de unos márgenes que dejan poco espacio para absorber imprevistos.
En El Cementerio de Los Libros Olvidados, Óscar también lo nota: "Todo sube, el alquiler sube, el costo de la vida sube...", enumera. Lleva aproximadamente un año al frente del negocio, trabaja en solitario como autónomo y tiene claro que no abrió la librería para hacerse rico, sino para dedicarse a algo que le apasiona.
La competencia de internet
A diferencia de otras ciudades, donde el encarecimiento de los alquileres comerciales amenaza a los pequeños negocios locales, Francisco Gómez considera que en Almería el principal desafío par las librerías es competir con las grandes plataformas de venta por internet.

Estantería de libros en una librería.
"Amazon es un problema, no solamente para la librería, sino para el comercial en general", afirma. La rapidez de las entregas dificulta esa competencia: "Pedir algo una tarde y tenerlo al día siguiente... la verdad es que no se puede competir".
Frente a esa inmediatez, las librerías ofrecen asesoramiento y recomendaciones personalizadas. Vicente recuerda, además, que el precio de los libros está regulado ("cuesta lo mismo en internet, en La Casa del Libro y aquí, en El Faro de Recóndito") y anima a los lectores a realizar sus pedidos en los establecimientos de proximidad: "Conozco a vecinos que piden novelas por internet y luego, como no están en casa, me las traen a mí para que se las dé a ellos. Y yo me pregunto: si van a tener que venir de todas formas a mi comercio, ¿por qué no la compran directamente aquí?", denuncia.
Sin margen para contratar
Mantener una librería también implica largas jornadas de trabajo que van mucho más allá de atender al público. Recibir pedidos, colocar ejemplares, gestionar devoluciones y mantener el local forman parte de las tareas diarias. "El trabajo físico es brutal", resume el dueño de El Faro.
Para los negocios pequeños, contratar personal puede resultar difícil de asumir. Óscar Llorente trabaja solo en El Cementerio de los Libros Olvidados y explica que incorporar a otra persona reduciría todavía más sus ganancias. Esta limitación también le impide participar en la Feria del Libro sin dejar desatendido su establecimiento. "O abro la Feria del Libro o abro la librería".

Feria del Libro de Almería.
La falta de recursos condiciona así no solo el crecimiento de estos negocios, sino también su presencia en los eventos culturales de la ciudad; una ciudad que, según Vicente Gómez, "no tiene tantos lectores per cápita como otras ciudades andaluzas". Sin irse muy lejos, datos de años anteriores sitúan a Granada capital en torno a una estimación de 40 establecimientos, frente a unas 15 librerías en Almería.
Con poblaciones aproximadas de 230.000 y 200.000 habitantes respectivamente, esto equivaldría a unas 18 librerías por cada 100.000 habitantes en Granada y entre ocho y nueve en Almería. Cabe recordar que son cifras orientativas y dependen de los establecimientos incluidos en cada recuento.
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Si bien la cifra no implica necesariamente que en Almería se lea menos, sí invita a observar el tamaño de su tejido librero. Según los datos aportados por la Federación de Gremios de Editores de España sobre compra de libros no de texto, el 50,2% de la población andaluza había comprado este tipo de publicaciones, frente al 54,1% de la media española.
El gremio de libreros, por su parte, cuenta con 12 librerías asociadas en la provincia de Almería, según los datos facilitados por el presidente del gremio. La cifra incluye una nueva incorporación recientemente. En el conjunto de Andalucía, el gremio reúne a 150 librerías, mientras que en España suma 1.096.
La diferencia entre las cifras estimadas de establecimientos y las de librerías agremiadas responde a que no todos los negocios tienen por qué formar parte de la asociación.

La librería tradicional sigue siendo el principal canal de compra, aunque internet ocupa ya el segundo lugar, por delante de otras opciones como las cadenas de librerías. En este contexto, Francisco Gómez destaca la actividad de los establecimientos almerienses para fomentar la lectura y señala especialmente el interés de las familias por los libros infantiles, como alternativa al tiempo que los niños pasan frente a las pantallas.
El corazón cultural de las ciudades
En El Cementerio de los Libros Olvidados muchos ejemplares cuestan tres euros. La librería atrae a quienes buscan libros asequibles, títulos descatalogados o lecturas que no siempre encuentran en los catálogos de novedades. Óscar también utiliza las redes sociales para mostrar ejemplares y gestionar reservas.

Presentación celebrada en la librería El Faro de Recóndito.
Además, al igual que Vicente Gómez, de El Faro de Recóndito, intenta organizar actividades culturales cada mes, especialmente presentaciones de autores almerienses. Aunque estos encuentros no siempre aumentan las ventas, considera importante que las librerías sean también espacios de encuentro. "Faltan eventos", afirma.
Francisco Gómez comparte esa visión y advierte de lo que supondría la desaparición de estos establecimientos: "Almería perdería mucha vida". Entre los márgenes reducidos, la competencia digital y las dificultades para contratar personal, las librerías independientes intentan mantener un equilibrio complicado: sostener sus negocios sin renunciar a la labor cultural que desempeñan.
Porque, además de vender libros, recomiendan lecturas, dan espacio a autores locales y ayudan a que cada lector encuentre una historia propia. Y todo, en última instancia, depende de sus lectores.