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“Vértice era el único garito de Almería donde sabían quién era Silvio”

Antonio J. García, ‘Ché’, y Ramón García analizan a fondo el disco ‘Fantasía occidental’ en un libro que presentan este jueves en el CAF

El pianista Ramón García y el fotógrafo Antonio J. García, ‘Ché’, con su libro ‘Fantasía occidental. Silvio y Sacramento, rock bajo palio’ (Efe Eme).

El pianista Ramón García y el fotógrafo Antonio J. García, ‘Ché’, con su libro ‘Fantasía occidental. Silvio y Sacramento, rock bajo palio’ (Efe Eme).La Voz

Evaristo Martínez
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La inmensa mayoría de mortales asocia el nombre de Silvio al cantautor cubano apellidado Rodríguez. Pero solo unos pocos elegidos lo identifican rápidamente con el rockero sevillano de culto que, a finales de la década de los ochenta, dejó un álbum tan inclasificable como él.

Un trabajo grabado junto a su banda de entonces, Sacramento, que analizan a fondo dos almerienses: el fotógrafo Antonio J. García, ‘Ché’, y el pianista Ramón García. Lo hacen en el libro ‘Fantasía occidental. Silvio y Sacramento, rock bajo palio’ (Efe Eme), que este jueves 1 de octubre a las 19:00 horas presentan en el Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) en un diálogo con el músico Abelardo Navarro.

La obra, publicada en la colección Elepé del sello editorial, vuelve a unir a la dupla tras la gran acogida de su monumental ‘Todo es flamenco rock’, que vio la luz en Efe Eme en 2025. “Allí ya dedicamos varias páginas a la figura de Silvio, desde sus incursiones en bandas pioneras como Smash hasta su posterior e interesante carrera discográfica”. Sin embargo, matiza que sentían la necesidad de ir más lejos. “Nos pareció que un álbum como ‘Fantasía occidental’ merecía un trabajo de investigación más profundo, que ayudase a poner en valor una obra tan singular del rock de nuestro país”, explica Ramón García.

Un LP donde se mezclan géneros tan distintos como el rock and roll, el blues y la música italiana junto a temáticas como el fútbol, la Guardia Civil y las apariciones marianas. “Es algo que solo podría pasar en Sevilla”, reflexiona ‘Ché’ sobre esta amalgama de referencias.

Un autor “de culto” que genera una “fervorosa” devoción

En el libro, ya a la venta, los autores exploran ‘Fantasía occidental’ y, por extensión, la figura de Silvio Fernández Melgarejo, elevado al santoral laico tras su muerte en 2001 con solo 56 años. En palabras de Antonio J. García durante su conversación con LA VOZ, el artista “cumple todos los requisitos para ser denominado ‘artista de culto”; es decir, carente de fama masiva y de ventas millonarias. Pero a su vez genera una fervorosa devoción intensa entre sus seguidores, al margen de contar con la admiración y el respeto de compañeros de profesión como Luz Casal, Miguel Ríos o Bunbury”.

A eso hay que unir un carácter “bohemio y casi naíf” que le llevaba a veces a “boicotearse” a sí mismo. “No obstante, como dice Pive Amador [su batería y prologuista del libro], Silvio nunca ha cantado tan bien como ahora y cada vez tiene más seguidores, muchos de los cuales no sabían de su existencia cuando vivía”, apostilla.

Sea como sea, casi 40 años después de su lanzamiento, ‘Fantasía occidental’ mantiene su vigencia. “Suena de maravilla. Su producción no encajaba en plena década de los ochenta. No abusa de los efectos, no hay baterías electrónicas ni sintetizadores. Solo un piano (y en una canción), unas guitarras maravillosas, una sección rítmica contundente y la varonil voz de un Silvio pletórico. La mayoría de trabajos de esos años ahora suenan fatal, pero aquí parece no haber pasado el tiempo”, subraya Ramón García.

Así, en los ocho cortes de ‘Fantasía occidental’, se funden rock, canción melódica, imaginería cofrade y pop italiano, aunque el conjunto nunca cae en lo paródico. Algo que Silvio esquiva por su “propia idiosincrasia” y su carencia de prejuicios “a la hora de mezclar estilos, ritmos y hasta lenguas”. A ello hay que sumar unos músicos “en estado de gracia”, con Pive Amador “como gran aglutinante”. “Si ya de por sí resulta complicado definir a Silvio, más lo es, si cabe, musicalmente. Pertenece a ese tipo de talentos inclasificables, como Willy DeVille, que constituyen un género por sí mismos. Silvio es sevillano y, como la propia ciudad, aúna modernidad y tradición”, expone Antonio J. García.

Algo que se ve en el uso de marchas de Semana Santa como base de algunas canciones. Hoy lo hacen C. Tangana o Califato 3/4, pero hace 40 años era algo muy marciano. Los García detallan que no han encontrado referencias anteriores a esa “curiosa fusión” de rock y música cofrade: “Silvio y Sacramento fueron pioneros y, sin duda, fue su gran aportación al rock nacional. Quizá otra de las grandes habilidades de Silvio fue la de inspirarse en grandes temas del rock and roll y llevarlos a su terreno de tal forma que se transformaban en obras propias”.

Publicado en 1988, ‘Fantasía occidental’ coló cinco de sus temas en las listas de la recién nacida Canal Sur Radio, lo que contribuyó a afianzar el éxito del álbum. “Pive Amador ya era alguien muy bien relacionado con los medios sevillanos e hizo una gran labor de difusión del primer sencillo del disco, que incluía los dos temas más ‘semanasanteros’. Aquello se expandió como la pólvora en una ciudad muy proclive tanto al rock como a sus tradiciones”, cuenta Ramón García.

Silvio y Almería

El hecho de que sean dos almerienses los que desgranan con sus señas de identidad (erudición, análisis y un lúcido sentido del humor) los entresijos de la obra cumbre del rockero sevillano puede despertar algo más que curiosidad. “No hace falta ser oriundo de Liverpool para escribir sobre The Beatles, ni ser sevillano para hablar de Silvio o del flamenco rock”, se defienden los autores del libro.

Sí es cierto que por estos lares Silvio no goza de una excesiva popularidad. Aunque siempre hay excepciones, como la aldea gala de Astérix. Por ejemplo, el Vértice. “Probablemente el único garito de Almería donde se supiera quién era Silvio”, dice ‘Ché’ sobre el pub de la calle Eduardo Pérez. “La verdad es que tampoco creo que haya muchos más en la actualidad”, sentencia con ironía. 

Él, que vivió aquellos años de la movida en Almería, sabe que “en un sitio canalla donde los hubiera, como era el Vértice”, no podía faltar la música de Fernández Melgarejo. “Si a esto añades que tanto Manolo Manzano, integrante de la cofradía de patillas de hacha y botines de ‘chúpamelapunta’, como uno de los pinchas, Guillermo Chavarría, sevillano, eran devotos confesos de Silvio, el jaleo estaba más que asegurado”.

El disco esconde otra conexión con nuestra tierra, aún inexistente por aquel tiempo: la hoy mítica imagen de portada es obra de Pablo Juliá, director del CAF entre 2006 y 2016. “Antes de la era digital, la portada de un disco era la primera impresión visual y la tarjeta de presentación que conectaba la música del artista con el público, definiendo el tono emocional y la atmósfera antes de la primera escucha la primera nota. Los discos se vendían por las portadas y muchas han trascendido para convertirse en iconos de la cultura pop, como el prisma de Pink Floyd o el plátano de Andy Warhol”, señala Antonio J. García, ‘Ché’.

Esta en cuestión parte de una “supuesta anomalía”, con el músico sevillano de espaldas, fuera de foco y a contraluz. “Contiene todos los ingredientes de lo que podríamos considerar una foto fallida y, sin embargo, el conjunto representa perfectamente la esencia de Silvio: al estar de espaldas en el centro de la imagen sobre un escenario ante un público de miles de personas que lo miran directamente, le confiere un carácter casi de homilía: el predicador Silvio ante sus fieles seguidores. Es perfecta”, concluye.

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