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Kalima du Samba, la familia que hace del ritmo un refugio para todos

La batucada almeriense cuenta con una escuela con dos niveles: principiante y avanzado

Kalima du Samba, la batucada de Almería.

Kalima du Samba, la batucada de Almería.Elena Ortuño

Elena Ortuño
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En una nave de Viator escondida en un polígono industrial a las afueras de Almería, decenas de surdos, caixas, agogos, tamborines, chocalhos y timbaus reposan colgados en las paredes o en improvisadas estanterías esperando a ser retirados y devueltos a la vida por un/una almeriense con alma afro-brasileña (como los propios nombres de los instrumentos de percusión).

En aquellos que tienen suficiente superficie para alojarla, una leyenda reza 'Kalima du Samba', un nombre que también se puede leer en letras gigantes elaboradas con elementos reciclados -botellas, latas, cajas de cartón...- al fondo de la habitación, sobre un gran letrero-. 

Su traducción quiere decir "palabra de samba" y en el contexto de la música y la cultura brasileña, se refiere a la expresión, la energía, el sentimiento y la esencia del samba. En este sentido, aquí, en Almería, estas letras hacen referencia a la batucada con más presencia de la capital.

El letrero casero de 'Kalima du Samba', al fondo de la nave.

El letrero casero de 'Kalima du Samba', al fondo de la nave.Elena Ortuño

Un lugar donde cultivar el arte y las amistades

Kalima du Samba es una asociación cultural con casi 10 años de historia nacida en torno a la batucada afro-brasileña. Se trata de un lugar en el que logran encontrar el latido de los tambores gracias a sus múltiples ramas, entre las que se encuentran el grupo base de batucada, el Bloco Suca Almeria (un grupo en el que se integran personas con diversidad funcional) y los talleres y clases de la escuela.

Su música, compuesta e interpretada con un gran sentir del ritmo, está profundamente influenciada por los orígenes brasileños de las batucadas, así como por su conexión con la cultura afro esclavizada. Lo suyo son las cadencias que nacen en los márgenes, como forma de expresión, resistencia y religiosidad popular. 

"El tambor surge con esa idea de reivindicar. Y nosotros lo hemos adaptado a nuestra forma andaluza, a nuestro folclore", explica Virgi García, director de Calima y uno de los fundadores de la asociación. Ese deseo de expresión es el que en numerosas ocasiones los ha empujado a tomar la calle. Desde fiestas populares y eventos privados hasta manifestaciones y reivindicaciones, Kalima du Samba ha entendido siempre la vía pública como su espacio natural: "La batucada es calle, es dinamismo, es animación, pero también es reivindicación", asegura el líder.

Instrumentos colocados con cuidado en una de las estanterías del local.

Instrumentos colocados con cuidado en una de las estanterías del local.Elena Ortuño

Una batucada donde todo el mundo aporta

En Kalima, el ritmo trasciende las barreras. Se trata de una familia muy diversa, en la que ninguno es igual al anterior. Personas de todas las edades, sexos, ideologías e incluso capacidades encuentran allí un lugar donde ser y estar. Tanto es así que existe una ramificación llamada el Bloco SuCa (Sumando Capacidades), compuesto por personas con diversidad funcional, que encuentran en el tambor un lenguaje común. 

"El latido es algo universal. No hace falta hablar para tocar un ritmo", explica Isabel, directora de la batucada inclusiva y batuquera en Kalima. "Lo bueno de la batucada es que no eres un solista, formas parte de un todo. Esto es muy positivo para las personas con diversidad funcional, ya que más del 90% coinciden en que uno de los grandes problemas que afrontan es la falta de amistades. Aquí encuentran comunidad, vida social y un motivo por el que llenar su agenda", detalla.

El Bloco Suca, batucada inclusiva, en Almería.

El Bloco Suca, batucada inclusiva, en Almería.La Voz

Esa comunidad de la que hablan tanto Virgi como Isabel funciona como una gran familia en la que reina el respeto, la diversidad y "una energía brutal". Eso sí, también la exigencia protagoniza el espacio. Si bien no hay condescendencia (se ensaya, se exige y se mejora), si algo no suena bien, se dice: "Aquí no hay discriminación positiva. Tienen que estudiar y ensayar", destaca la batuquera.

Es más, al contrario de lo que el común suele pensar, el tempo no siempre lo lleva quien se espera: "Tenemos un chaval autista que marca mejor el ritmo que ningún otro y cuando él falta a un ensayo, se nota". La directora también alude al apoyo emocional que estas personas brindan en el día a día: "Aquí todos necesitamos ayuda alguna vez. Yo, por ejemplo, le pido a una chica llamada Paqui que me de un abrazo antes de salir a escena", revela.

Kalima du Samba también es cuerpo. Un cuerpo que aprende y se expresa a través del ritmo, no necesariamente con teoría musical ni con partituras, sino con memoria sensorial, imitación y movimiento. "No les hablo de anacrusas ni de semicorcheas. Les enseño cantando, caminando, con el cuerpo", explica Isabel. En los ensayos, las manos se disocian, los pies marcan el paso y la mente se vacía para que sea el cuerpo quien recuerde. La enseñanza es completamente adaptada, y eso permite que cualquier persona -con independencia de su condición- pueda formar parte del grupo, encontrar su instrumento y, con él, su voz.

Una necesidad clara de apoyo institucional

Pese a su trayectoria y a su labor cultural y social, Kalima du Samba se enfrenta a una gran asignatura pendiente: la falta de apoyo institucional. "El Ayuntamiento de Almería nunca nos ha llamado. Nos llaman muy poco, aunque saben que existimos", lamenta Virgi. La batucada, que ha llenado de ritmo y vida las calles de Almería, rara vez es tenida en cuenta en los circuitos oficiales o en las programaciones culturales del municipio. Aun así, siguen adelante, con tambores reciclados, corazones entregados y una palabra (Kalima) que en su eco trae la promesa de que otro ritmo es posible.

La próxima gran cita de Kalima du Samba

La próxima cita de Kalima du Samba será en septiembre con la cuarta edición del Samba Desert, un encuentro nacional e internacional de batucadas que ya se ha convertido en referente dentro del panorama percusivo. Durante tres días el pequeño pueblo de Huécija, en plena Alpujarra almeriense, se transformará en un hervidero de ritmo, color y energía. Allí se darán cita grupos de toda España e incluso del extranjero para compartir talleres, exhibiciones, conciertos y experiencias, en un evento que ofrece alojamiento, comida y, sobre todo, comunidad.
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