Fernando González Molina, un ‘guardián invisible’ en los Monumental

Domingo 12 de marzo, cinco y diez de la tarde. La proyección de El guardián invisible, adaptación del superventas homónimo de Dolores Redondo, está a punto de comenzar en los cines Monumental de Almería. De repente, una voz sorprende a los espectadores que han acudido a ver uno de los largometrajes españoles del momento: “¡Aquí está su director!”. Y desde las butacas, algo abrumado por la situación, Fernando González Molina (Pamplona, 1975) saluda al respetable. “Mi pareja es de Almería así que vinimos con parte de mi familia política a ver la película. La gente se enteró y se armó cierto revuelo”, recuerda divertido a LA VOZ al otro lado del teléfono aún desde la tierra del indalo, donde ha desconectado unos días tras el estreno y la intensa promoción del filme, protagonizado por Marta Etura. “De hecho, parece que os he traído algo del Baztán”, bromea haciendo referencia al clima gris que envuelve la historia criminal, ambientada en Navarra.
No es la primera vez que González Molina se ‘infiltra’ en una sala comercial para observar el comportamiento de la audiencia. Algo comprensible en un cineasta que ha conquistado la taquilla en repetidas ocasiones gracias a Fuga de cerebros, Tres metros sobre el cielo y su secuela, Tengo ganas de ti, y Palmeras en la nieve (producciones que suman casi siete millones y medio de espectadores y superan los 46 millones de euros de recaudación). Eso sí, suele pasar desapercibido, no como esta vez. “Era el primer pase de la tarde y la verdad es que en la sala había bastante gente. Las reacciones fueron muy buenas y al final aplaudieron”.
Después, como desvela a este periódico una de las espectadoras, el director agradeció a todos los asistentes su presencia y después se fotografió con quien se lo pidió.
Al margen de la sorpresa, quizás tan inesperada para el director como para el público, esta visita ha permitido a Fernando González Molina descubrir una tierra de cuyas excelencias ya le había hablado Toni Novella, director de producción de El guardián invisible así como en Exodus: Dioses y reyes. “Era la primera vez que venía y he podido visitar la Alcazaba y lugares espectaculares como Las Negras y Cabo de Gata. Me siento vinculado emocionalmente a Almería gracias a mi familia política”, asegura.
Tras las pequeñas vacaciones, vuelta a Madrid con una sonrisa que borra el mal trago del estreno, cuando los inquisidores de Twitter volvieron a encender la hoguera. “Son cosas que nada tienen que ver con la película ni conmigo. Yo cuento historias y estoy contento de que la gente vaya a verlas”.
Y en Almería ha podido constatar, como un guardián invisible, que así está ocurriendo.