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Almería brilla con luz propia en ARCO

La feria de Arte Contemporáneo cumplió su XXXIX edición bajo la sombra del coronavirus

Abraham Lacalle posa ante su óleo ‘Dos Hoces’, expuesto en la Galería Marlborough.

Abraham Lacalle posa ante su óleo ‘Dos Hoces’, expuesto en la Galería Marlborough.La Voz

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Nuestras emociones se generan en una parte de nuestro cerebro donde reside el instinto, anterior a nuestro córtex cerebral, pero que rige muchas veces nuestra conducta. El arte busca esa parte más pura, sin filtros racionales, que generen un diálogo con noso­tros que  provoquen una cascada de emociones y nos conmuevan. En palabras de Kandinsky, que nuestra alma gobierne nuestros ojos y mire con toda su pureza. La feria de ARCO intenta dispararnos al centro de nuestras emociones y que lo consiga o no ya depende de cada visitante.


Virus artísticos


Este año la sombra del ya tristemente famoso coronavirus se palpaba en la sede de IFEMA donde más de uno iba mascarilla en ristre, deambulando por las más de doscientas galerías invitadas y que, a veces, a uno le parecía que lo que no querían era contagiarse de algunas obras expuestas. Así, unas esferas realizadas con huesos simulaban sin quererlo ese virus del lejano oriente y que, como algunas obras de esta edición de ARCO, dejaban al visitante atribulado. La galería lombarda de los Minini, una de las paradas de la visita Real, casi ha sido más famosa por los estragos del virus en su región que por sus magníficas propuesta de obras como la de Sheila Hicks. Pero quizás, el mayor virus es la todavía minoritaria presencia del arte hecho por mujeres, con solo un 6%  las  obras nacionales expuestas. Una barrera que hay sin duda que superar.


El dilema de ARCO es ver cuál es su impacto y uno a veces tiene la sensación de que en las obras contemporáneas parece ir unido a eso de la más grande, ande o no ande.


Las más de cuatro toneladas de una escultura de Chillida en granito rosa llamó la atención, así como los cinco millones de su precio. Casi a euro el gramo.


Almería


Una de las galerías más prestigiosas y carismáticas de ARCO, la Marlborough, destinaba un lugar destacado de su espacio a un pintor almeriense, Abraham Lacalle, al lado de vacas sagradas como Antonio López o Juan Genovés. Abraham nos contaba a LA VOZ que él ha visitado ARCO desde su inauguración, en 1982, primero como estudiante de Bellas Artes y luego ya como artista para exponer sus obras, algo que realiza desde 1988. Unas obras que en ARCO encandilan por esa luz que, en palabras de su autor, le ha legado a  su inconsciente su tierra, Almería. Una acuarela y dos óleos son sus llamativos reclamos en cuadros que hipnotizan por su color tan crudo y directo.


Para Lacalle, “ARCO es un punto de encuentro con amigos y colegas, donde casi no se sale de la propia galería y que, a veces, llega aser un poco pesados unos días donde hay que recibir a mucho  público”. “No hay que olvidarse que esto es una feria y que aquí se viene a hacer negocio”, comentaba Lacalle a la hora de hacer una valoración de ARCO.

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