La Voz de Almeria

Tal como éramos

Los adorados carteles de las películas

Viendo la cartelera ya sabíamos si la película era buena o era un ‘callo’

El operador de cabina de cine  Juan Lozano en sus años de juventud, allá por los sesenta. Detrás, uno de los carteles que anunciaban las películas de los cines.

El operador de cabina de cine Juan Lozano en sus años de juventud, allá por los sesenta. Detrás, uno de los carteles que anunciaban las películas de los cines.

Eduardo de Vicente
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Los sábados por la mañana, como no había colegio, lo primero que hacíamos los niños de mi barrio cuando nos juntábamos en la calle era organizar carreras hasta los cines Moderno y Roma, que estaban dentro de nuestros límites geográficos, para mirar las carteleras y enterarnos de las películas que echaban.

Un niño de ahora se aburriría delante de una de aquellas carteleras que a veces mostraba los cuadros en blanco y negro, pero a nosotros, que vivíamos de la imaginación más que de la realidad, aquellos anuncios que colocaban en las puertas y en las fachadas de los cines eran la ilusión de los fines de semana. Viendo la cartelera ya sabíamos si la película era buena o era un callo. Si se veían abrazos renunciábamos a verla porque a los niños no nos gustaban las películas de amores.

Íbamos en busca de acción, de héroes y de villanos, de pistoleros buenos que desenfundaban más rápido que los malos, de muchachillos que después de ‘liarse a cates’ en la cantina se llevaban de calle a la bella del pueblo. La verdad es que no nos gustaban demasiado los dramas ni las historias de romances. Preferíamos las películas de pistoleros, que eran el alimento diario de las terrazas veraniegas, y las de los piratas de mala vida que nos llevaban con ellos a navegar por los mares del Caribe en busca de grandes tesoros a los que acababan renunciando cuando el amor se cruzaba en sus vidas.

Las carteleras que colgaban en las fachadas de los cines eran distintas según la sala. Las de las terrazas de verano eran humildes pizarras rodeadas de fotogramas, mientras que las de los grandes cines: El Cervantes, el Reyes Católicos, el Imperial, el Liszt, el Roma o el Moderno, aparecían enmarcadas y en grandes dimensiones. Hubo un tiempo, a comienzos de los años setenta, en que el cine Roma utilizó una parte de su fachada para anunciar la película de la semana con un mural espectacular pintado a mano por el artista almeriense Robles Cabrera. Aquellos cuadros gigantes eran auténticas obras de arte que si se hubieran conservado hoy merecerían formar parte del museo del cine.

La cartelera de las películas de la semana aparecía también en los bares principales de la ciudad, impresa en hojas del tamaño del papel de periódico que se colgaban en un sitio preferente de los establecimientos para que la clientela pudiera informarse. Hubo un tiempo en el que el célebre Pepe ‘el Habichuela’ hacía de hombre anuncio y recorría el Paseo con el cartel de la película de estreno cubriéndole el cuerpo. Allí iba el bueno del ‘Habichuela’, Paseo arriba, Paseo abajo, con la cartelera encima seguido a unos pasos del perro Oska, que era la mascota de los cines del empresario Juan Asensio.

Conocimos la plenitud de las carteleras que se colocaban por toda la ciudad y conocimos también los pintorescos programas de mano, aquellos pasquines que eran carteles en miniatura, que se repartían en la taquilla de los cines al comprar la entrada, y que solíamos conservarlos después como reliquias entre las hojas de un libro. Todavía existen aficionados al cine que coleccionaron los programas de mano de todas las películas que vieron en su infancia.

El cine estaba presente en nuestra vida cotidiana con la misma fuerza que el fútbol de los domingos por la tarde. En invierno, cuando salíamos de la sala, ya de noche y con el tiempo justo para no llegar tarde a nuestras casas, nos encontrábamos de pronto, cara a cara, con esa sensación de desaliento y angustia que tenían casi todos los domingos de nuestra infancia. Ese abatimiento que anunciaba la cercanía del fatídico lunes se multiplicaba por dos si la película nos había decepcionado, si la niña que nos gustaba se había sentado al lado de otro y si el Almería había vuelto a perder fuera de casa.

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