El arte es oficio y honradez
Ponce, Juli y Perera dieron sentido al traje de luces

Enrique Ponce demostró una vez por qué se le considra un maestro no sólo por su oficio y su entrega.
Hay quienes diferencia entre arte y oficio, pero pude que se este un debate estéril. El oficio se convierte en arte cuando alcanza su cima y el arte se diluye en la nada cuando flaquea el oficio. Así en los toros, como en cualquier ámbito de la vida. Una cosa es ser torero y otro fingirlo en una pose. Vestir el traje de luces no es un mero trámite. Significa oficio y honradez.
Ponce
Su primero salió huidizo, como con pocas ganas de pelea. Ponce le tuvo que andar más de medio albero para administrarle los capotazos de recibo y luego el animal rehusó la pelea en varas a contraquerencia. Pero el oficio Ponce permitió que el animal se entregara en los medios y la faena se fue construyendo poco a poco, como si fuese lo más natural del mundo ligar naturales con este toro, que acabó viendo sólo la franela del maestro de Chiva. Cambios de mano de regusto clásico y precisión. El cuarto salió tozudo y poco colaborador, pero los doblones de Ponce en los medios lo devolvieron al buen camino. “Aquí mando yo”, dijo el torero y el animal se plegó a su batuta con forma de muleta. El animal sacó un fondo extraordinario y le llovieron las tandas. Y luego, la plaza se vino abajo con Ponce y sus poncinas, esos redondos genuflexos que llevan su nombre.
El Juli
Con cuentagotas le sacó El Juli a su primero los muletazos. El toro, remiso en la entrega, complicado. El torero,comprometido con su oficio, convencido de que el caché se asegura con la muñeca firme y las zapatillas en su sitio. Las emociones no siempre viven donde los duendes, sino en el catón. Faena corta que valió por toda la corrida del sábado.
En el segundo El Juli fijó las zapatillas en el albero y llevó al quinto muy toreado, con una limpieza y un tino magistrales, siempre en el sitio en el que los muletazos tienen valor.
Perera
Perera se empeñó y logró sacar partido al tercero de la tarde por chicuelinas y cordobinas. El toro, prometía, pero no rompía y Perera se propuso ponerlo de su parte desde el primer muletazo. Qué fácil parecía...Perera es dueño de su muleta y con ella ligó y escribió por derecho las razones de su torería. Por la izquierda, dominó contra la resistencia de su enemigo hasta que llegó un cambio de manos que supo a toreo caro, al de verdad. La faena de la feria.
El broche de oro no acabó de ser el que merecía la tarde ya metida en noche de verano, Perera abrió su discurso apoyado en el olivo como un torero de época, pero no llegó la cosa a mayores, por mucho que el extremeño se empleará a fondo en los medios.