Zubieta avisó al Almería y el Oviedo lo confirmó
García Pimienta detectó desde el primer minuto ante el filial de la Real Sociedad una preocupante pérdida de control que volvió a aparecer una semana después frente al Real Oviedo

García Pimienta no tuvo un partido plácido ante el filial de la Real.
La primera imagen del banquillo rojiblanco en Zubieta ya decía mucho más de lo que reflejaba el marcador. Mientras el Almería acababa llevándose un partido loco por 2-4 ante el Sanse, García Pimienta no parecía un entrenador satisfecho. Gesticulaba, corregía y mostraba una inquietud impropia de quien veía a su equipo marcar cuatro goles a domicilio. Había algo que no le gustaba y no esperó al final para detectarlo. Lo vio desde el primer minuto.
Aquella tarde en la ciudad deportiva de la Real Sociedad dejó tres puntos en el casillero y una preocupación en la cabeza del entrenador. El filial donostiarra había encontrado demasiadas facilidades, generado numerosas ocasiones y obligado al Almería a sobrevivir en demasiadas fases del encuentro. Qué Andrés salvara los puntos no era de su agrado. Pimienta valoró la victoria, como no podía ser de otra manera, pero su análisis apuntaba mucho más allá del resultado. Había ganado el marcador, pero no había controlado el partido. Y para un técnico que entiende el fútbol desde el dominio, aquello era una señal de alarma.

Ion Ansotegi y sus canteranos dieron mucho tormento al líder de Segunda.
Las sensaciones por encima del resultado
Pocos entrenadores abandonan un estadio contrariados después de marcar cuatro goles fuera de casa. García Pimienta fue uno de ellos. En la sala de prensa dejó claro que no estaba satisfecho con lo que había visto. El Sanse había llegado con demasiada facilidad a las inmediaciones del área rojiblanca y había conseguido dos goles que evidenciaban una fragilidad impropia de un aspirante al ascenso.
El técnico puso el foco en algo que muchas veces pasa desapercibido cuando se gana: las sensaciones. Porque el Almería sumó tres puntos, pero durante demasiados minutos sufrió un partido que debía haber gobernado con mayor autoridad. La victoria tapó el problema, pero no lo hizo desaparecer.

El Almería tuvo mucha tarea en defensa y su portero fue el mejor.
El Oviedo confirmó la sospecha
Una semana después llegó el Real Oviedo al Mediterráneo y dio la razón al entrenador rojiblanco. El Almería parecía tener el encuentro bajo control, pero el partido cambió de rumbo de forma repentina. Lo que apuntaba a una nueva victoria acabó convirtiéndose en un empate inesperado.
En apenas dos minutos el conjunto asturiano igualó el marcador y dejó al descubierto una desconexión colectiva que recordó demasiado a varios momentos vividos en Zubieta. Ya no era una simple advertencia. Lo que Pimienta había detectado ante el filial de la Real Sociedad aparecía de nuevo en escena y además con consecuencias directas en la clasificación.

Los jugadores del Sanse hicieron un gran partido ante el Almería.
La obsesión de Pimienta: mandar siempre
Si algo caracteriza al técnico catalán es su búsqueda constante del control. No se conforma con ganar partidos. Quiere gobernarlos. Quiere que su equipo marque el ritmo, gestione los tiempos y reduzca al mínimo la capacidad de reacción del rival. Por eso las alarmas saltaron mucho antes de que el Oviedo levantara un resultado que parecía perdido. Saltaron en Zubieta, en una victoria que escondía mensajes que muy pocos detectaron. Pimienta sí los vio. Los señaló públicamente y lanzó un aviso a sus futbolistas.
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Carlos Miralles
El problema es que aquella advertencia no encontró una respuesta inmediata. Y cuando eso sucede en una categoría tan exigente como Segunda División, el fútbol suele pasar factura. El Oviedo la cobró en apenas dos minutos y confirmó que el mensaje que dejó Zubieta tenía mucho más recorrido del que parecía.