La Voz de Almeria

UD Almería

El Oviedo hunde a Dzodic

El internacional serbio pasó de dirigir la salida de balón a vivir encerrado junto a los centrales y el Almería perdió el control

La segunda parte la vivía Dzodic pegado al meta Andrés.

La segunda parte la vivía Dzodic pegado al meta Andrés.Juan Sanchez Fotografia

Tony Fernández
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Stefan Dzodic llevaba semanas acumulando elogios. Su capacidad para aparecer donde más lo necesita el equipo, ayudar a la defensa y ofrecer una salida limpia de balón le había convertido en una de las piezas más reconocibles del nuevo Almería. Ante el Real Oviedo, sin embargo, dejó dos fotografías muy diferentes. Una antes del descanso y otra después. La primera era la del centrocampista que marca el ritmo. La segunda, la de un jugador hundido en su propia área tratando de resistir la presión rival.

El encuentro acabó siendo una lección acelerada para un jugador llamado a liderar muchas tardes en el Mediterráneo. Mientras el Almería fue capaz de sacar el balón con criterio, Dzodic apareció, ordenó y ofreció soluciones. Cuando el Oviedo elevó la presión y empujó a los rojiblancos hacia su portería, el serbio desapareció de las zonas de influencia y pasó a actuar casi como un defensa más. Con él lejos de la creación, el equipo perdió una de sus principales vías de escape y terminó sobreviviendo demasiado cerca de Andrés.

No firmó su mejor partido como rojiblanco el balcánico.

No firmó su mejor partido como rojiblanco el balcánico.Juan Sanchez Fotografia

Dos partidos en noventa minutos

La primera mitad mostró al Dzodic que conoce la afición. Participativo, ofreciéndose continuamente y ayudando a construir el juego desde atrás. Incluso abusando por momentos de bajar a recibir entre centrales, el serbio encontraba la forma de entrar en contacto con el balón y de dar sentido a la circulación rojiblanca.

Su partido parecía discurrir por los cauces habituales. Era uno de los jugadores que mejor interpretaba lo que necesitaba el encuentro y mantenía al equipo conectado entre líneas. Nada hacía presagiar el vuelco que estaba por llegar tras el descanso.

Muy pegado a Jorge Pulido ayudando a contener al Oviedo.

Muy pegado a Jorge Pulido ayudando a contener al Oviedo.Juan Sanchez Fotografia

El Oviedo le empujó hacia su área

La segunda mitad tuvo otro guion. El cuadro asturiano adelantó metros, aumentó la intensidad de la presión y fue encerrando progresivamente al Almería. En ese escenario, Dzodic comenzó a retrasar su posición hasta quedar prácticamente incrustado junto a los centrales.

Solo el propio futbolista sabe si fue una decisión táctica, una necesidad del partido o una consecuencia natural del empuje rival. Lo cierto es que dejó de aparecer donde podía hacer daño. En lugar de recibir de cara y lanzar al equipo, se vio obligado a despejar, corregir y defender. El Oviedo había conseguido apartarlo de su hábitat natural. Con el serbio tan retrasado, el Almería perdió claridad en la salida de balón y concedió al rival el dominio territorial que tanto estaba buscando.

Dzodic no tuvo la culpa del empate pero pudo aportar más al equipo.

Dzodic no tuvo la culpa del empate pero pudo aportar más al equipo.Juan Sanchez Fotografia

Una lección para seguir creciendo

Nadie discute la calidad de Dzodic. Tampoco su enorme margen de crecimiento. Pero partidos como el del sábado dejan enseñanzas valiosas para un futbolista que vive un crecimiento acelerado dentro del equipo. El centro del campo tampoco estaba sobrado de recursos. Lelo tuvo que multiplicarse para ayudar en esa parcela mientras el equipo espera la mejor versión de Gui Guedes. En un contexto así, la presencia de Dzodic en la construcción resultaba todavía más necesaria.

El empate dejó un sabor amargo porque el Almería acabó defendiendo durante demasiados minutos. Y en esa fotografía final apareció un protagonista inesperado. El jugador que normalmente impulsa al equipo desde la medular terminó atrapado cerca de su propia portería. El Oviedo logró hundir a Dzodic y, con él, buena parte de la capacidad rojiblanca para escapar de la presión. Una lección de las que duelen, pero también de las que ayudan a crecer.

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