Pasó con Salva Sevilla: ser almeriense y jugar en el Almería es misión imposible
La provincia sigue produciendo jugadores y este verano sonaron Rubén Duarte y Gnangoro, de Pumas y Real Betis y pasaron de largo

Joâo Gonçalves es el cerebro que firma y Salva Sevilla la llave del vestuario.
LA OPINIÓN DEL DÍA: No es una cuestión de dinero. Tampoco de categoría. Ni siquiera de proyecto deportivo. Lo de los futbolistas almerienses y el Almería se ha convertido con el paso de los años en una extraña anomalía que nadie termina de explicar. Da igual que triunfen lejos, que acumulen experiencia en la élite o que manifiesten su cariño por la tierra. Cuando llega la hora de la verdad, vestir la rojiblanca parece una misión imposible.
Ha sucedido con varias generaciones de jugadores nacidos en la provincia y el caso de Salva Sevilla representa a la perfección una situación que se repite demasiado. Cuando quedaba libre o cambiaba de destino, su nombre aparecía siempre ligado al Almería. Sonaba en tertulias, en conversaciones de café y en cada mercado de fichajes. Parecía cuestión de tiempo que el centrocampista volviera a casa. Pero nunca ocurrió. Ahora, una vez retirado, trabaja dentro de la estructura del club. Más vale tarde, aunque la sensación de oportunidad perdida sigue instalada en la memoria del aficionado.
El problema es que el tiempo pasa y la historia vuelve a escribirse casi con las mismas palabras. Este verano se habló de Rubén Duarte y también de Gnangoro. Dos perfiles distintos, dos trayectorias diferentes y una misma conclusión: ninguno vestirá la camiseta del Almería. Al menos por ahora. La tierra sigue produciendo futbolistas, pero el primer equipo continúa mirando muy lejos para encontrar lo que a veces tiene mucho más cerca.

Salva Sevilla acabó en el Almería pero una vez había colgado las botas.
Salva Sevilla lo puede contar
El virgitano fue durante años el mejor ejemplo de esa puerta entreabierta que nunca terminó de abrirse. Cada vez que quedaba libre, cada vez que cambiaba de equipo o alcanzaba el final de un ciclo, su nombre aparecía vinculado al Almería. Era un deseo compartido por muchos aficionados que soñaban con ver a uno de los futbolistas más brillantes nacidos en la provincia defendiendo la rojiblanca. Nunca se alinearon los planetas. Pasaron directores deportivos, entrenadores y proyectos deportivos, pero el regreso jamás se concretó.

Gnangoro ha sido el último almeriense que ha pasado de largo.
Palabras que vuelan
Con la llegada de Turki Al-Sheikh se habló en más de una ocasión de reforzar el sentimiento de pertenencia y recuperar el vínculo con el fútbol almeriense. Sonó bien. Era un discurso atractivo para una afición que siempre ha presumido de cantera y de identidad provincial. Pero el mercado suele ser menos romántico que los micrófonos. Aquellas declaraciones quedaron en poco más que una intención. Los años han pasado y la presencia de jugadores nacidos en Almería dentro de la primera plantilla se ha ido apagando hasta casi desaparecer del mapa rojiblanco. Aferrados a Bruno Iribarne nacido de la cantera: hasta que voló a Burgos.

Rubén Duarte saltó del Alavés a México dejando mucho dinero en Vitoria.
Duarte y Gnangoro
Este verano parecía abrirse una pequeña ventana. Rubén Duarte, consolidado en el fútbol profesional y con un futuro por resolver en México, aparecía como una opción lógica para reforzar el lateral izquierdo. Otro caso es el de Gnangoro, un futbolista emergente que ha explotado en el Real Betis y cuya progresión invita a pensar en cotas mayores. Sin embargo, la historia vuelve a repetirse. Duarte sigue lejos y Gnangoro tomó rumbo al Rayo Vallecano, que se queda con el 50 por ciento de sus derechos. Mientras tanto, en el Almería permanece la sensación de que los futbolistas de casa siempre encuentran antes una oportunidad fuera que en el club que representa a su tierra.