Un Almería de tocador: mucho balón y poco veneno
El equipo de Pimienta monopoliza la posesión, genera pocas ocasiones de gol y se olvida del fútbol directo mientras los rivales llegan a su área en tres pases

García Pimienta se desespera en la banda pidiendo más a su Almería.
El Almería de García Pimienta quiere gobernar los partidos desde la pelota. Es una idea reconocible, valiente y atractiva para el espectador, pero tras las dos primeras jornadas deja más dudas que certezas. El equipo acumula pases, domina fases largas de encuentro y lleva la iniciativa, pero le cuesta traducir ese control en ocasiones de gol. Frente al Eldense ganó gracias a la estrategia y al acierto, mientras que en Tenerife quedó retratada una versión demasiado previsible en ataque. Tener el balón es importante. Hacer daño con él, todavía más.
Los números y las sensaciones apuntan en la misma dirección. De los tres goles marcados al Eldense, dos llegaron a balón parado y el otro nació de un robo de Nico Melamed culminado con una acción individual. El problema aparece cuando la jugada debe construirse desde la circulación. El Almería se pierde en demasiados toques, permite que el rival se organice y encuentra pocas grietas para atacar. Mientras busca el pase perfecto, los adversarios llegan a su portería con una velocidad que invita a la reflexión.

Miguel remata poco a portería y se necesita un '9' que garantice goles.
El balón no basta para ganar
Pimienta ha llegado con una idea muy definida de fútbol. Quiere un Almería protagonista, dueño de la posesión y capaz de marcar el ritmo de los encuentros. Sobre el papel parece una propuesta ideal para una plantilla técnica y con talento, pero la categoría obliga a combinar estética y eficacia. El problema no es tener la pelota, sino qué se hace con ella. Ante el Eldense, el triunfo maquilló algunas carencias ofensivas. El equipo encontró el éxito en la estrategia y en la calidad individual, pero no en la elaboración. En Tenerife volvió a aparecer el mismo problema. Mucho dominio territorial, pocas llegadas y escasa sensación de peligro. El balón circula, pero rara vez acelera.
Mil toques hacia ninguna parte
La primera mitad en el Heliodoro fue el mejor ejemplo de un equipo atrapado en su propio modelo. El Almería movía la pelota de lado a lado sin encontrar profundidad. La posesión acabó convirtiéndose en un refugio más que en un arma. Cada pase permitía al Tenerife ajustar posiciones y cerrar espacios. En la segunda parte hubo algo más de intención. Un disparo de Melamed a la madera y un lanzamiento de Dzodic fueron las acciones más destacadas, pero resultó insuficiente para cambiar la historia del partido. Sobran pases horizontales y faltan rupturas, velocidad y verticalidad. El fútbol directo no significa rifar el balón. También consiste en avanzar con decisión para impedir que el rival tenga tiempo de colocarse.

Con la calidad no basta para lograr el objetivo.
La sala de máquinas busca su sitio
Otra cuestión que debe resolver el entrenador está en el centro del campo. La sala de máquinas todavía no termina de acoplarse y el equipo lo nota. Falta sincronía entre quienes inician el juego y quienes deben acelerar las acciones. El resultado es una circulación lenta que favorece siempre al defensor. Arriba, además, Miguel trabaja, pelea y fija centrales, pero no posee el perfil de delantero que vive del gol. El equipo necesita crear mucho más para compensar esa realidad. Porque en Segunda División la calidad ayuda, pero no concede ventajas por sí sola. Pimienta quiere un Almería de tocador. Lo que necesita cuanto antes es un Almería que, además de tocar, llegue, remate y haga daño. Porque la posesión suma cuando conduce al área rival; cuando no, se convierte únicamente en una estadística.