Cela vino a rescatar al Almería y la ruina lo devoró
El técnico zamorano, fallecido a los 89 años, aceptó un reto imposible en el Poli de la deuda, la escasez y la división del fútbol local

Luis Cela tuvo que hacer una pretemporada bajo mínimos tras un descenso.
El nombre de Luis Alonso Poncela, Cela para el fútbol español, se apaga a los 89 años dejando una huella imborrable en el Castellón, club al que entregó media vida desde el campo y el banquillo. Pero su trayectoria también tiene un capítulo almeriense que explica mejor que ningún otro su carácter. Llegó al Poli Almería cuando el club acababa de caer de Segunda B y atravesaba una de las etapas más delicadas de su historia. Era un tiempo de urgencias, promesas y supervivencia.
El presidente Miguel Orta le abrió las puertas de una entidad con más ilusión que recursos. El entrenador zamorano aceptó el desafío sin poner excusas, sabiendo que las deudas apretaban, que la plantilla tenía limitaciones y que el nacimiento del Almería Club de Fútbol fracturaba todavía más el panorama futbolístico de la ciudad. Cela puso trabajo, experiencia y dignidad a una causa casi perdida, pero el fútbol rara vez perdona cuando faltan medios. El 14 de noviembre terminaba una aventura tan corta como complicada. Almería le gustaba a Luis Cela y no tardó en dar el 'sí' a la llamada en febrero de 1991 del Almería Club de Fútbol pero esa etapa fue más tranquila y llevadera.

El presidente Miguel Orta (derecha) en la grada viendo trabajar a Luis Cela.
El entrenador que aceptó lo imposible
Cuando Luis Cela aterrizó en Almería encontró un club que luchaba por mantenerse en pie. El descenso de Segunda B había dejado heridas económicas difíciles de cerrar y cada verano era una carrera contrarreloj para liquidar deudas y obtener permiso para competir. En ese escenario apareció un técnico convencido de que el trabajo podía compensar las carencias.
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Miguel Orta confiaba plenamente en él y le entregó un proyecto construido desde la escasez. Cela aceptó el reto sin condiciones, consciente de que tendría que pelear más contra las circunstancias que contra los rivales. Su llegada representó un acto de valentía en una etapa especialmente incierta para el fútbol almeriense.

El Almería de Cela empezó jugando en el Franco Navarro y acabó en La Cañada.
Entre la deuda y la sombra de un hermano nuevo
A los problemas económicos se unió un factor que terminó pesando como una losa. En agosto nacía el Almería Club de Fútbol y la ciudad comenzaba a dividir su atención entre dos proyectos que compartían territorio, afición y aspiraciones. El Poli perdía protagonismo mientras intentaba reconstruirse desde la Tercera División. Su ‘hermano’ jugaba en Regional Preferente (desterrado a Benahadux) y ganaba afición. Curiosamente llegó a dirigir al Almería nuevo de Guillermo Blanes desde febrero de 1991 hasta final de temporada.
Aquella realidad condicionó el trabajo de Cela desde el primer día. La plantilla tenía limitaciones evidentes y los resultados no acompañaron. La ilusión inicial fue cediendo terreno a la urgencia clasificatoria hasta que el club optó por cambiar de rumbo. El entrenador zamorano acabó pagando una factura que iba mucho más allá de lo futbolístico.

El 21 de julio una asamblea presidida por Nicolás Uclés y Miguel Orta salvaba al club.
La historia recuerda al valiente
El 14 de noviembre se cerró la etapa de Cela en Almería. Le sustituyó Antonio Oviedo en una temporada marcada por las dificultades y por el traslado de los partidos a La Cañada mientras el Franco Navarro permanecía cerrado por obras. Fueron tiempos de resistencia para una entidad acostumbrada a remar contra corriente.
Hoy, tras conocerse su fallecimiento, la memoria devuelve a Luis Cela al lugar que merece. El legendario castellonense no encontró en Almería el escenario ideal para triunfar, pero sí dejó la imagen de un entrenador honesto que aceptó uno de los desafíos más complicados de aquella época. No eligió el mejor momento para llegar, pero nunca rehuyó la responsabilidad. Y eso también forma parte de su legado.