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Cervantes, el sueño que Almería tardó 55 años en levantar y estuvo a punto de demoler

Desde que se colocara la primera priedra en 1866, el teatro ha sobrevivido a crisis, la guerra y la dejadez

La fachada del Teatro Cervantes en 1921.

La fachada del Teatro Cervantes en 1921.Círculo Mercantil

Alberto Godoy
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El sábado 16 de julio de 1921, el Paseo de Almería amaneció con un aspecto diferente. A las puertas del nuevo Teatro Cervantes se mezclaban invitados, autoridades, accionistas y curiosos. Aquella noche se representó La sombra de Cervantes, escrita para la ocasión, seguida de La calle de la Montera, de Narciso Serra. El público entró por primera vez en una sala en forma de herradura, rodeada de palcos y coronada por un enorme rosetón.

Habían pasado 64 años desde que un grupo de almerienses promoviera su construcción; 57 desde que se constituyera la sociedad propietaria y se comprara el solar, y 55 desde la colocación de la primera piedra.

Un sueño de la burguesía

La idea comenzó a tomar forma en 1857, en una Almería que prosperaba gracias a la minería, el mármol y la exportación de uva. La ciudad tenía pequeños teatros y cafés cantantes, pero su burguesía quería un gran escenario semejante a los de Málaga o Murcia.

En 1864 quedó constituida la Sociedad Propietaria y Constructora del Teatro Cervantes, presidida inicialmente por Rafael Carrillo de Albornoz. Dos años después se colocó la primera piedra.

Aquel acto fue solo el comienzo de una obra interminable. El dinero se agotaba y los trabajos se detenían. Se emitieron acciones, se solicitaron préstamos, se alquilaron partes del solar y hasta se obtuvo un premio de 20.000 reales en la lotería.

Planos del teatro antes de su construcción.

Planos del teatro antes de su construcción.Círculo Mercantil

El edificio definitivo tomó forma con el proyecto de Enrique López Rull, fechado en 1898. El arquitecto concibió una sala inspirada en los grandes teatros europeos, con palcos, ornamentación dorada y una fachada monumental hacia el Paseo. Sus materiales llegaron de distintos puntos de España y el telón contra incendios, nada menos, que de Nueva York.

El último empujón lo dio un préstamo de 150.000 pesetas del Banco Hipotecario. Para entonces, el Círculo Mercantil, fundado en 1899, se había vinculado al inmueble y acabaría instalando allí su sede.

El escenario de la ciudad

La inauguración no puso fin a las dificultades económicas. La explotación del teatro fue pasando por distintos empresarios privados, mientras el Círculo mantenía sus dependencias sociales dentro del edificio.

Sobre el escenario se sucedieron zarzuelas, películas, bailes, mítines y grandes celebraciones. Solo seis meses después de su apertura quedó marcado por su episodio más trágico. El 21 de enero de 1922, la actriz Concha Robles fue asesinada entre bastidores por su marido. También murió Manuel Aguilar, el joven al que se abrazó para intentar protegerse.

Público en el Teatro Cervantes en los años 30.

Público en el Teatro Cervantes en los años 30.La Voz

Después llegarían Imperio Argentina, las grandes compañías teatrales y las estrellas del cine proyectadas sobre su pantalla. El Cervantes atravesó la Guerra Civil y alternó durante décadas las representaciones con las sesiones cinematográficas.

Al borde de la demolición

En 1973, el deterioro acumulado llevó a plantear su demolición para levantar en el solar un nuevo complejo con teatro, oficinas, comercios y aparcamientos.

El edificio se salvó por la oposición de numerosos socios y la movilización de figuras como Jesús de Perceval. Cuatro años después llegó Juan Asensio, que destinó once millones de pesetas a intervenir en la cubierta, las fachadas y el patio de butacas.

Comenzó así una larga etapa en la que el Cervantes funcionó principalmente como cine, primero bajo la gestión de Asensio y, después, de sus herederos a través de Sintagmo. La empresa entregó las llaves en marzo de 2015, tras casi cuatro décadas de explotación. El edificio estaba protegido como Bien de Interés Cultural desde 2002.

Ese mismo año, Kuver Producciones tomó el relevo y recuperó una programación regular de teatro, música, humor, festivales y cine. Su etapa terminó en mayo de 2026, tras la entrada de la empresa en concurso de acreedores.

Durante décadas se habían estudiado distintas fórmulas de intervención. Ninguna consiguió convertirse en una solución duradera.

Interior del Teatro Cervantes en 1937, en uno de los actos que el Socorro Rojo organizaba durante la Guerra Civil.

Interior del Teatro Cervantes en 1937, en uno de los actos que el Socorro Rojo organizaba durante la Guerra Civil.La Voz

Un acuerdo para cien años

Ahora el paso definitivo lo ha dado la Fundación Grupo Cajamar. Este lunes, 3 de agosto de 2026, firmó con el Círculo Mercantil un arrendamiento por cien años para asumir la explotación cultural y la rehabilitación del conjunto.

No se trata de una venta ni de otro simple cambio de cartelera. El acuerdo abre la puerta a una actuación integral sobre el edificio y a la recuperación de su acceso monumental por el Paseo de Almería, por el que entraron los primeros espectadores en 1921.

El Cervantes ha sobrevivido a la falta de dinero, la Guerra Civil, la amenaza de la piqueta y numerosas crisis de gestión. Su historia no es solo la de un teatro, sino la de una ciudad que tardó más de medio siglo en construirlo y que ha pasado otro medio siglo buscando cómo asegurar su futuro.

Cuando terminen las obras, el público volverá a cruzar las mismas puertas monumentales que se abrieron aquella noche de julio de 1921. Solo habrá hecho falta más de un siglo para regresar al principio.

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