Del cañón a la escopeta de feria: el Almería deja de matar
Alarma antes del Play Off: de 11 goles en tres partidos a solo 3 en cuatro finales con más llegadas y menos pegada

El Almería se tiene que levantar y volver al gol luciendo su pegada.
El Almería pasó de arrasar como un cañón a disparar balines cuando el campeonato apretaba de verdad. En su mejor momento ofensivo, el equipo rojiblanco encadenó 11 goles en tres partidos, desbordando a Málaga, Granada y Mirandés con una facilidad insultante. Marcaba con la gorra, sin cuestiones para su juego. Era un equipo que resolvía rápido, que no perdonaba y que convertía cada llegada en gol. Todo fluía sin freno y el gol parecía un recurso inagotable. Llegar tres veces y anotar tres goles se le hizo común.
Pero en la recta final el guion se rompió. El equipo de Rubi empezó a perdonar, a necesitar más para conseguir menos, y la pegada se esfumó en el peor momento. Solo tres goles en cuatro jornadas encendieron una alarma evidente: sin goles no hay ascenso, y en el Play Off no lo gana el que mejor juega, sino el que más acierta. La diferencia entre dominar y vencer se hizo evidente y el Almería quedó atrapado en esa delgada línea. Ahora, cada fallo pesa el doble y cada gol vale media temporada. Se genera y no se define.
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El problema no fue dejar de llegar, sino dejar de acertar. El Almería multiplicó sus intentos, insistió más que nunca, pero perdió la precisión que le hacía letal. La abundancia de ocasiones ya no garantizaba goles y el área rival dejó de ser territorio de castigo para convertirse en un ejercicio de fe. Del instinto asesino a la duda en el remate, el equipo entró en una sequía que amenaza justo cuando menos margen hay. Recuperar la pegada es ahora algo más que una necesidad: es la única vía para subir a Primera.

En Burgos se quedaba sin marcar el Almería en un partido vital para el ascenso.
Del cañón al fogueo
El Almería encontró su versión más letal cuando parecía alcanzar velocidad de crucero. Once goles en tres partidos lo colocaban como un equipo imparable: 3-2 al Málaga en el Mediterráneo, exhibición en Granada (2-4) y otro golpe al Mirandés (4-2). La sensación era la de un bloque que resolvía sin desgaste, que convertía cada ocasión en amenaza real. Iba a cañón con una pegada mortal.
Perdonar se paga caro
El problema llegó cuando el gol dejó de ser rutina. En Burgos no pasó del empate a cero pese a generar; ante Las Palmas, el tanto de Embarba fue insuficiente (1-2); en Gijón, Miguel de la Fuente marcó para salvar el honor (3-1) . Solo el zarpazo final de Sergio Arribas evitó un susto mayor y aseguró el tercer puesto ante el Valladolid (1-0). El Almería no dejó de llegar, pero empezó a fallar donde antes decidía.
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La suerte del Almería es contar en su plantilla con el Pichichi Sergio Arribas.
El Play Off no perdona
Con (81) goles, segundo máximo anotador tras el Racing (90), el dato global sostiene al equipo… pero el momento lo exige todo. El bajón en la eficacia convierte la dinámica en una sequía peligrosa. En la promoción no hay margen para la estética ni para la indulgencia: hay que matar. El Almería necesita volver al cañón y olvidarse de la escopeta de feria si quiere subir a Primera.