El minuto que rompió al Almería y le arrancó el ascenso directo
Del éxtasis al frenazo ante Las Palmas… y al desplome en Gijón

Pejiño con este gol dejaba KO a un Almería que tocaba el cielo.
Almería se había instalado en la ilusión. La visita de Las Palmas no era un partido más: era la oportunidad de certificar que el ascenso directo era algo más que un sueño. La ciudad respiraba optimismo, el equipo estaba en su mejor momento competitivo y la conexión con la grada era total. Todo acompañaba para dar un golpe encima de la mesa en una tarde de confirmación, con el mayor recibimiento en una comunión equipo-afición sin precedentes.
El gol de Embarba encendió definitivamente la mecha. El Almería no solo se adelantaba en el marcador, también se situaba tres puntos por delante del Depor a falta de dos jornadas. Era el premio a una dinámica creciente, a un equipo que había encontrado el camino del gol y que parecía manejar los tiempos con autoridad. El estadio celebraba algo más que un tanto: celebraba verse en el camino correcto hacia Primera.
Pero el fútbol decidió girarlo todo en un instante imposible de digerir. En apenas un minuto, Las Palmas golpeó dos veces la portería de Andrés Fernández. Dos acciones consecutivas que dejaron al equipo sin respuesta y a la grada en silencio. Del control absoluto al desconcierto total. Ese minuto maldito, tan breve como devastador, cambió el partido, frenó la euforia y dejó tocadas las aspiraciones de una provincia que ya se veía celebrando el ascenso directo. La victoria posterior del Dépor remataba el golpe y el Almería se veía abocado al temido Play Off.

Si dolió la derrota ante Las Palmas en casa, la imagen de Gijón fue penosa.
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Carlos Miralles
Y lo peor estaba por llegar
El equipo rojiblanco no ha sabido levantarse del impacto. Empató en Burgos, cayó ante Las Palmas y volvió a hacerlo con crudeza en El Molinón (3-1), encadenando tres jornadas sin ganar en el momento más decisivo del curso. El minuto fatídico no terminó aquella tarde: se ha alargado hasta convertirse en una herida abierta que sangra jornada tras jornada.
El minuto que lo cambia todo… y lo arrastra
El análisis ya no puede quedarse en aquellos sesenta segundos. El Almería pasó de dominar su destino a perderlo. Lo ocurrido ante Las Palmas fue el detonante de una caída que ha tenido continuidad en Gijón, donde la imagen del equipo fue penosa, superado en intensidad, en orden y en respuesta competitiva. El minuto maldito ha dejado de ser un episodio para convertirse en tendencia.

El garrotazo que daba Las Palmas al Almería fue tremendo.
Sin respuestas desde el banquillo
Rubi sigue sin encontrar soluciones. Más allá de apelar a la injusticia o a los detalles, el equipo no corrige sus errores estructurales. La gestión de los partidos no mejora y las decisiones no están teniendo impacto. En Gijón volvió a verse un Almería plano, sin reacción y sin capacidad de cambiar el rumbo cuando el partido se torcía.
Una defensa que se desangra
El gran problema sigue estando atrás. El Almería encaja con demasiada facilidad y convierte cualquier ventaja en un ejercicio de supervivencia. La fragilidad defensiva no ha sido corregida y, en este tramo de temporada, penaliza de forma letal. En El Molinón volvió a quedar expuesta una zaga que no sostiene al equipo. Así es imposible aspirar a cerrar partidos… ni a sobrevivir en un Play Off.

Las Palmas en una remontada sin precedentes dejó al Almería sin ascenso directo.
Del atajo al abismo
El gol de Embarba colocaba al Almería en la autopista del ascenso directo. Hoy, tras tres jornadas sin ganar, el equipo no solo ha perdido esa vía rápida: llega a la última jornada con el Play Off sin asegurar. Puede acabar tercero… o quedarse fuera. El escenario ha cambiado de forma radical y obliga a mirar más hacia abajo que hacia arriba. Pese al desplome, otros resultados han mantenido con vida al Almería, que sigue dependiendo de sí mismo para estar en el Play Off. Pero la sensación es inequívoca: el equipo ha desaprovechado su momento. Lo que parecía controlado se ha convertido en incertidumbre total.

El desencanto de los aficionados del Almería es total.
El golpe emocional de toda una provincia
No solo ha sido un frenazo deportivo, sino un impacto directo en el ánimo colectivo. Almería había comprado el discurso del ascenso directo y se había entregado a la causa. Ese minuto ante Las Palmas encendió la mecha de la caída. Gijón confirmó que la herida sigue abierta. Ahora el reto no es solo futbolístico, también mental: levantarse en la última jornada para no completar una de las mayores decepciones de la temporada. El ascenso ya no es un sueño cercano. Es una lucha por seguir vivo. Y todo empezó -y aún no ha terminado- en un minuto eterno. La flor de Rubi le rescata gracias a los resultados de otros, pero el Almería ya no depende solo de sí mismo: juega contra el reloj, contra sus errores… y contra el miedo a quedarse fuera.