Soko en el Almería: mucho potencial, cero impacto
En sus 21 partidos no hay goles ni impacto, solo la fe pública del entrenador que lo protege

Su última aparición en Santander mantiene esa línea del quiero y no puedo.
Patrick Soko abrió la puerta del nuevo proyecto antes que nadie. Fue el primer nombre en aparecer en el escaparate del verano, el símbolo de una planificación adelantada y ambiciosa. Llegó con la etiqueta de apuesta firme, de delantero por moldear, de futbolista con recorrido: un velocista como vimos en el Huesca. Pero el curso ha avanzado sin señales del futbolista que es. Han pasado 35 jornadas y en sus apariciones (21), no hay goles, no hay decisiones y tampoco la sensación de amenaza que se le presupone a un atacante. Entra a los partidos y no aporta. Solo destacan las ganas que le pone.
Rubi no se esconde. Habla bien de Soko, lo protege y le da minutos incluso cuando el contexto del partido parece pedir otra cosa. El técnico insiste en su potencial, en lo que llegará, en lo que aún no se ve. El problema es que el Almería compite cada semana con el marcador como juez, no con promesas. Y hoy, el primer fichaje del curso sigue flotando en el aire como humo. El entrenador lo quiere levantar pero a falta de 7 partidos para el final el discurso de Soko no casa. Nada que ver con el futbolista que el Almería firmó para ilusionar a su afición.

Instalado en el banquillo cuando entra no aporta lo que de él se espera.
El primer fichaje del verano
Soko no fue uno más. Era un secreto a voces que el Almería lo tenía atado. Un caso parecido al de Jorge Pulido. El fichaje que inauguró el mercado rojiblanco y al que se miró con lupa desde el primer día. El club le firmó un contrato largo como mensaje de confianza y paciencia. Pero el presente no entiende de plazos amplios. En el campo, su aportación ha sido plana y sus apariciones no han cambiado partidos ni dinámicas. Y para colmo le ha cerrado la puerta a Thalys en ese afán del entrenador por recuperarlo.

Soko tiene unas cualidades que no ha explotado en el Almería.
Minutos para creer, no para decidir
La insistencia de Rubi es sostenida y pública. Soko entra, juega minutos, repite. No porque el partido lo reclame con urgencia, sino porque el entrenador cree que el jugador debe sentirse respaldado. Es una gestión humana evidente, pero futbolísticamente discutible. Sus minutos no elevan el nivel colectivo ni activan el área rival. El Almería no gana colmillo con él sobre el césped. Su punta de velocidad para desactivar a la defensa rival se quedaba en Huesca. Ha perdido la temporada.
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Thalys quedaba detrás de Soko en los cambios para Santander.
Potencial, paciencia y una realidad incómoda
Un contrato hasta 2028 da margen para equivocarse y madurar, pero el fútbol profesional no concede cheques en blanco eternos. Las oportunidades no le han faltado a Soko y la explosión no llega. El debate ya no es el futuro, sino el presente. Si el primer refuerzo del proyecto no prende, el riesgo es que la apuesta se convierta en un símbolo incómodo: mucho discurso y poco fuego. El humo no ciega a la dirección deportiva que con la mirada puesta en Primera busca soluciones para un internacional por Camerún que no ha triunfado en el Almería.
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