Lo que está sucediendo con los árbitros no es casualidad
Algo pasa en el Estadio de los Juegos Mediterráneos

Puertas y Maximianio, cara a cara.
Lo que está sucediendo este curso con los arbitrajes en el recinto deportivo del Almería no es casualidad. Con este artículo no pretendo justificar o poner paños calientes ni al mal juego del equipo, ni al fracaso de la política de fichajes de la presente campaña, ni a que sea el último de la fila porque es el que peores sensaciones transmite.
Tengo la percepción de que en la temporada 2023-24 vamos de fracaso en fracaso. Nada más finalizar la anterior campaña la entidad rojiblanca tomaba una decisión de alto riesgo: retirar las gradas supletorias de los fondos del Estadio. Estas localidades permitían que la afición estuviera más cerca del césped, hiciera llegar con mayor intensidad su apoyo al equipo y ejerciera la necesaria presión sobre los jugadores rivales y los colegiados.
La racha
El cambio en la trayectoria de nuestro equipo como local es aterrador. De los cinco duelos en el Estadio ha perdido tres y empatado dos. Lo que le ha llevado a sumar 2 puntos sobre 15.
Otro dato es preocupante. En dos de estos encuentros se ha visto castigado con dos penas máximas, un dato que no acumula ningún otro equipo de la categoría. Frente al Rayo el primer penalti fue falta previa del delantero a Édgar. El domingo se castigó con la pena máxima un agarrón de Arnau sobre Bryan. Agarrones como esos y más fuertes se ven a decenas y no se castigan por aquello de que la fuerza no es suficiente. Es una justificación para pitar cuando y como quieren. Es decir, manipular, que es lo que le gusta a la mayoría de los árbitros españoles. Más ahora con el VAR anulado.
El malévolo González Fuertes debe de llevar un Dinamómetro Digital Portátil en su uniforme para poder valorar la intensidad de los agarrones. El domingo debió sonar la alarma del medidor de fuerza del gijonés denunciando que los newtons del agarrón eran suficientes para ser castigados. Que pena.