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En Almería tras 4 años de huida y 18 horas en patera: "Soy hijo del mar y de los que quedaron en él"

Ismael Diallo es un guineano que llegó a Almería tras cruzar el Mediterráneo. Hoy es autor de un poemario en el que cuenta su historia

Ismael Diallo, 'Cami', en la playa de El Zapillo, en Almería.

Ismael Diallo, 'Cami', en la playa de El Zapillo, en Almería.

Elena Ortuño
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Para Ismael Diallo, las dieciocho horas que pasó en el Mediterráneo, fueron como un parto. El mar fue como una segunda madre que lo volvió a parir: "Me podría haber abortado, como a tantos otros... pero decidió dar a luz". Dicen que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Él regresó al Puerto de Almería ocho años después de haberlo pisado por primera vez

No desobedeció los versos que encabezan este artículo; no del todo. Lo que guarda de aquel octubre de 2017 en el que llegó a España es un enjambre de sensaciones: una tristeza honda que dio paso a una sacudida de alegría, alivio y gratitud, todo al mismo tiempo. Había sobrevivido a un viaje en altamar, a merced de una patera.

Fue el pasado diciembre cuando regresó a la capital almeriense. "Necesitaba revivir, volver a ver justo el lugar al que llegué... la primera tierra que pisé aquí, en Europa, la soñada Europa", reconoce, sentado en una de las salas de la redacción en la que se ha escrito el texto que usted está leyendo. 

De vuelta en Almería

En su regreso, recorrió el Puerto, los archivos y las playas, no solo para entenderse a sí mismo, sino para conocer cuántas personas viajaban con él en la pequeña embarcación en la que cruzó el Mar de Alborán: "Quería saber cuántos menores, cuántas mujeres y cuántos chicos y hombres éramos". Habla la determinación de alguien que busca a sus 'hermanos', aquellos a los que llama "hijos del mar".

Ismael Diallo, 'Cami', con su poemario en las manos.

Ismael Diallo, 'Cami', con su poemario en las manos.Elena Ortuño

En nombre de quienes sobrevivieron y, sobre todo, de quienes no lo hicieron, Diallo, Cami para los amigos, escribió 'Me trajo el mar', un poemario que pronto alcanzará su tercera edición y que el autor, llegado desde Teruel, ha presentado en Almería. El día de su regreso caminó por la orilla y dejó unos versos en una libreta. En su forma más primaria, aún en borrador, los reproducimos a continuación:

"Bendita tierra de Almería, al pisarte en mí volvió a renacer la alegría. La alegría de haber cumplido un sueño"

Cuando todo cambió

En los versos de Cami, el lector descubre a un hombre que, lejos de rendirse ante las injusticias del mundo, no se deja vencer. A través de sus poemas, no pide ni mendiga, exige:

"Soy de Gaza, soy de Sudán del Sur, soy de Eritrea, soy de Yemen, soy de tantos otros lugares. Levanto mi bandera blanca, exijo paz y justicia a las Naciones Unidas

"La injusticia es lo único que me hace enfadar de verdad, lo que me hace perder la paciencia", admite. Fue ese carácter reivindicativo, de hecho, el que influyó en su decisión de abandonar el país que lo vio nacer: Guinea-Conakri. 

Entre 2007 y 2013 (año en el que partió Cami), Guinea Conakri atravesó uno de los periodos más convulsos de su historia reciente: tras décadas de dictadura, la muerte del presidente Lansana Conté en 2008 abrió una etapa de vacío de poder que fue ocupada por una juta militar encabezada por Moussa Dadis Camara, responsable de una brutal represión que culminó en la mascare del 28 de septiembre de 2009. En medio de ese clima de miedo y violencia, el país inició una frágil transición que llevó a Alpha Condé a la presidencia en 2010.

"Yo era activista, salía mucho a manifestarme. En las concentraciones, fui testigo de cómo colegas y amigos morían por disparos. Ver una muerte tras otra... te acaba despertando una preocupación por tu vida", recuerda, muy serio. 

"Supe que me esperaba un viaje clandestino con una gran posibilidad de quedarme en el camino"Ismael Diallo, Cami

La decisión de emigrar, pues, no fue económica en primer lugar, sino política: "Cuando me decidí, supe que me esperaba un viaje clandestino con una gran posibilidad de quedarme en el camino. Pero, por lo menos, esperaba que fuese por un futuro más pacífico".

La odisea

La suya fue una travesía digna de ser recogida por la pluma griega de Homero. No fue un salto directo a Europa. De Guinea se fue a Mali, Burkina Faso, Benín, Nigeria, Camerún y Guinea Ecuatorial; un recorrido que le llevó casi cuatro años y que le permitió ahorrar lo suficiente como para comprarse un billete de avión hasta Marruecos.

En octubre de 2017, después de cinco meses atrapado en el país vecino, logró pagar 4.000 euros por una patera "VIP". "Aunque sigue siendo un viaje de riesgo, es un viaje muy caro", explica. Las llama así porque llevan motor, a diferencia de otras en las que los propios pasajeros deben remar durante horas. 

"Sabía que la mía tenía más posibilidades de llegar", explica, aunque el miedo, añade, es el mismo, porque al final todos están en el mar. La travesía duró dieciocho horas, aunque para él fueron muchas más: no se vive igual el tiempo cuando se cuenta sobre tierra firme que cuando se mide entre olas.

Imagen de archivo de una patera en aguas almerienses.

Imagen de archivo de una patera en aguas almerienses.Salvamento Marítimo

"Soy hijo del mar, soy la resurrección de los miles que se quedaron en su vientre, soy la voz de aquellas víctimas, soy la lágrima de una familia que nunca volverá a ver a su hijo"

Su poemas no son metáforas, son resultado de las cicatrices que logró sanar a través de la escritura. "En Marruecos conviví con una persona que luego se quedó en el mar. Antes que ella, un chaval de mi barrio también perdió la vida. Sentí que mi misión era inmortalizar su valentía de la forma que mejor sabía", relata, con un admirable sosiego.

Con 36 poemas, uno por cada año de su vida, 'Me trajo el mar' es su primer poemario, pero no será el último. Pretende escribir uno por cada año cumplido, así hasta los 40. No se trata de dar voz a un testimonio individual, sino de una biografía colectiva. "Sigo constantemente viendo personas inmigrantes en situaciones super vulnerables después de un viaje trágico. Me está removiendo bastante e inspirando también para seguir escribiendo".

Las cartas de amor de Cami

Desde mucho antes de cruzar el mar, Ismael ya escribía para sobrevivir. Lo hacía en cartas de amor que ayudaban a sus hermanas y a sus amigos a decir lo que no sabían, en mensajes para los abuelos, en papeles ajenos donde dejaba una caligrafía hermosa como quien deja un rastro. A veces no había historia ni destinatario: solo un bolígrafo, una letra que se enroscaba y una necesidad de sacar algo que llevaba dentro.

Hoy, ocho años después de aquella patera, ese impulso se ha convertido en una voz que habla alto y claro. Cuando piensa en el muchacho que se adentró en el mar sin saber si llegaría, no lo regaña ni lo compadece: lo saluda: "Hola. Enhorabuena. Te queda mucho por hacer. Sigue haciéndolo. Sé tú, no cambies". Como si, al final, todo ese viaje, de Guinea a Almería, de Almería a Teruel, y del enfado al poema, hubiera sido exactamente eso: aprender a seguir siendo fiel a uno mismo.

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