La otra cara de José María Márquez, impresor
La imprenta Gutemberg, un sueño del cuarto poder

José María Márquez, impresor.
Nació en Almería la lluviosa tarde del 22 de septiembre de 1947 en pleno casco antiguo de la ciudad, en la popular calle Lope de Vega, lugar donde se crio y vivió hasta recién cumplidos los quince años, compartiendo infancia, adolescencia, juegos y amistad con aquellos que, siendo niños, hoy muchos de ellos están cada vez más ceca de cumplir los ochenta años, pero ese paisaje de calles, sin duda sigue siendo el cordón umbilical unido a los recuerdos y vivencias de aquellos años. Almería crece, se expande y la familia Márquez, padres y los tres hermanos se van vivir a la incipiente calle Altamira que ya le va ganando terreno a la vega. Llega el momento de trabajar y aún muy recientes los estudios, se fija en Sastrería Barón para tener su primer contacto con el mundo laboral y de cuya empresa guarda un enorme y profundo cariño unidos por los sentimientos de la amistad, mientras la vida empieza a ponerle a prueba. Después de cumplir el Servicio Militar en el Sáhara, la Imprenta Gutenberg, fundada por su hermano Juan, se convierte en su nueva empresa. Son los años setenta y para las Artes Gráficas, un momento casi anclado en el tiempo. Será a partir de los ochenta cuando se produzca un cambio tecnológico, pausado al principio y vertiginoso hasta nuestros días. Una revolución ante la que hubo que reciclarse rápidamente para no quedarse atrás. Con la aparición del diario La Crónica, se incorpora a la plantilla como fotomecánico, donde permaneció hasta el cierre del diario.
También fueron los años en los que El Caso-dirigido por José Manuel Bretones, actual presidente de la Asociación de la Prensa de Almería se imprimía en nuestra ciudad, dándose la circunstancia que era la primera vez que un periódico de tirada nacional se imprimía en una ciudad fuera de Madrid o como se solía decir, en “provincias”.
Ahora, José María gran parte de su tiempo, lo reparte entre la familia y la labor que ejerce como voluntario, monitor y directivo del centro de mayores de Oliveros, así como la confección de la revista que elabora para el centro. No hay la menor duda de que el mundo de las letras lo lleva impreso en su vida.
-¿Usted profesionalmente como le gusta definirse?
-Muy sencillo, simplemente, como un especialista en mi área profesional.
-¿La imprenta sigue siendo un símbolo de empresa familiar o eso ya son recuerdos?
-Aunque, como es evidente, los tiempos han cambiado y la forma de trabajar también, todavía existe y no se ha perdido ese vínculo entre generaciones.
-¿La tecnología ha dado un empujoncito a la muerte de las imprentas de toda la vida?
-Sí, es cierto que la tecnología ha influido en la desaparición de muchas imprentas tradicionales, pero también ha obligado a las que siguen en activo a adaptarse y evolucionar en todos los conceptos. Esa es la hoja de ruta y hay que seguirla.
-¿Es cierto que se está perdiendo el arte manual en las imprentas?
-Evidentemente sí, pero todavía hay trabajos donde lo artesanal prima y sigue teniendo mucho valor y está muy bien considerado.
-¿Cuáles son las virtudes y carencias actuales del sector de la impresión y artes gráficas?
-Creo que la principal virtud del sector es la experiencia y la capacidad de adaptarse sin complejos a las nuevas tecnologías. Como carencias, destacaría la dificultad de mantener ciertos oficios tradicionales como lamentablemente así ha ocurrido con otros añorados gremios.
-¿Qué diferencias sustanciales hay desde que usted empezó junto a su hermano en la recordada imprenta Gutenberg de la plaza Careaga a la dinámica de la imprenta hoy?
-La diferencia es enorme. Todo era mucho más manual: las máquinas, la composición y el proceso de impresión. Hoy la tecnología ha cambiado prácticamente todo. Sí quiero hacer constar, que mi hermano Juan ha sido siempre un hombre de una tremenda inquietud y un gran profesional con lo novedoso. Fue pionero en muchas cosas, como por ejemplo la incorporación de los ordenadores a la imprenta, dos Macintosh que revolucionaron la composición y que nos puso en vanguardia tecnológicamente hablando. Estábamos entonces en los años ochenta.
-¿Cuál es el secreto para poner en las manos del lector un buen libro, cómodo de leer, atractivo formato y con personalidad?
-Yo creo que está en cuidar cada detalle y conocer bien el oficio, elegir el tamaño adecuado, un buen papel, una cubierta que vaya con el libro, el número de páginas y una tipografía cómoda de leer. Todo eso, junto con una buena impresión y encuadernación, es lo que acaba dando personalidad a ese libro.
-¿Qué importancia tiene actualmente la imprenta con las nuevas tecnologías o la inteligencia artificial?
-La imprenta sigue teniendo mucha importancia, pero ha tenido que adaptarse. Las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial ayudan a trabajar más rápido y con más posibilidades, pero detrás sigue haciendo falta el conocimiento y el oficio para que el resultado final tenga calidad y personalidad.
-¿Usted llegó a trabajar con las máquinas tipográficos manuales de los años 50 y 60?
-No, aunque las máquinas sí estaban allí. Yo empecé a trabajar con la reproducción fotográfica y el montaje manual, para después hacer las planchas de impresión y ya de ahí pasé a los ordenadores.
-A lo largo de su trayectoria profesional, ¿tiene calculados cuantos libros ha preparado para su publicación? ¿Y cuál fue el primero que pudo meter en máquinas?
-Cientos, fueron cientos, yo viví un gran momento de la producción editorial en Almería. La Editorial Cajal, la antigua Caja de Ahorros de Almería, Diputación, editoriales provinciales, colectivos… y los autopublicados. Lo que lamento es no poder recordar exactamente el nombre de aquel primer libro. Una pena, lo siento.
-A lo largo de su vida profesional usted ha leído por vocación o trabajo centenares de libros. ¿Cuáles han sido los que le han marcado más?
-He leído muchísimos libros a lo largo de mi vida, tanto por trabajo y porque he ejercido de corrector, como por afición. Me han marcado especialmente los que, además de estar bien escritos, tienen una buena historia y dejan algo en el lector, teniendo en cuenta que cada etapa de la vida te hace valorar diversos libros diferentes.
-Y una curiosidad Márquez. ¿Cuál ha sido el que más veces lo ha leído?
-Curiosamente, no suelo releer un libro salvo una rara excepción, por eso tengo confeccionado un sistema de fichas que he ido elaborando con frases o textos cortos, donde los recojo y clasifico por libro y autor para mi archivo.
-Hace unas décadas. ¿Qué era lo más sacrificado que tenía su oficio?
-El trabajo manual y, sobre todo, la precisión y concentración que exigía trabajar con los tipos y las máquinas. Era un trabajo muy laborioso y exigente.
-¿Y lo más difícil de aprender y de llevar a la práctica?
-Lo más difícil era aprender a manejar correctamente las máquinas, conocer los tipos y saber componer los textos con precisión. Ser cajista o maquinista requería años de aprendizaje.
-Dígame Márquez usted de pequeño cuando vivía en la calle Lope de Vega... ¿A qué no le gustaba jugar?
-Ja, ja, ja. Cuando se es niño no hay juego que no guste y esa calle y ese entorno, la catedral, las plazas de Careaga, Los Olmos, etc. era un “campo de maniobras” para los niños y me parece que usted también lo sabe bien...
-La mayoría ya no existen. Pero ¿cuáles fueron las grandes imprentas de Almería durante el pasado siglo XX?
-Teniendo en cuenta la capacidad económica de Almería, no fue una ciudad con grandes imprentas, pero sí hubo algunas importantes, como Lacoste y Peláez. Después aparecieron Ortiz, que llegó a tener catorce empleados, Cervantes, Gutenberg, o Grafikás, entre otras. En los años setenta había más de veinte imprentas en Almería. Hoy, en cambio, lamentablemente quedan muy pocas.
-Hoy la composición ya no se hace con tipos móviles, sino con ordenador, y las tecnologías cambian según la tirada: impresión digital y offset. ¿Como ve el futuro de la imprenta en los próximo 20 años?
-Seguirá adelante, adaptándose a los cambios tecnológicos. La impresión digital irá ganando terreno, sobre todo para tiradas pequeñas y trabajos personalizados, mientras que el offset seguirá siendo importante para tiradas grandes. En definitiva, la imprenta no desaparecerá, pero será muy diferente de como la hemos conocido.