Mª Isabel Pulido: "La burocracia provoca desequilibrios en la asistencia de la violencia de género"
Esta gaditana, que ha vivido varios años en casas de acogida de Almería, ha sufrido violencia de género en su persona y en las de sus dos hijas

María Isabel Pulido Rendón ha vivido varios episodios de violencia de género en su persona y en la de sus dos hijas.
María Isabel Pulido Rendón es una gaditana, de 51 años, natural de Vejer de la Frontera. Es madre de dos hijas, de 32 y 29 años, y de un hijo de 14. Su hija mayor es una persona con discapacidad.
La vida de está madre está marcada por la violencia de género. Ella la sufrió hace ahora 26 años, y sus hijas también han sido víctimas de agresiones machistas. Para huir de su agresor ella tuvo que trasladarse de una localidad a otra en varias ocasiones, residiendo en casas de acogida. Hace un cuarto de siglo llegó a Almería. “Y aquí empecé a conocerme realmente. Como el mío hay casos extremos de violencia de género. Hoy lucho por la verdad. Me pregunto ¿Qué está ocurriendo en esta sociedad?, y alzo la voz para que se nos escuche y haya un cambio que ayude a lograr un mundo mejor”.
Hace cuatro años su hija menor sufrió violencia por parte del padre de su nieta que va a cumplir 7 años. “Hay casos y casos, y por mi experiencia y vivencia, se que hay un baremo que estudia los casos de la misma manera y no se tiene en cuenta a los niños, que para mí son los más vulnerables y pagan las consecuencias”. Su hija fue trasladada con su nieta a una casa de acogida de Córdoba. Ella se volvió a trasladar siguiendo a su hija. Desde hace tres años reside en la capital cordobesa. “Yo me voy a ayudar a mi hija menor a Córdoba. Mi hija mayor se queda en Almería. Yo sabía que era especial, la había llevado a psiquiatras y a especialistas, pero no me la estudiaron bien, y todo lo achacaban a la situación de inseguridad en la que estábamos a causa de la violencia de género que yo había padecido. Pero nunca es tarde, por eso estoy aquí, porque pido una atención”.
Dejar a su hija con 28 años en Almería, para acompañar a su otra descendiente a Córdoba, llenó a María Isabel de remordimientos. “Tuve que venir a por ella porque se metió en el mundo de la prostitución, en el mundo de la droga. Ella me pidió ayuda, y bueno, gracias a Dios, pude ingresarla en un centro en Córdoba para subsanar esa adicción. A raíz de aquello puse hincapié en que me la estudiasen dado que yo como madre siempre había sabido que era especial”.
En la actualidad esta hija está residiendo en el hospital de Salud Mental Reina Sofía. “Su estado mental se agravó y protagonizó tres intentos de suicidio delante de su hermano, menor de edad, y en uno de esos intentos de suicidio también estaba presente mi nieta. Ingresó porque no había ningún sitio en el cual podía ser atendida y yo no la iba a dejar en la calle. Tuve que dejar de trabajar para atenderla”.
Estudios recientes, realizados en septiembre de 2025, determinaron que su hija mayor sufría una discapacidad de un 82%. Mentalmente era una niña con una edad de 10 años. “Mi hija está con la necesidad de una residencia adaptada a su discapacidad. He presentado un proyecto al ayuntamiento de Córdoba para ese cambio. Una salud mental sana. Porque ¿Quién no necesita ser escuchado?”.
Estando ingresada en el hospital, su hija mayor también sufrió violencia de género por parte de otro residente que está ahora mismo en libertad y María Isabel ha presentado una denuncia contra el centro hospitalario por permitir que esto ocurriera. “Mientras mi hija estaba ingresada un compañero de ese ala del hospital, al que dieron el alta, con la ayuda de un amigo, se hizo pasar por un familiar y sin haber una supervisión ni un protocolo dentro del centro sanitario, sacaron a mi hija del edificio y abusaron de ella en los jardines del propio hospital”. Al tener conocimiento de estos sucesos, acudió a la policía a
poner una denuncia en nombre de su hija. “No me lo permitieron, aún presentando el informe de su discapacidad, que ratifica que no tiene una capacidad mental de una mujer de su edad, sino de una niña”. En la Comisaría de Policía de Córdoba le informaron que existe la opción de que ella podía actuar en nombre de su hija para realizar la denuncia. “Viéndome incapacitada, ignorada, con mucho dolor. Lo que pude hacer al otro día era poner una reclamación al hospital. Pedir una reunión, pedir la realización de una analítica, donde se detectó una infección bacteriana por ese abuso, y ahora ella está en tratamiento”. A estos problemas se suma, además, su falta de medios económicos. “Porque todo era de pago. Llegué a los juzgados, y todos los organismos y asociaciones me decían que presentara una denuncia. Yo no podía denunciar, tenía que hacerlo mi hija por ser mayor de edad. Pero algo me decía que tenía que seguir luchando”. Acudió a los juzgados, habló con Fiscalía, con el Decanato. “Gracias a una información de la abogada del Instituto de la Mujer me puse en contacto con el fiscal de discapacidad. En esa reunión me dijo que podía denunciar los actos. Pero ya había pasado un mes de un proceso largo buscando información y buscando apoyo y aliento para mi situación familiar”.
María Isabel acudió a la policía a poner una hoja de reclamación. “Me intentaron convencer para no poner la denuncia, porque no se tenía que saber esto. Luego tuve una respuesta de la policía que me dio más fuerza porque pedían disculpas por esa mala atención. Disculpas aceptadas, porque todo el mundo tiene derecho a equivocarse, y quien no piense así que tire la primera piedra”.
Ha puesto una querella por negligencia médica y policial. En la actualidad está esperando respuesta a sus denuncias contra el hospital y contra la policía. “Mi hija tiene un grado dos de dependencia, y reclamo al hospital la falta de atención. Que tienen que estar ahí para buscar entre todos un lugar en el cual mi hija pueda ser atendida y pueda crecer, porque estoy convencida que con apoyo y herramientas mi hija puede mejorar mucho más”.
Ella, que ha sufrido dos estados de violencia de género, sobre su persona y sobre sus dos hijas, exige estudios más profundos y mayor grado de mediación e implicación social e institucional. “Un estudio de parejas con hijos. Un cambio, porque la burocracia está provocando desequilibrio. Quien más lo sufren son los niños, con cambios de ciudad, miedos e inseguridades. Todas esas emociones afectan al niño, y puedo dar fe de ello, dado que mi hija, por falta de recursos, y por esos miedos, esas inseguridades que yo tenía en mi persona, sufrió un agravamiento de su estado. Todo eso se le transmití a los niños. Y necesitamos un mundo mejor”.