Conversaciones con García Alcaina
Entrevista al presidente de la Diputación Provincial de Almería

José Antonio García Alcaina, presidente.
Decía Manuel León, en una crónica quirúrgica y decimonónica sobre la figura del nuevo presidente de la Diputación de Almería, que García Alcaina viene del frío. Sí, viene del pueblo de los inviernos serios. Viene de un sitio con nombre bíblico, de pequeñas huertas y enormes latifundios, de cortijos situados en páramos anchos, de aljibes y de tractores, de graneros, de arquitectura recia y sencilla, de ermitas y caminos pedregosos. Viene García Alcaina de un lugar que parece pintado por Cervantes en la Castilla mesetaria, donde en verano hay respiro y hay sombra y hay veladas de vecinos que charlan de la vida al fresco y miran el cielo estrellado y saben por dónde pasa el satélite del tiempo. Puro, desafiante, poliédrico. De paisanajes sencillos, gentes tranquilas y leales, de campos apaisados donde el ganado y la agricultura, el misticismo y la cultura tradicional son el reflejo de un eclecticismo bañado por la historia neolítica, romana, árabe y cristiana.
Allí, en la posada del frío, en el hogar de la Almería más castellana, se encienden lan chimeneas como un rito social que preludia el crepúsculo cuando llega la hibernación y allí, a veces, en el cobijo de García Alcaina, la nieve blanquea los campos y los cerrezuelos y las ramblas y hasta las águilas buscan el calor de un nido. De María sale cada mañana en coche el presidente de la Diputación, el primer mandatario que asume el cargo con el rol identitario de ser alcalde de un pueblo que apenas sobrepasa las 1.200 personas. Vive allí, cena allí, duerme allí, desayuna allí, salvo cuando la agenda se pone fea.
Sabe José Antonio García Alcaina de dispersión porque María es una provincia en miniatura. Su clima mediterráneo, mas también continental, ha infundido en el presidente un carácter sereno, equilibrado, entre dos aguas, como ese Guadalquivir que reclama Cañadas de Cañepla; su término municipal abierto -García Alcaina tiene la puerta abierta de su despacho-, variado y diseminado ha inspirado en él un ideal de gobernanza que sitúa el eje en los pueblos; y, más aún, en las aldeas y cortijadas, donde viven abuelos octogenarios que aún agachan el espinazo para garabatear la arena con la azada y se resisten a rendir culto al bosque de asfalto donde campan muchos de sus hijos.
Pelo rapado y estampa delgada, con aires de deportista retirado que sigue cuidando el esqueleto, el alcalde-presidente de la provincia es un tipo normal y astuto que sabe de datos, un técnico en Telecomunicaciones que un día llegó por casualidad a la Carretera de Ronda para gestionar el área de Deportes de la Diputación, un ensayo clínico donde el diputado trabaja codo con codo con los funcionarios y los funcionarios con los alcaldes y los alcaldes con los concejales y los concejales con el diputado y el diputado con los clubes y las asociaciones y los deportistas en un círculo virtuoso que convierte la institución en un ágora para la democratización de la vida saludable.
El área de Deportes me ha dado mucho conocimiento de la provincia de Almería y mucho contacto con alcaldes y concejales de Deportes. Eso te da una visión más estratégica para asumir esta responsabilidad.
Le pregunto cómo ha sido el aterrizaje: del barrio de la Bola Azul a Navarro Rodrigo.
Yo siempre digo que no ha sido un aterrizaje, sino un cambio de pista, no. Ehh, la verdad es que ha sido todo muy cómodo, muy sencillo; primero, porque los funcionarios y el personal laboral y los gabinetes lo han facilitado todo; y segundo, porque yo conozco la casa desde hace tiempo, estaba en el equipo anterior, era diputado de Deportes, vicepresidente. Cambiando de despacho, pero muy ilusionado.
Cuando suena el despertador de García Alcaina, tan temprano que no se han despabilado ni las águilas de la sierra de los Vélez, el presidente de la Diputación está en la casa de siempre. Quizás eso imprime carácter, le sugiero.
El objetivo principal de la Diputación de Almería es asistir a los pueblos. El que un alcalde de un pueblo pequeño sea presidente de la Diputación le va a dar una impronta especial a la gestión y, sobre todo, va a tener una sensibilidad especial con esos municipios para conocer las foralezas y debilidades con respecto a los servicios e inversiones que se prestan. Yo dije en mi discurso de investidura que vamos a seguir trabajando por los alcaldes y por los pueblos pequeños porque creemos que las diputaciones son necesarias para su supervivencia.
Hay políticas que no dan votos; de esas invisibles, pero imprescindibles en una sociedad en la que el poder está en la información. Esto va de Big-Data.
El primer gran proyecto es crear una gran oficina de datos para todos los municipios. El éxito en la gestión pública requiere de planificación, de estrategia y una buena hoja de ruta. Y eso pasa por la información. Hoy en día es sencillo crear un cuadro de mando para que un alcalde tenga a su alcande todos los servicios que se prestan y luego tomar decisiones que redunden en la mejora de la calidad de vida.
Almería superará muy pronto, quizás en uno o dos años, los 800.000 habitantes. Nacen más personas que mueren y este factor demográfico es un indicador de la lozanía y la pujanza de la provincia. Solo en Madrid y Murcia sucede algo parecido. En el resto de provincias hay más defunciones que partos. García Alcaina observa un reto en este proceso imparable.
Otro de los proyectos es el proyecto ‘Almería, un millón’. Somos la provincia que más crecimiento está experimentando a nivel demográfico de toda Andalucía y la Diputación tiene que jugar un papel protagonista e intentar vertebrar para que ese crecimiento se produzca en los pueblos.
El Murec fue un impulso del anterior presidente, Javier Aureliano García. En ciernes hay otro no menor: recuperar el lugar que inspiró a Lorca y fundir ese escenario, hábitat de cineastas, en la casa del cine de la provincia. Y de Carmen de Burgos.
Desde hace años, la Diputación está haciendo un grandísimo trabajo en la recuperación de patrimonio. Ya se está redactando el plan director del Cortijo del Fraile y pronto lo rehabilitaremos y lo dotaremos de contenido cultural.
García Alcaina tiene un defecto: es del Real Madrid. Sus deportes son el fútbol y la raqueta: tenis y pádel. Es católico, coherente con su fe. Un lugar para descansar: el Pico de la Burrica, en María. Estudió en un colegio público donde el maestro era una institución. Un valor: la lealtad. Una imagen: la Virgen de la Cabeza. Un juego de niño: dar puntapiés a una pelota. Y un sueño en la gestión:
Que el día que deje la presidencia, que espero sea dentro de mucho tiempo, haya mejorado la calidad de vida de los almerienses.
Unas piedras, entre musgos verdes, donde la nieve ronda de cuando en cuando, coronan el Alto de la Burrica y sus 2.033 metros de altitud. Desde allí se contempla una Almería andaluza, levantina, castellana. Una Almería hija de muchos. Por allí se pierde cuando puede José Antonio García Alcaina, recordando alguna hazaña de tarde de verano con aquellos amigos de la escuela mixta que buscaban emociones con la imaginación de Tom Sawyer y la astucia de Huckleberry. Donde cada rambla era un Misisipi.