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El pintor más joven del MUREC: "Ya no puedo pagarme mis cuadros"

Eduardo Urdiales es el pintor almeriense más joven del Museo del Realismo Español Contemporáneo

Eduardo Urdiales, junto a una de sus obras.

Eduardo Urdiales, junto a una de sus obras.

Melanie Lupiáñez
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En un contexto artístico dominado por la inmediatez, la sobreproducción y la urgencia por estar visible, Eduardo Urdiales ha construido una trayectoria basada justo en lo contrario: la lentitud, la observación y el trabajo minucioso. A los 28 años expone su obra en el Museo del Realismo, MUREC, siendo el pintor almeriense más joven entre grandes maestros como Antonio López o Plensa. Su obra puede visitarse hasta el próximo 11 de enero, forma parte del I Certamen Jóvenes artistas realista españoles.

Utiliza la técnica mixta casi íntegramente en blanco y negro, propone un diálogo pausado con el espectador y una reflexión constante sobre la vida contemporánea, la aceleración del tiempo y el desgaste emocional de una generación que vive siempre en tránsito.

Desde su estudio en Málaga, Urdiales desarrolla un lenguaje figurativo muy personal, donde la luz articula escenas cotidianas cargadas de tensión y desdoblamientos. Sus dibujos exigen tiempo, tanto en el proceso de creación como observación. El artista reflexiona sobre su método de trabajo, su relación con el mercado del arte, las galerías y la necesidad de sostener una práctica honesta en un sistema a menudo hostil.

Tu obra se reconoce fácilmente por el uso exclusivo del blanco y negro. ¿Por qué tomas esa decisión tan radical?

Porque necesitaba imponerme una restricción. El color, para mí, empezaba a ser un elemento que distraía. Al eliminarlo, puedo centrarme en lo que realmente me interesa: la luz, las formas y la atmósfera. En vez de sentirme limitado, ahí es donde siento más libertad.

La iluminación en tus piezas remite claramente al barroco.

Sí, es una referencia muy consciente. Desde pequeño me ha interesado mucho cómo el barroco utilizaba la luz para generar emoción y dramatismo. No se trata de copiar una estética, sino de entender la luz como un elemento narrativo fundamental.

Tu proceso de trabajo es largo y muy meticuloso. ¿Cómo se construye una obra desde el inicio?

Empieza siempre con fotografía. Hago sesiones muy controladas, normalmente en espacios cerrados o de noche, donde puedo dominar la luz. Suelo hacer cientos de fotos en plano fijo y, a partir de ahí, genero las superposiciones que luego se traducen en el dibujo. Solo la ejecución de un formato medio puede llevarme un par de semanas.

Esa lentitud choca con las exigencias del mercado.

Totalmente. Muchas veces vivo saturado de producción para galerías, porque mi ritmo no es rápido. Pero no quiero acelerar el proceso. Si lo hago, la obra pierde sentido. Prefiero producir menos y mantener la coherencia.

En tus trabajos aparece de forma recurrente el cansancio contemporáneo.

Es inevitable. Vivimos acelerados, alienados, siempre pensando en lo siguiente. Yo intento que mis obras obliguen al espectador a salir de ese ritmo, aunque sea durante cinco o diez minutos. Que no pase de largo.

No sueles explicar de manera cerrada el significado de tus piezas.

Porque no me interesa imponer una lectura. Yo puedo estar hablando de una crisis personal o de una pesadez vital, pero otra persona puede verse reflejada desde un lugar completamente distinto. Si explico demasiado, le quito espacio al espectador.

Has dicho en alguna ocasión que tu obra funciona como un diario.

Sí, muchas piezas nacen de cosas que no puedo expresar con palabras. Problemas propios, situaciones de gente cercana, momentos concretos. El dibujo se convierte en una forma de soltar peso, de hacer algo catártico.

Antes de vivir del arte, trabajaste en muchos otros ámbitos.

En casi todo: hostelería, comercio, limpieza… Trabajaba muchas horas y luego llegaba a casa a producir. Fue una etapa muy dura, con mucho cansancio y poco descanso, pero tenía claro que no quería quedarme ahí.

¿Cuándo empieza a cambiar la situación profesional?

Desde hace dos años, tuve un padrino que se interesó por mi trabajo y su galería empezó a seguirme por redes sociales, @eduurdialesart. No lo dudé y mandé un correo con mi dossier a la galería. Cuando empiezas a trabajar con galerías que apuestan de verdad por ti. Ahí los precios se estabilizan, las ventas se vuelven más constantes y puedes empezar a dejar otros trabajos. Pero llegar hasta ahí implica años de correos, rechazos y mucha paciencia. Hoy en día no puedo pagar mis propios cuadros.

No parece que los premios o concursos sean tu prioridad.

No especialmente. Los concursos están bien, pero lo que realmente sostiene una carrera es vender obra y poder seguir produciendo. Mi objetivo es tener estabilidad suficiente para trabajar con libertad.

También das clases y acompañas a artistas jóvenes.

Sí, porque a mí me ayudaron. Tuve padrinos que me apoyaron sin pedir nada a cambio. El mundo del arte es muy individualista y bastante cruel, así que si puedes facilitarle el camino a alguien que vale, creo que es importante hacerlo.

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