La almeriense que ha recibido un premio CaixaBank por su centro de rehabilitación infantil
Lidia Parra dirige Arenas de Mónsul, un proyecto que acompaña cada año a más de 150 familias con niños con alteraciones neurológicas y de movilidad

Lidia Parra, fisioterapeuta pediátrica en Arenas de Mónsul
Hay personas que construyen sin hacer ruido. Paso a paso. Con la calma de quien avanza sin necesidad de demostrar nada, pero con la firmeza de quien nunca se detiene. Sostienen mundos ajenos mientras siguen levantando el suyo propio. Hablan sin alzar la voz, pero cada palabra deja huella. Tienen esa mezcla extraña de serenidad y fuerza que solo aparece cuando haces lo que amas y lo haces bien.
Una de esas personas es la almeriense Lidia Parra. Su determinación discreta la ha llevado a recibir el Premio A Profesional Autónoma de CaixaBank en Andalucía, que reconoce a mujeres capaces de transformar una vocación en un proyecto sólido y con impacto. Desde Almería, donde comenzó, hoy lidera un equipo que acompaña a más de 150 familias cada año en la provincia.

Lidia Parra con su Premio A Profesional Autónoma de CaixaBank
De un sueño personal a un proyecto referente
Su camino empezó mucho antes de levantar persianas o firmar papeles. Mucho antes de los horarios o los protocolos. “Siempre he ido buscando mi vocación”, recuerda en una charla con LA VOZ. Estudió Magisterio. Después Fisioterapia. Y muy pronto supo que su lugar estaba junto a los niños con alteraciones neurológicas y de movilidad. Lo decidió sabiendo que tenía una discapacidad visual y, precisamente por eso, avanzó. Desde esa certeza comenzó a moldear lo que hoy es Arenas de Mónsul: primero como un proyecto íntimo, casi artesanal, y después como una red de apoyo que ha crecido con ella.
Arenas de Mónsul es un centro de rehabilitación infantil. Un espacio especializado en el acompañamiento de bebés, niños y familias que viven con dificultades neurológicas, motoras o del desarrollo. Allí no solo se aplican tratamientos: se acompaña, se orienta, se construyen rutinas y comunidad. Un entorno pensado para que los niños avancen y para que sus familias, por fin, respiren.
Aprender a liderar
No todo ha sido vocación. También ha habido vértigo. Pasó de trabajar sola a dirigir un equipo de catorce personas. Y ese salto —reconoce— fue el más difícil de todos. “Lo que más me ha costado no ha sido la parte técnica, sino aprender a caminar en el terreno empresarial”, admite. Tuvo que formarse en gestión, liderazgo, organización, protocolos… Aprender a ver su proyecto no solo como un lugar de cuidados, sino como una empresa que debía sostener a quienes trabajaban en ella.
“Cada día sigo aprendiendo, pero ahora todos remamos en la misma dirección, con una misma filosofía de trabajo”, dice. Habla con orgullo de ese equipo que comparte valores y compromiso, porque sabe que sin ellos nada de esto existiría. Encontrar a esas personas, asegura, ha sido uno de los mayores logros de estos años.

El Centro Arenas de Mónsul
La familia en el centro
Cuando habla de su día a día, la voz se le suaviza. Se le nota en el gesto, en cómo se detiene un segundo antes de responder. “Aquí [en Arenas de Mónsul] me siento como pez en el agua”, confiesa. Le apasiona trabajar con los más pequeños, jugar con ellos en la colchoneta, enseñar a sus familias cómo ayudarles a sentarse, a gatear, a ponerse de pie, a moverse según cada etapa.
Porque en Arenas de Mónsul nada se hace solo con el niño: todo se hace con la familia. “A veces la sesión es tanto para el niño como para los padres. La familia necesita entender lo que le pasa a su hijo y estar dentro, ser parte de ese proceso”, explica. Sonríe al recordar a una madre de esta misma mañana: “La sesión fue para ella”. En esas pequeñas conquistas encuentra el sentido de todo.

Lidia Parra con uno de sus pacientes
Un reconocimiento que llega a tiempo
El premio de CaixaBank ha sido, para ella, una pausa en medio del ritmo constante. Una oportunidad para respirar hondo y mirar lo construido. “Cuando te implicas tanto, a veces sientes que dejas otras partes de ti en segundo plano: la mujer, la madre, la amiga…”, reconoce. Durante años volcó toda su energía en el proyecto, dejando que otras facetas quedaran a la espera.
Recibir este reconocimiento le ha servido para detenerse y ver el camino andado con otros ojos. “Ha sido como escuchar: lo estás haciendo bien”, resume. Y añade con emoción: “No lo hago sola. Tengo un equipo maravilloso: Quique, Melani, Alberto, Sara, Alejandra, Natalia, Tamara… Esto es de todos”. También recuerda con gratitud a Ana Fuentes, de InterActúa, y a Fundación ONCE, que han sido parte del impulso que le permitió llegar hasta aquí. Esa forma de entender el liderazgo —como algo compartido— es la que sostiene Arenas de Mónsul.
Tras este reconocimiento a nivel andaluz, su proyecto competirá ahora con el resto de ganadoras territoriales por el galardón nacional del Premio A Profesional Autónoma de CaixaBank. Lidia admite que no ha imaginado qué pasaría si lo ganara: para ella, lo importante es el camino recorrido y la posibilidad de enriquecerse con otras mujeres emprendedoras con trayectorias distintas. “No busco ganar, sino aprender de ellas para mejorar en lo mío”, resume.
Un mensaje para otras mujeres
Mira hacia adelante con la misma determinación con la que ha llegado hasta aquí. Quiere que Arenas de Mónsul siga creciendo, pero sin perder su esencia: estar al lado de las familias. “El problema no es la discapacidad, sino no saber cómo actuar. Nuestro trabajo es dar herramientas, aliviar, hacer que entiendan a sus hijos y que puedan vivir felices con sus complicaciones”.
Esa misma filosofía la llevó a fundar ASEMDIS (Asociación Emprendimiento y Discapacidad), junto otros compañeros, una asociación para visibilizar el emprendimiento desde la discapacidad y apoyar a otras mujeres que quieren dar el paso. Tiene algo menos de un 10% de visión, pero eso nunca le impidió avanzar. “Emprender con discapacidad es diferente, pero posible”, afirma con serenidad firme. “Fallar no es fracasar, es aprender. No es fácil, pero es apasionante. Y hay que rodearse de gente que crea en ti”.
Llegar con todos
Cuando habla de su equipo, de sus hijas, de las familias que pasan por sus centros, aparece una luz distinta en su rostro. Es entonces cuando resume todo lo que ha aprendido en este camino. “Lo importante no es llegar sola, sino llegar con todos los que confían en ti”.
Porque ese es, al final, el verdadero triunfo de Lidia Parra: haber creado un lugar donde nadie camina solo. Un espacio donde cada avance, por pequeño que parezca, es una victoria compartida. Y donde el futuro no se construye a solas, sino de la mano.