Las obras del "nuevo" Paseo: Los parterres y la fuente, ¿dos errores corregidos?
Carta del director

El Paseo de Almería.
Lo peor es creer que se tiene razón por haberla tenido. El verso es de José Angel Valente en su “Melancolía del destierro” y debería estar escrito en el espejo en el que quienes toman decisiones se miran cada mañana. Si algo ha demostrado la historia del comportamiento humano es que el mayor error no es equivocarse: el mayor error, el peor error, es no rectificar por creer que otras veces se acertó.
La decisión de corregir la superficie de los parterres en el Paseo de Almería rectifica el error inicial y debe saludarse desde el acierto. Los diseños sobre el papel son siempre líneas embellecidas por la falsa tecnología el Photoshop y, solo cuando aquel diseño que tan bello pareció en la pantalla del ordenador se hace carne sobre el asfalto de la realidad, es cuando se percibe con nitidez el error o el acierto.
El Paseo- o mejor: las obras del Paseo- prosiguen su ritmo con la ausencia de puntualidad en el cumplimiento de los plazos previstos que acredita cualquier obra pública. Nadie que no estuviese instalado en la conmovedora ingenuidad de la fe en el cumplimiento de los tiempos contemplados para cualquier obra pública podría pensar que el proyecto estaría terminado en tiempo y forma. He escrito conscientemente en tiempo y forma porque, llegados a esta realidad, no habría que preguntarse si, ya que el proyecto no se está cumpliendo en ´tiempo´, quizá también se debería aprovechar para que ese incumplimiento afectara a las ´formas´.
Poner a los almerienses de acuerdo en algo es un ejercicio condenado al desencanto de fracaso. Pero si hay dos cuestiones en las que mayoritariamente están de acuerdo es en el efecto perturbador que suponía el mantenimiento de la superficie prevista para los parterres y en la temeridad de convertir el recurso estético de una fuente en la Puerta de Purchena en una poza vulgar y con un diseño más cercano a una escena típica del Brooklin cinematográfico cuando se rompe una tubería y los niños chapotean alborozados a su alrededor. ¿Alguien que conozca la ciudad y a quienes la habitan duda que esa imagen de refrescante jolgorio acabará formando parte de la estética habitual en ese espacio tan singular?
Si hemos contemplado con pasmo cómo un tipo sin escrúpulos ni vergüenza llevaba en brazos Paseo abajo un reno decorativo de la Navidad, ¿quién está en condiciones de asegurar que en cualquier mediodía del permanente ferragosto almeriense no serán decenas los que, caminando Paseo arriba, se encuentren con una poza en la que buscar amparo para sofocar el agobio del calor que les incomoda?
Mantener la fuente- o poza- de la Puerta de Purchena tal y como está diseñada es la plasmación plástica (y nunca mejor empleada esta palabra) del cervantino “Sostenella y no enmendalla”. La supresión del geiser inicial ha sido un acierto, pero la mejora no debe quedar ahí. Partiendo de lo que hay habría que buscar y encontrar una modificación que eliminara la percepción de charco permanente que tienen la mayoría de los ciudadanos que pasan por Puerta Purchena.
Desconozco si el diseño aprobado ha de cumplirse con milimétrica pulcritud; si el estudio que lo ha hecho puede exigir su plasmación sin ningún tipo de excepciones. No lo sé.
Lo que si sabemos los ciudadanos es que la fuente no gusta, que no embellece, que no contribuye a la estética que todos deseamos para ese “pasillo” común de la casa de los almerienses que es el Paseo y que, si antes iba desde la Puerta de Purchena hasta la Plaza Circular, ahora va a llegar hasta el Puerto en un acierto que lo hará más bello, mas transitable, mas acogedor y del que, cuando pase el ruido y la incomodidad de las obras, todos celebraremos.
La alcaldesa ha tenido el valor de enfrentarse a un reto- peatonalizar el Paseo- que el temor había aplazado hasta ahora, ¿qué impide dar un paso mas y corregir, para mejorar, lo proyectado? Pues aplíquense a ello quienes tienen en sus manos corregir lo desacertado. Y hacerlo sin dramatismos.
De las muchas disputas dialécticas que mantuve con ese gran almeriense que fue Fausto Romero recuerdo cómo, para poner fin a la discrepancia, recuperaba siempre los inteligentes versos de Zorrilla en los que afirmaba con convicción que “quien me critica no me aflige, me hace un favor quien me corrige”.
El Paseo va a ser, como lo fue antes, como lo es ahora la Rambla o el Paseo Marítimo, un lugar hermoso que servirá de espacio de encuentro para las presentes y futuras generaciones de almerienses de la capital y de la provincia. Mantengamos esa esencia. Que se corrija lo que haya que corregir y que quienes tienen la posibilidad- ¿y la obligación, quizá? - de hacerlo, lo hagan no desde la errónea percepción de una derrota, sino desde la convicción de que, como escribía al principio, el peor error no es equivocarse, el peor y mayor error es no rectificar.