Corazón Ucraniano: solidaridad desde Almería con los niños de la guerra
La entidad, integrada por 35 voluntarios, colabora con la fundación Happy Child y destina parte de la recaudación de sus actividades solidarias a huérfanos y menores enfermos en Ucrania

Voluntarios de la asociación 'Corazón Ucraniano' de Almería.
La población ucraniana en Almería se ha triplicado desde la invasión rusa de 2022 y el inicio de una guerra que parece lejos de terminar y que, sin embargo, cada vez ocupa menos espacio en la actualidad informativa. En la actualidad serían más de 5.100 los ciudadanos de este país que viven en la provincia, según la asociación Corazón Ucraniano, que nació en 2023 en Almería con la intención de ayudar a estos miles de refugiados, pero también a quienes sufren en su país los efectos de la guerra, sobre todo a los más vulnerables, como son los niños.
La organización quiere igualmente evitar que el conflicto caiga en el olvido, participando en manifestaciones de apoyo a su país frente a la invasión rusa. “El problema es que la gente se olvida, pero España debe tener muy presente que la guerra de Ucrania está más cerca de lo que se cree, y que nuestro país está actuando como un escudo para toda Europa”, explica Artur Kharyuk, presidente de la asociación.
Artur vive en Almería desde 2006, mucho antes del inicio de la guerra. Cuando estalló el conflicto, no dudó en ofrecerse como voluntario para apoyar a los suyos, y formó parte de la expedición de dos autobuses que logró traer a la provincia a los primeros cien refugiados. En ese tiempo formaba parte de la Asociación Ucranianos de Almería, que se disolvió en 2023, año en el que asumió la presidencia de Corazón Ucraniano. En total, ambas organizaciones han ayudado a traer a Almería a unas 1.500 personas de su país, según sus cálculos.
Corazón Ucraniano está formado hoy por 35 voluntarios que no reciben ninguna compensación económica, más allá de la satisfacción personal de contribuir a la causa, que no es otra que prestar apoyo a sus compatriotas en Almería y a quienes continúan padeciendo las consecuencias del conflicto en Ucrania.
Desde 2024, la asociación colabora con la fundación ucraniana Happy Child, que ayuda a menores enfermos, a hospitales infantiles y a huérfanos y niños de la guerra en general. Buena parte de los fondos obtenidos en sus actividades se destinan a este fin. Estos días, el colectivo prepara ya una nueva edición de su celebración navideña al estilo ucraniano, un encuentro en el que la gastronomía y las actividades sirven también para recaudar fondos. La organización destina a la fundación el 80% de lo obtenido en esta actividad.
Facilitar la integración
Otra parte de sus esfuerzos se dedican también a facilitar la integración de los miles de ucranianos que han llegado a la provincia desde el inicio de la invasión rusa. “Cuando trajimos los primeros dos autobuses, me cambió el chip”, recuerda. A partir de ahí comenzó a ayudar con los trámites, la búsqueda de recursos y la integración de las familias, con iniciativas de formación y aprendizaje de idiomas. La asociación ha firmado un convenio con la Universidad de Almería y prevé establecer nuevas colaboraciones con distintas administraciones para ampliar las oportunidades formativas de la comunidad ucraniana. La organización destaca sus buenas relaciones con el Ayuntamiento de la capital, con el que gestiona la búsqueda de un local propio, porque hasta ahora solo dispone de un almacén alquilado donde guarda las diferentes donaciones que recibe, como ropa y alimentos, entre otros materiales.
Otra de sus gestiones ha sido conseguir que el consulado de Ucrania en Málaga se traslade periódicamente a Almería para realizar trámites. Según explica Artur, las visitas se repiten aproximadamente cada mes o mes y medio, lo que evita que los ciudadanos tengan que viajar hasta Málaga para resolver asuntos consulares.
Él también puso en marcha grupos de WhatsApp y Telegram para mantener el contacto con los refugiados y sus familiares, que necesitaban saber cómo se encontraban sus seres queridos. “Prácticamente todos tenemos algún familiar combatiendo. Yo, por ejemplo, tengo muchos que han muerto en la guerra”, afirma Kharyuk.
A sus 37 años, el presidente de la asociación trabaja en la agricultura y la construcción, y asegura que la mayoría de sus compatriotas también están tratando de integrarse y encontrar empleo, fundamentalmente en estos mismos sectores, pero “nunca vivir de la paguita”, bromea.
Aunque lógicamente también puede haber personas que deseen volver a su país, Artur cree que en la práctica lo tendrán complicado: “Muchos de los que están aquí lo han perdido todo, sus negocios, sus casas, todo está destruido y no tienen dónde volver”, se lamenta. De los 100 primeros que llegaron a Almería, por ejemplo, dice que 70 siguen aquí y el resto han vuelto.
Agradecidos
También asegura que la mayoría de los ucranianos están agradecidos con el recibimiento en la provincia desde el primer día, cuando muchas personas llegaron incluso a abrir las puertas de sus casas para acogerles. El perfil del refugiado ucraniano en Almería, señala, es el de una persona de entre 25 y 40 años, y precisa que una gran parte son “mujeres con sus hijos”.
Aunque los últimos datos del Gobierno sitúan en algo más de 4.100 los ciudadanos de este país residentes en la provincia, la asociación calcula un millar más, teniendo en cuenta a quienes aún no están empadronados.
En su mayor parte, residen en la capital y Roquetas de Mar, aunque también hay colonias relativamente numerosas en otras poblaciones, como El Ejido, Adra o Níjar. Entre ellos se encuentran también “alrededor de un millar de niños escolarizados en centros de toda la provincia”, concluye Artur.