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Roquetas de Mar

Un mítico bar de marisco en Aguadulce cambia de manos pero no de cocina: "La ensaladilla sigue siendo la estrella"

Aurelio y Flori toman las riendas de El Caladero en Aguadulce, conservando los sabores y las recetas que lo han convertido en un referente durante más de dos décadas

Flori y Aurelio son los nuevos gerentes de el mítico bar de marisco de Aguadulce: El Caladero.

Flori y Aurelio son los nuevos gerentes de el mítico bar de marisco de Aguadulce: El Caladero.Marina Ginés

Marina Ginés
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En un rincón privilegiado del Paseo Marítimo de Aguadulce, donde el Mediterráneo hay un establecimiento que forma parte de la memoria gastronómica de miles de almerienses. "La gente viene de la playa y la primera parada antes de irse a su casa, es pararse en la terraza de El Caladero". El motivo no es otro que el de tomarse uno de sus aperitivos de marisco fresco, así lo aseguran sus nuevos dueños que han visto como la clientela le cuentan que llevan más de dos décadas realizando ese mismo ritual cada verano.

El Caladero no es un negocio cualquiera. Es el único cocedero de marisco de la provincia de Almería y, desde hace más de veinte años, ha sido parada obligatoria para quienes buscan producto fresco, recetas de siempre y ese ambiente familiar que cada vez resulta más difícil encontrar.

Uno de los platos de marisco de El Caladero en Aguadulce.

Uno de los platos de marisco de El Caladero en Aguadulce.La Voz

Ahora, tras más de dos décadas de historia, El Caladero inicia una nueva etapa. El relevo generacional ha llegado de la mano de Aurelio Visan y Flori Buliga, una pareja de hosteleros que ya era conocida en Aguadulce por su trabajo al frente de Café Bar Des Amis, un establecimiento que ha sabido ganarse una clientela fiel gracias a una propuesta basada en tapas de distintos rincones del mundo y un trato cercano que se ha convertido en su principal seña de identidad.

Sin embargo, hacerse cargo de un negocio con tanto arraigo no era una decisión sencilla. El Caladero no es solo un restaurante o un cocedero; es una institución gastronómica en Aguadulce. Cada mesa, cada receta y cada cliente habitual forman parte de una historia construida durante años. Por eso, cuando surgió la oportunidad de asumir el reto, las emociones estuvieron presentes desde el primer momento.

"Es como si nos hubiera tocado la lotería", explica Aurelio Visan con una sonrisa que refleja la mezcla de ilusión y responsabilidad con la que afronta esta nueva aventura empresarial. "Sabíamos que era un paso importante y también arriesgado, porque El Caladero tiene una clientela muy fiel y una identidad muy marcada, pero precisamente por eso merecía la pena".

La prueba de fuego: la ensaladilla de gamba

Si hay un plato capaz de resumir la historia de El Caladero, ese es sin duda su famosa ensaladilla de gamba. Durante años ha sido el producto más demandado y el verdadero emblema de la casa. Tanto es así que los nuevos propietarios sabían perfectamente que el futuro del negocio iba a medirse, en buena parte, por la reacción de los clientes habituales ante esta receta.

Y la prueba no tardó en llegar. "Los clientes de toda la vida entraban por la puerta y directamente me pedían la ensaladilla", recuerda Aurelio entre risas. "Yo estaba expectante porque sabía que ese era el examen más importante. La probaban, se miraban entre ellos y cuando comprobaban que era exactamente la misma receta original seguían pidiendo más. Ahí entendimos que íbamos por el buen camino", comenta Aurelio entre risas.

La clave para conseguirlo ha sido mantener intacta la esencia que convirtió al establecimiento en un referente. No se trataba de reinventar El Caladero, sino de conservar aquello que durante más de veinte años había conquistado a vecinos, turistas y amantes del marisco de toda la provincia.

"La gente viene buscando los sabores de siempre. Nosotros no queríamos cambiar eso. Al contrario, queríamos protegerlo", señala el nuevo propietario.

Flori, la guardiana de las recetas

Detrás de esa continuidad hay una figura fundamental. Aurelio no duda ni un segundo en señalar a su mujer, Flori Buliga, como la gran responsable de que los platos sigan sabiendo exactamente igual que siempre.

"La enhorabuena hay que dársela a ella", afirma mientras señala a su compañera de vida y de trabajo. "Flori ha sido capaz de mantener la auténtica esencia de las recetas. Ha puesto muchísimo cariño y muchísimo esfuerzo para que los clientes sigan encontrando los sabores que recuerdan desde hace años".

Esa fidelidad al producto original ha sido una de las claves para que la transición se haya producido con naturalidad. Muchos clientes habituales reconocen que apenas han notado el cambio de propietarios. Siguen encontrando el mismo ambiente cercano, las mismas recetas tradicionales y esa sensación de estar en un lugar donde todo el mundo se conoce.

Un referente gastronómico junto al mar

La ubicación de El Caladero es otro de los elementos que explican su éxito. Situado en pleno Paseo Marítimo de Aguadulce, frente al mar y rodeado de uno de los enclaves más concurridos de la costa almeriense, el establecimiento disfruta de un entorno privilegiado que invita a sentarse sin prisas y disfrutar de los sabores del Mediterráneo.

Durante años, vecinos de Aguadulce, turistas nacionales y visitantes extranjeros han convertido este cocedero en una parada imprescindible. Algunos llegan buscando marisco recién cocido; otros lo hacen atraídos por la fama de su ensaladilla o por el ambiente familiar que se respira en cada rincón del local. Lo cierto es que todos coinciden en algo: El Caladero forma parte de la identidad gastronómica del municipio.

Una nueva etapa sin perder las raíces

Aurelio y Flori sabían que ponerse al frente de El Caladero suponía un reto importante. No todos los días se tiene la oportunidad de continuar la historia del único cocedero de marisco de Almería y de un negocio que cuenta con una clientela tan fiel. Precisamente por eso, desde el primer momento tuvieron claro que no iban a tocar aquello que había convertido al establecimiento en un referente.

La mejor prueba ha llegado de la mano de los propios clientes. Muchos de ellos siguen entrando por la puerta preguntando por la ensaladilla de gamba, por el marisco cocido de siempre o por esos platos que llevan años formando parte de sus reuniones familiares. Y cuando descubren que las recetas siguen intactas, vuelven una y otra vez.

"Eso es lo que más tranquilidad nos da", reconoce Aurelio. "Que la gente siga viniendo, que recomiende el sitio y que nos diga que todo sigue igual". Unas palabras que resumen perfectamente el objetivo con el que comenzaron esta aventura: mantener vivo el legado de El Caladero sin renunciar a su identidad. Porque a veces el mayor éxito no está en cambiar las cosas, sino en saber conservar aquello que ya funcionaba.

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