Fotografías hechas por los migrantes de Níjar: "Aunque esté en una chabola, quiero seguir sintiéndome humano"
La exposición 'Miradas desde la chabola', ubicada en La Guajira, reúne hasta el 14 de octubre imágenes tomadas por migrantes que viven en El Hoyo

Inauguración de la exposición 'Miradas desde la chabola', en La Guajira, el pasado 12 de septiembre.
En la muestra, un gato mira al espectador. Junto a él, una cajetilla de tabaco, vacía y sucia. Aquel animal que tan poco puede significar para quien lo mira lo es todo para quien pulsó el botón de captura de su teléfono móvil. Más allá de una mascota, ese felino se ha convertido en un compañero y, sobre todo, en una manera de conservar la humanidad en un entorno extremadamente duro.
"La echó alguien que cuida a otro ser vivo porque es la única forma de sentirse humano en un lugar donde abunda la miseria", explica Fernando Plaza, enfermero y profesor de la Universidad de Almería. La imagen conecta con una idea que se repite entre los participantes: "Ahora lo paso muy mal, incluso estoy en condiciones peores que en mi pueblo, pero es algo provisional, porque conseguiré los papeles y seguiré adelante".

'Compañero en riesgo' es una de las fotografías expuestas en la muestra.
La relatada es solo una de la casi veintena de fotografías expuestas en La Guajira desde el pasado 12 de septiembre. Todas forman parte de una muestra titulada 'Miradas desde la chabola', un proyecto de investigación de la Universidad de Almería, financiado por el Centro de Estudios sobre Migraciones y Relaciones Interculturales (CEMIL) y que permanecerá colgado de las paredes del centro cultural hasta el 14 de octubre.
Una técnica diferente: fotovoz
Convertidos en fotógrafos amateur, los migrantes que subsisten en El Hoyo, uno de los asentamientos más precarios de Níjar, logran a través de la técnica de la fotovoz trasladar al espectador una mirada prácticamente desconocida. "No es la calidad de las imágenes lo que destaca, pues les pedimos que las hicieran con lo que tuviesen. La mayoría las tomaron con sus teléfonos móviles. Lo que destaca es aquello que han fotografiado, cosas que no imaginábamos importantes, pero ellos nos han demostrado que sí que lo son", cuenta Plaza.
El objetivo del estudio es analizar cómo afecta a la salud vivir en un asentamiento chabolista. A partir de dicha premisa, se les pidió a los migrantes tomar fotos de dos realidades: aquello que los daña (la basura, la falta de agua potable, el riesgo de incendio, la ausencia de electricidad...) y aquello que los protege. Es en este último bloque donde el resultado asciende a "extraordinario".
"Cada fotografía está acompañada por un 'verbatim': "Bajo las imágenes reproducimos de manera literal las palabras de la persona que la tomó. Es así cómo un olivo o una vela empiezan a tener sentido".
Los rostros tras las cifras
Aunque existen numerosos informes que tratan de cuantificar cuántas personas migrantes viven en estos asentamientos, no existe una cifra oficial y consensuada. Instituciones y asociaciones coinciden, sin embargo, en que son miles las personas que cada día tratar de salir adelante en unas condiciones de infravivienda marcadas por la precariedad.
Lejos de intentar precisar la cifra, la exposición 'Miradas desde la chabola' descubre a las personas qué hay tras los números. "Las fotos hacen pensar en quienes las han tomado: personas con sentimientos, sueños y añoranzas", resume el enfermero, para después añadir: "Gente que confía en que su situación actual es transitoria".
En una de las fotografías aparece una vela sobre dos cajas. El texto que la acompaña dice así: "Parece sencillo que alumbre con una cosa que es muy simple, que es una vela, pero eso me puede llevar a la muerte, porque con un pequeño descuido se puede encender mi chabola y morir allí (…). Sí. Arriesgo mi vida".

'Entre velas y fuego' es una de las fotografías de la muestra.
Habla Yassir, de 36 años, quien, después de pasar un año en el asentamiento, es consciente del peligro que conlleva la ausencia de electricidad dentro de un habitáculo construido con plástico y madera. "Es una imagen potente, porque muestra a la vez una necesidad básica y, al mismo tiempo, un riesgo. Pero hasta que no se lee la descripción, no la entendemos", precisa el docente de la UAL.
La materialización de la esperanza
Al igual que con la vela, ocurre también con otra de las imágenes en la que aparece una colección de productos cosméticos sobre un pequeño armario. Latifa, la mujer de 49 años que la tomó, lo explica así: "Esta fotografía yo hice porque me gusta mirar allí, porque me da felicidad ver perfumes, ver tal, me ayuda en mi estado de ánimo, aunque no esté viviendo en una casa o una villa, pero mirar hacia allí sí…me trae felicidad".
"Al mirar la imagen entiendes que no es únicamente un muestrario de cosas. Es lo que permite a Latifa tener la sensación de no estar en una chabola. Es una forma de evasión, de mantener la cordura". Así, la exposición rompe con la imagen exclusivamente victimista para mostrar no solo lo que les falta, sino también aquello que les permite conservar cierta "normalidad".

'Belleza y aroma que se contemplan' es una de las imágenes del muestrario.
En otra, un almendro. "Cuando está mal, camina unos 500 metros hasta este árbol y se sienta allí, porque en su pueblo hay muchos almendros y así piensa en su tierra. Entonces llora y luego vuelve más tranquila para seguir adelante", narra Plaza sobre la autora de otra fotografía que no solo traslada nostalgia y memoria, sino la importancia de la salud mental y la esperanza de que, al final, todo merecerá la pena. "Son imágenes muy diferentes a lo que esperábamos, a los ríos de basura y a la precariedad que creíamos que iban a retratar. Son detalles que dicen mucho más", añade.
"Nos han enseñado cómo logran mantenerse cuerdos en un entorno tan insano", reconoce el sanitario, "aunque no todas lo consiguen". Y es que, además de la falta de agua potable, la acumulación de basura, el riesgo de incendios o la ausencia de luz, también coexisten con problemáticas que van más allá de lo físico, del deterioro de las personas con el paso de los meses o del consumo de alcohol y sustancias estupefacientes.
El gran tema de fondo
En el trasfondo de 'Miradas desde la chabola' se encuentra la gallina de los huevos de oro: la agricultura almeriense. "El aumento en hectáreas de producción de los invernaderos no se corresponde con la disponibilidad de viviendas para los trabajadores", plantea Fernando Plaza, quien defiende que si existe una demanda de empleados agrícolas deberían existir también recursos para que estos puedan vivir en condiciones dignas.
Y es que el contraste resulta difícil de esquivar: a pocos kilómetros de un campo capaz de producir y exportar durante todo el año, hay trabajadores que no tienen un lugar aceptable en el que dormir cuando termina su jornada. El riesgo, advierte Plaza, es que una actividad que ha convertido a Almería en una potencia agrícola termine sosteniéndose sobre una realidad que permanece fuera de los invernaderos, pero que forma parte inseparable de ellos.

Vista aérea del asentamiento de Atochares, levantado junto al mar de plástico.
Mientras tanto, en una de las fotografías la luna asoma entre las nubes sobre El Hoyo. No hay nada especialmente extraordinario en ese cielo, pero quien la hizo encontró ahí otra forma de seguir mirando hacia delante. Quizá el futuro de quienes viven en El Hoyo sea tan incierto como ese paisaje, lleno de claros y sombras. Lo que sí aparece en sus imágenes es la voluntad de seguir buscando ese claro, por pequeño que sea, desde el que imaginar que la vida puede estar en otro sitio.