La Voz de Almeria

Níjar

Llega un verano sin motos de agua en Cabo de Gata: multas de 60.000 euros para blindar el paraíso almeriense

Tras años de presión vecinal y daños ecológicos la prohibición permanente de esta actividad se hace efectiva en todo el litoral del Parque Natural

Cala de la Batería de San Ramón, en El Playazo de Rodalquilar.

Cala de la Batería de San Ramón, en El Playazo de Rodalquilar.Francisco G. Luque

Francisco Luque Ramírez
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Se avecina un verano muy distinto, mucho más tranquilo, en un paraíso que tendrá menos motores. Tras años de denuncias por parte de residentes y colectivos ecologistas, la Junta de Andalucía dio en diciembre de 2025 el paso definitivo para blindar el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Según la resolución publicada en el BOJA (Boletín Oficial de la Junta de Andalucía), la prohibición de las motos de agua deja de ser una medida estival para convertirse en una norma permanente durante todo el año. Atrás quedan esos veranos en los que las carreras y el ruido por la inconsciencia de numerosos usuarios de estos vehículos generaba polémica un día sí y otro también. 

La vigilancia se endurece

Navegar con estos vehículos por las aguas protegidas del parque ya no solo es una infracción ética, sino un riesgo económico importante. El nuevo marco regulador, que busca la "conservación de los hábitats marinos y litorales de interés prioritario", se apoyará en una vigilancia coordinada entre los Agentes de Medio Ambiente y el Seprona, con más vigilancia y sanciones ejemplares.

Aunque la cuantía depende de la gravedad y la reincidencia, las sanciones por vulnerar la normativa de espacios protegidos en Almería pueden alcanzar los 60.000 euros, en línea con otras infracciones graves en el parque como el daño a sistemas dunares.

La Administración, además, ha confirmado que se intensificará el control en los puntos negros donde históricamente se concentraban estas embarcaciones, especialmente en calas vírgenes y zonas de baño balizadas.

Detalles de la prohibición

La resolución, publicada originalmente el 9 de diciembre de 2025, establece un marco de protección estricto que afecta a las 12.000 hectáreas de superficie marina del parque. Es decir, prohibición total de la circulación de motos acuáticas en la totalidad del litoral protegido del Parque Natural.

En cuanto a la temporalidad, a diferencia de las restricciones parciales de años anteriores, esta medida tiene carácter permanente durante todo el año, eliminando la distinción entre temporada alta y baja.

Un "abuso insoportable" para los vecinos

Como ha venido recogiendo La Voz de Almería en los últimos años, la presión social ha sido clave. La Coordinadora de Asociaciones de los Pueblos del Cabo de Gata, que agrupa a 13 entidades, calificaba la situación previa de "invasión". Los residentes han denunciado durante años el riesgo para la seguridad de los bañistas y una contaminación acústica "insoportable" que rompía la paz característica de pueblos como San José, Las Negras, Agua Amarga o La Isleta del Moro, localidad en la que los propios pescadores llegaron a dificultar la salida de estos vehículos por su rampa ante la problemática que generaban.

De hecho en una ocasión, en la playa de Monsul, unos jóvenes realizaban carreras muy cerca de la orilla, poniendo en peligro a los bañistas y algunas personas que se encontraban en el lugar recriminaron este comportamiento a los usuarios de las motos de agua. Tras una acalorada discusión, finalmente se marcharon de la orilla ante la presión de decenas de familias.

Un respiro para la Posidonia y los cetáceos

Pero no solamente será un alivio para almerienses que quieren disfrutar de su paraíso o para los viajeros que vengan a conocer el Cabo de Gata y sus encantos. Los informes científicos citados en la resolución de la Junta son demoledores sobre el impacto del modelo "motonáutico" en este entorno.

Produce estrés animal, puesto que el ruido extremo causa que las aves abandonen sus nidos y desorienta a los cetáceos, pudiendo provocar varamientos en las costas almerienses.

Por otro lado está la contaminación. Una moto de agua puede consumir más de 30 litros por cada 100 kilómetros, liberando aceites y combustibles que dañan irremediablemente las praderas de Posidonia oceánica, el pulmón del Mediterráneo.

Y no se puede olvidar la turbidez, puesto que el tránsito repetido enturbia las aguas cristalinas del Cabo, alterando la fotosíntesis de la flora marina y la calidad del baño.

Con esta medida, el Cabo de Gata busca recuperar su esencia como uno de los últimos reductos de naturaleza virgen en Europa, priorizando el silencio y la seguridad sobre el turismo de alta velocidad. Aunque la asignatura de evitar el constante paso de las narcolanchas sigue todavía pendiente y preocupa también de forma considerable a las distintas administraciones, asociaciones y vecinos.

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