El tesoro olvidado de Níjar: la necrópolis de 4.000 años que Almería está dejando morir entre invernaderos
A pesar de ser declarada Bien de Interés Cultural en 1997, el yacimiento de Barranquete sobrevive a duras penas entre el olvido institucional y el uso agrario

Imagen de archivo de la necrópolis de Barranquete.
En el corazón de la comarca de Níjar, donde el mar de plástico domina gran parte del horizonte, resiste en silencio y a duras penas uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Edad del Cobre y del Bronce en el sur de España. La necrópolis de El Barranquete, un complejo de tumbas milenarias que custodia los secretos de los primeros metalúrgicos del Mediterráneo, se encuentra hoy en una situación crítica: abandonada, sin conservación y en una superficie catalogada, para colmo, como suelo de uso agrario y arable.
Un oasis de historia entre cultivos intensivos
Ubicada en una meseta junto a la Rambla Morales y el acueducto, la necrópolis fue descubierta oficialmente en 1968 por el arqueólogo suizo Charles Bonnet. Desde entonces, las excavaciones han revelado un tesoro estructural con al menos 17 enterramientos tipo tholos (tumbas de falsa cúpula con corredor), similares a los de la famosa ciudad de Los Millares, aunque solamente se trabajó excavando en 11 de ellos hasta 1972. Desde entonces, este enclave no se ha consolidado.
La realidad a pie de campo es actualmente, y desde hace ya unos años, desoladora. A pesar de estar inscrita como Zona Arqueológica BIC desde 1997, la presión de la agricultura intensiva y la dejadez de las administraciones amenazan con borrar el rastro de nuestros antepasados. El paso de maquinaria pesada, la tractorización de los terrenos y la parcelación catastral -que aún permite el cultivo sobre restos arqueológicos- están degradando un enclave, también conocido como Haza de la Virgen, que debería ser un referente cultural en Almería.
Mil años más de historia de lo que se pensaba
Investigaciones de la Universidad de Granada (UGR) dieron un vuelco a lo que se conocía sobre este lugar. Gracias a técnicas de datación radiocarbónica, el equipo del investigador Gonzalo Aranda descubrió que la necrópolis no solo se usó a partir del Calcolítico, durante la Edad del Cobre, sino que prolongó su uso funerario durante mil años más, abarcando toda la Edad del Bronce (hasta el año 2330 a.C. aproximadamente).
Además, estudios bioquímicos realizados sobre los restos de 44 individuos revelaron detalles fascinantes sobre la vida en El Barranquete, destacando que, a pesar de la cercanía del mar no consumían pescado (su alimentación se basaba en carne, trigo y cebada) y que se detectaron en restos óseos enfermedades degenerativas como la artrosis.
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El uso de estos monumentos durante dos milenios demuestra un profundo culto a los ancestros, rompiendo con la idea de que el cambio a tumbas individuales en la Edad del Bronce supuso una ruptura total con el pasado, según indican los estudios.
Un patrimonio en peligro
Mientras los restos de cerámicas y herramientas de sílex hallados en las tumbas descansan protegidos en el Museo de Almería, las estructuras originales en El Barranquete sufren el olvido de la administración. El poblado de El Tarajal, situado justo en la orilla opuesta de la rambla y vinculado directamente a la necrópolis, apenas conserva restos visibles debido a la degradación del entorno.
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El Barranquete no es solo un conjunto de piedras; es un paisaje sagrado que permitió a las sociedades prehistóricas trascender su presente. Hoy, ese legado lucha por no quedar sepultado definitivamente bajo el peso de los invernaderos, los expolios y la falta de un plan de conservación que rescate este hito del patrimonio almeriense del abandono absoluto.