Un año de realojos dignos en Níjar: 88 personas dicen adiós a la chabola
El programa del Servicio Jesuita de Migrantes ofrece alternativas reales a la infravivienda

El SJM hace balance del programa de hospitalidad y vivienda en Níjar tras un año en funcionamiento.
El programa de hospitalidad y vivienda del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) en Níjar ha cumplido su primer aniversario con 88 personas acogidas en 13 viviendas, en una apuesta por ofrecer una alternativa digna y comunitaria a la infravivienda que persiste en el campo almeriense.
Desde julio de 2024, la iniciativa ha proporcionado alojamiento estable y acompañamiento integral a personas migrantes, principalmente varones de entre 19 y 29 años procedentes de países como Ghana, Marruecos, Gambia, Mali, Senegal o Guinea Conakry, que vivían en condiciones extremas de precariedad.
Un caso ejemplar: El Cañaveral
Más que ofrecer un techo, el programa busca generar procesos personales de arraigo, formación, inserción sociolaboral y participación comunitaria, según recoge el balance anual del SJM-Almería publicado este martes 29 de julio.
Uno de los hitos más relevantes ha sido la intervención en el asentamiento conocido como El Cañaveral, donde 24 personas aceptaron abandonar las chabolas y trasladarse a cuatro viviendas en San Isidro de Níjar. La transición fue fruto de un proceso participativo con asambleas y escucha activa. Una vez instaladas, el Ayuntamiento fue notificado de la desocupación y, el 19 de julio de 2024, procedió al derribo del asentamiento.
El caso se ha convertido en un ejemplo de erradicación habitacional con realojo digno, en contraste con otras actuaciones en el municipio que han implicado desalojos sin alternativas reales.
Pero no ha sido el único logro. Durante el primer año del programa, 28 personas han obtenido permiso de residencia y trabajo, y 17 están inmersas en itinerarios formativos ligados al arraigo por formación.
En materia de protección internacional, el SJM ha gestionado cinco solicitudes de asilo, de las que dos han sido reconocidas positivamente y tres están en curso. Además, se ha facilitado el acceso a cursos de español, formación técnica, voluntariado y mediación intercultural, clave para mejorar las oportunidades de integración.
Una red de apoyo
El modelo desarrollado por el SJM-Almería se basa en un enfoque estatal que articula un “triángulo virtuoso” entre personas acogidas, equipos profesionales y comunidades de apoyo. El soporte residencial lo proporciona la socimi tuTechô, propietaria de las viviendas arrendadas, y el proyecto cuenta con el respaldo económico de fundaciones y donantes particulares, así como con el apoyo institucional de la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Inclusión Social.

Infografía de un año del SJM-Almería.
Una de las señas de identidad del programa es la vinculación con el entorno local. Las personas acogidas no solo reciben atención, sino que participan como voluntarias en la comunidad y establecen redes sociales y afectivas, superando una lógica puramente asistencial.
Retos estructurales y soluciones urgentes
Níjar sigue siendo una de las zonas con mayor concentración de infravivienda de Europa, donde miles de personas migrantes viven en condiciones insalubres pese a su contribución al motor agrícola de la provincia.
Solo 6 de las 88 personas acogidas en el programa provenían directamente de asentamientos chabolistas; el resto vivía en otras formas de infravivienda, lo que revela la diversidad y extensión del problema.
"No hay erradicación del chabolismo sin alternativas habitacionales reales y asequibles"
Desde el Servicio Jesuita de Migrantes de Almería insisten en que no hay erradicación del chabolismo sin alternativas habitacionales reales y asequibles, y que toda intervención debe tener un enfoque humano e integral. El objetivo es combatir la segregación habitacional y ofrecer respuestas estructurales sostenidas en el tiempo.
Un poco de esperanza
Con el lema “Vidas acompañando vidas”, el balance del primer año del programa recoge testimonios de esperanza y transformación en medio de un contexto marcado por el racismo, la exclusión residencial y la precariedad laboral. Sus impulsores destacan que este primer año es solo el comienzo, y apuestan por seguir ampliando el modelo y replicar intervenciones como la de El Cañaveral. “En medio de la hostilidad, apostamos por la hospitalidad”, concluye el informe