La Voz de Almeria

Huércal-Overa

El otro milagro del ‘Santo’ Cura Valera

Pocas veces un mismo pueblo ha remado unido como lo ha hecho Huércal-Overa para llegar hasta aquí (y hacerlo tan bien)

Tres voluntarias de Huércal-Overa en el Espacio de Usos Múltiples.

Tres voluntarias de Huércal-Overa en el Espacio de Usos Múltiples.Juan José Leal

Álvaro Hernández
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La curación de un bebé que nació muerto no es, ni mucho menos, el único milagro de Salvador Valera Parra, el beato Cura Valera.

Es, simplemente, el único que ha reconocido oficialmente la Iglesia (por ahora). Pero tanto en vida como en los últimos 150 años el Cura Valera ha obrado otros muchos milagros de los que da buena cuenta el pueblo de Huércal-Overa y, ahora, todos los que tuvimos la suerte de ser testigos de su beatificación.

Por una parte, algún que otro testimonio hay de salvaciones milagrosas en décadas pasadas. Pero eso es tema que tiene que discernir y juzgar la Iglesia antes de hablar de ello.

El otro milagro, el que se pudo presenciar ayer mismo, tiene que ver con la unidad, el amor, el esfuerzo, la generosidad... Todas estas características (y otras más) se han dado en los últimos días en la villa de Huércal-Overa.

Pocas veces antes se ha visto a un pueblo tan unido como Huércal-Overa para llegar a un fin determinado y hacerlo tan bien. Si acaso, en alguna catástrofe, cosa que es mejor no comprobar a menudo.

El primer mérito de Huércal-Overa y del propio Cura Valera es haber llegado hasta aquí, preservando la memoria de un hombre que murió hace 150 años y del que sus vecinos hablan aún en presente, como si fuera uno más de los habitantes de Huércal-Overa.

En las casas, entre las fotos de bodas y los recuerdos de los abuelos, hay un cuadro del Cura Valera.

La memoria de aquel hombre ha pasado de bisabuelos a abuelos, de ahí a padres, luego a sus hijos y ya a los más pequeños, que podrán contar que estuvieron en la beatificación del Cura Valera. En Huércal-Overa, el Cura Valera siempre fue santo y nunca necesitaron que la Iglesia se lo confirmase o lo hiciera oficial. Aunque, claro, es todo un orgullo haber llegado hasta aquí.

¿Qué persona es recordada 150 años después no habiendo hecho nada en particular en su vida, ni entrando en los libros de Historia? ¿Y siendo un cura? Honestamente, uno exquisitamente bueno o uno terriblemente malo. Y el nuestro ya es beato.

La organización

Organizar un acto como el de ayer no era fácil. Y es ahí donde el pueblo de Huércal-Overa ha mostrado ese otro milagro del Cura Valera, que no ha sido otro que remar en un mismo sentido, durante décadas, para que todo llegara a buen puerto. Y vaya si lo cosiguieron.

En los últimos meses, existía un runrún en el pueblo. Un ruido callado que fue creciendo y que en los últimos días de esta semana era ilusión palpable: carteles por todas partes, colgaduras en los balcones y ventanas, una iglesia engalanada... Y todo el mundo hablando de él, acudiendo en masa a la parroquia, participando de forma activa de una u otra manera en un evento histórico que pone a Huércal-Overa en el mapa emocional de la Iglesia católica.

Aunque eso daba igual. Porque lo importante era que, por fin, todos reconocieran lo que ellos ya sabían. Que el Cura Valera fue un hombre santo. Perdón. Como dirían en Huércal-Overa, el Cura Valera es un hombre santo.

Especial mérito tiene el amplio equipo de más de un centenar de voluntarios que coordinaron a los asistentes a la vigilia, que ordenaron los coches y autobuses que llegaban al parking el día de la beatificación, que daban paso a más de 5.000 personas a un Espacio de Usos Múltiples en el que ellos iban a vivir un día inolvdable. 

Pero en lugar de centrarse en vivirlo, en disfrutarlo, primaron con su generosidad la comodidad de los que íbamos desde otros puntos del mapa, para que todo funcionara como un reloj, para que todo saliera como el Cura Valera y Huércal-Overa se merecían. Y ahí, ni qué decir tiene, el Ayuntamiento de Huércal-Overa, la Asociación Cura Valera y la parroquia de la Asunción del pueblo tiene mucho que ver.

Huércal-Overa ha remado unida y ha dejado un recuerdo imborrable, en su propia memoria y en la de todos los presentes en alguno de los actos vinculados a la beatificación: la vigilia del viernes, la misa multitudinaria del sábado o, seguro, la acción de gracias y la procesión de las lumbres de hoy. Todos han sumado. Diego Bonillo, el autor del cuadro que fue descubierto cuando el Cura Valera ya era beato, ha trabajado horas y horas para regalarle al mundo su obra, con la cara de su cura. Su Santo Cura Valera, que ahora es el de todos.

Y ese es el otro milagro de Salvador Valera Parra: el de poder ver a miles de personas unidas. Enhorabuena, Huércal-Overa.

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