La Voz de Almeria

El Ejido

El cuento que no se lee, se vive: la generación que salvará nuestras costas nace en El Ejido

Moisés Palmero acerca la biodiversidad del Poniente a los escolares a través de talleres participativos

Moisés Palmero durante su actividad frente a escolares.

Moisés Palmero durante su actividad frente a escolares.Raúl Vélez

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La basura que tiramos al váter o a la calle puede matar a un delfín. Así de claro —y así de potente— es el mensaje que cientos de niños están descubriendo en estos primeros días de la 'Feria del Libro de El Ejido' gracias a 'Cuentos del Mar de Alborán'.

Lo que podría parecer una frase exagerada se convierte en una historia real que atrapa desde el primer minuto. A través del relato de Marcos, un delfín encontrado en la costa almeriense y que terminó muriendo tras meses de lucha tras haberse tragado un cepillo de dientes, el educador ambiental Moisés Palmero consigue que los más pequeños comprendan, casi sin darse cuenta, cómo los residuos que generamos pueden acabar teniendo consecuencias directas en la fauna marina.

Además del relato de Marcos, y lejos de las explicaciones tradicionales, Palmero apuesta por una fórmula que conecta de forma directa con los niños: contar historias ambientadas en su propio entorno. Praderas de posidonia, tortugas bobas o aves del litoral se convierten en protagonistas de relatos que transcurren en escenarios reconocibles como Almerimar o Balanegra.

“El objetivo no es hablarles de animales lejanos, sino de lo que tienen aquí”, explica. Así, los cuentos funcionan como una puerta de entrada para descubrir la biodiversidad del Poniente almeriense y entender su enorme valor.

Historias que enseñan realidades

De este modo, cada relato esconde una lección. En el caso de Marcos, el impacto de la basura marina. En otros, como el de las tortugas bobas, la importancia de proteger su proceso de anidación en unas costas donde su presencia empieza a ser cada vez más frecuente.

A través de estas historias, los niños aprenden a identificar señales reales —como las huellas de una tortuga en la arena— y a saber cómo actuar. Llamar al 112, respetar los nidos o simplemente no alterar el entorno son ideas que se integran de forma natural mientras el cuento es contado.

Así, el aprendizaje no se impone, se construye. Durante la actividad, las preguntas son constantes, las respuestas van surgiendo de forma natural dentro del propio grupo de niños y la reflexión aparece casi sin esfuerzo.

La clave no está solo en el qué, está también en el cómo. El taller combina narración con participación activa: los niños cantan, imitan animales, responden y forman parte de la historia. No son espectadores, son protagonistas: “Cuando lo explicábamos de forma más directa se distraían, pero a través de los cuentos se enganchan”, señala Palmero. Y ese enganche es lo que permite que los conceptos se queden.

Y es que no se trata de memorizar datos, sino de generar conciencia. De que, la próxima vez que estén en la playa o en la calle, recuerden que un gesto tan pequeño como tirar un papel puede tener un impacto mucho mayor del que imaginan.

Un proyecto que llega a miles de escolares

La actividad en la 'Feria del Libro' es solo una parte de un proyecto más amplio desarrollado junto a la 'Fundación Unicaja' y la iniciativa ‘El Árbol de las Piruletas’. Solo durante estos días de feria, alrededor de 200 niños participarán en los talleres organizados en El Ejido.

Sin embargo, el alcance total es mucho mayor. A lo largo de las últimas semanas, y sumando todos los centros implicados, se estima que entre 4.500 y 5.000 escolares pasarán por esta experiencia educativa basada en los 'Cuentos del Mar de Alborán'.

No es la primera vez que Moisés Palmero impulsa iniciativas de este tipo en el municipio. Su trayectoria está marcada por proyectos que conectan a los más jóvenes con su entorno, como ocurrió con el ‘Abuelo Acebuche’, convertido en un símbolo de identidad, educación ambiental y participación ciudadana.

En un momento en el que la educación ambiental se vuelve cada vez más urgente, propuestas como esta demuestran que el conocimiento se puede vivir, sentir y recordar.

Porque, al final, el mensaje es sencillo pero poderoso: cuidar el entorno no empieza con grandes acciones, sino con pequeños gestos. Y entender eso, a veces, puede empezar con un cuento.

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