Pedro Lirola: “En el Poniente estamos construyendo sin coherencia urbanística”
El arquitecto ejidense repasa su trayectoria y ofrece su visión sobre el desarrollo urbanístico actual

El arquitecto ejidense Pedro Lirola.
Hay vocaciones que nacen en la escuela, otras con un libro y algunas, como la de Pedro Lirola, empiezan entre cabañas improvisadas en mitad del campo.
Criado en Pampanico, su infancia estuvo marcada por el juego compartido con su abuelo, construyendo refugios tanto para ellos como para los animales. Pero más allá de la madera, los clavos o la imaginación, lo que realmente quedó fue otra cosa: el vínculo: “No era tanto por construir, sino por el hecho de compartir con él”, explica. Y sin saberlo, ahí comenzó todo.
Su etapa como estudiante la resume con honestidad: “Tenía facilidad, aunque era un poco vago”, admite entre risas. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó una vez terminada la carrera.
Y es que, sin experiencia previa en España, decidió marcharse un año a Nueva York. Lo hizo solo, enviando currículums por internet hasta que un estudio confió en él. “Me lie la manta a la cabeza y me fui”, dice. Y, como en un efecto mariposa, aquella decisión marcaría su futuro más de lo esperado, ya que no fue solo una experiencia profesional, fue más bien una revelación: no quería trabajar para nadie.
A su vuelta a su ciudad, abrió su propio estudio desde cero. Sin conocimientos empresariales, sin red y sin certezas: “Fue caótico, pero productivo”, resume. Y lo cierto es que, a veces, en ese desorden comienza todo.
Lejos de grandes proyectos iniciales, su trayectoria creció paso a paso: “Mi primer proyecto fue una cocina, y para mí era un proyectazo”, recuerda. A partir de ahí, reformas, más reformas… hasta que llegó la primera vivienda desde cero. Una oportunidad que no olvida: “Una familia confió en mí cuando no tenía ninguna casa construida. Siempre les estaré agradecido”.
Ese crecimiento progresivo es, precisamente, una de las claves que explica su consolidación actual. Sin atajos. Sin saltos artificiales.
Arquitectura de sensaciones
A día de hoy, Pedro trabaja en proyectos muy diversos, desde reformas hasta viviendas de alto standing o promociones completas. Pero hay algo que no cambia, su forma de entender la arquitectura: “Yo juego mucho con la arquitectura de sensaciones”, explica. Para él, el nivel económico del proyecto no debería alterar su esencia. “Diseñar una vivienda normal o una de lujo, conceptualmente, es lo mismo. Lo que cambia son los acabados o las dimensiones, pero no lo que quieres transmitir”, comenta.
Su enfoque, por tanto, pone la mira en cómo se vive cada espacio, en lo que se siente, en lo que ocurre dentro.
El gran problema: ciudades sin identidad
Cuando la conversación aterriza en el Poniente Almeriense, su diagnóstico es claro: falta coherencia. Esto para él, no es solo una cuestión estética, también de planificación urbanística: “En una misma manzana puedes encontrar seis tipos de vivienda completamente diferentes. Entonces a nivel urbanístico no estás creando como ciudad, no estás creando como barrios que realmente se puedan vivir de una forma más agradable”.
Una crítica que va más allá del caso local y que apunta a un modelo de crecimiento desordenado, donde cada proyecto responde más a decisiones individuales que a una visión conjunta.
Pero Pedro no se queda ahí. También cuestiona cómo se está trabajando hoy, apuntando que, según su visión, no se está construyendo bien. El motivo: la dependencia de las modas.
Pone un ejemplo muy gráfico: el auge del blanco, negro y madera en fachadas actuales: “Ahora todo parece una tarta de Oreo”, dice con ironía. Y lanza una advertencia: “Dentro de 50 años los veremos como copias unos de otros y no tan atractivos visualmente, como ahora vemos los edificios de ladrillo de los 70 y 80”.
¿Hemos evolucionado realmente?
A pesar de los avances técnicos, Lirola cree que, hasta el momento, la arquitectura residencial ha cambiado menos de lo que parece: “Muchos clientes ven como gran innovación la cocina abierta”, comenta. Y se pregunta si eso es suficiente.
Propone ir más allá: jugar con alturas, introducir jardines interiores, reforzar la conexión entre interior y exterior… pero reconoce una barrera: “Cuando propones algo distinto, muchas veces lo quitan porque no están realmente familiarizados con esa novedad”.
Si pudiera volver atrás, lo tiene claro: cambiaría todos sus proyectos. No por errores graves, sino por una sensación compartida por muchos diseñadores, que nunca es suficiente: “Siempre ves mil defectos que habrías hecho diferente”, explica. Una autoexigencia que, reconoce, puede ser mentalmente agotadora.
Además, lanza un mensaje a quienes se plantean estudiar arquitectura. Y no habla de planos, ni de software, ni de creatividad. Habla de salud mental: “Cuídate”, resume. Porque el estado personal se refleja directamente en lo que se diseña: si estás bien, lo transmites, pero si estás mal, también.
De este modo, Pedro Lirola habla de arquitectura, pero en realidad habla de algo más profundo: de identidad, de coherencia y de tiempo. De construir no solo casas, sino formas de vivir.
Y quizá por eso, entre cocinas, reformas y viviendas de lujo, su discurso insiste siempre en parar, pensar y sentir los espacios antes de llenarlos. Porque, al final, las ciudades también cuentan historias. Y la cuestión es qué queremos que digan dentro de 50 años.