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El Ejido

La barbería con más historia de El Ejido: tres generaciones y la misma ilusión casi 100 años después

La Vieja Barbería continúa una tradición familiar que sigue viva desde hace más de 80 años

La Vieja Barbería.

La Vieja Barbería.Francisco Javier Martín Rodríguez

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La historia de La Vieja Barbería empieza en 1941 en el pequeño pueblo alpujarreño de Turón (Granada). Allí, Juan Martín García abrió una barbería que muy pronto se convirtió en una parte esencial de la vida del pueblo. Este no era solo un lugar para cortarse el pelo, era un sitio para conversar, compartir y sentirse parte de la comunidad.

Años después su hijo, Juan Martín Ruiz, tomó el relevo familiar, y es que tenía solo nueve años cuando ya cortaba el pelo a los vecinos del pueblo. “Había veces que lo sacaban de la escuela para que cortara el pelo”, recuerda la familia. Y no solo atendía en el local: recorría casas y cortijos en bicicleta, con un maletín metálico lleno de herramientas, para llevar el oficio a cada rincón de Turón. El servicio era artesanal, cercano y, sobre todo, humano.

Como tantas familias de la Alpujarra, los Martín emigraron con el tiempo a El Ejido. Allí, Juan trabajó principalmente en la agricultura, pero nunca dejó atrás sus raíces de barbero. Los que le conocían de Turón seguían llamándolo: “Juan, ¿me puedes cortar el pelo?”. Y él iba, sin anuncios ni escaparate, solo con la reputación de un oficio bien hecho. La barbería física quedó en pausa durante años, pero la historia de esta familia con la profesión estaba muy lejos de terminar.

El dueño de La Vieja Barbería, Francisco Javier Martín Rodríguez, nieto de Juan Martín García e hijo de Juan Martín Ruiz, creció viendo a su padre manejar la navaja y la tijera con una habilidad que le parecía casi mágica. Él mismo cuenta que de pequeño ya intuía que había algo especial en ese mundo: “Para mí siempre ha sido un arte”, confiesa. Sin embargo, su camino profesional no empezó allí.

Juan Martín Ruiz trabajando.

Juan Martín Ruiz trabajando.Francisco Javier Martín Rodríguez

El renacimiento de la tradición

Durante años trabajó en una empresa de transporte, hasta que llegó la pandemia. Con las peluquerías cerradas, algunos compañeros de trabajo empezaron a pedirle que les cortara el pelo. Lo que comenzó como un gesto de ayuda entre amigos se transformó en algo más profundo: “Ahí me volvió la espinita”, explica Francisco Javier. Y fue entonces cuando se planteó seriamente recuperar la tradición familiar.

Se formó, se especializó, perfeccionó técnica tras técnica y, finalmente, decidió apostar por completo por la barbería. El resultado tomó forma el 2 de noviembre de 2023, cuando abrió La Vieja Barbería en El Ejido Norte.

Él tiene presente que la esencia de esta barbería es clara: técnica, precisión y calma, ya que no se trata de ir rápido, sino de hacerlo bien. “Prefiero tardar y que el cliente salga perfecto, a hacerlo deprisa solo para pasar al siguiente”, afirma el propietario sin dudar.

Así, en La Vieja Barbería, las protagonistas son la tijera y la navaja. Nada de modas pasajeras ni diseños estridentes: “Esto es barbería clásica”, dice Francisco Javier. Sus clientes lo saben y lo aprecian. Aquí, los cortes se trabajan milímetro a milímetro, con mimo y con respeto por la forma de cada rostro.

La mayoría de su clientela son hombres, aunque también atiende a niños. Sorprendentemente muchos de ellos son nietos de quienes se cortaban con su abuelo y con su padre. Esa continuidad generacional es una de sus mayores satisfacciones. Hay quien entra por primera vez a la barbería y se sorprende al ver la navaja, pero siempre repiten. Como cuenta Francisco Javier: “El que prueba la navaja, vuelve”.

Otra de sus cualidades es la memoria. Para algunas cosas puede ser despistado, pero no para los cortes de sus clientes: “Sé exactamente cómo se peina cada uno”, comenta riendo. Ese detalle crea confianza, cercanía y fidelidad.

Francisco Javier Martín Rodríguez realizando un corte de pelo.

Francisco Javier Martín Rodríguez realizando un corte de pelo.Francisco Javier Martín Rodríguez

Transmitir la tradición

Hoy, La Vieja Barbería sigue creciendo con paso firme. Francisco Javier continúa formándose porque cree que el oficio no tiene techo: siempre hay algo más que aprender. No piensa en expandirse inmediatamente, pero sí tiene un sueño en mente. “En cinco, ocho o diez años, me gustaría abrir una pequeña escuela de barbería tradicional”, confiesa. Quiere evitar que se pierda una técnica que, en su opinión, se está dejando de lado.

A largo plazo, también le gustaría transmitir el oficio si algún día tiene hijos. Pero con una idea clara: “Si les gusta, genial. Si no, no los voy a obligar. La barbería tiene que nacer de dentro”.

Tres generaciones después, la historia que empezó en Turón con un maletín y una bicicleta continúa viva en El Ejido. La Vieja Barbería no solo corta el pelo: mantiene una tradición familiar, preserva una forma de trabajar y rinde homenaje a una época en la que lo artesanal era lo importante.

Cada cliente que se sienta en la silla forma parte de esa historia. Y cada navaja que afila Francisco Javier suena como una herencia que sigue adelante.

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