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Un almeriense en el nuevo territorio amenazado por Trump: "Al principio se reían..."

Ángel Rueda cuenta cómo la sociedad danesa ha pasado de las bromas a la inquietud ante la amenaza estadounidense

El albojense Ángel Rueda reside en Dinamarca desde hace más de un lustro.

El albojense Ángel Rueda reside en Dinamarca desde hace más de un lustro.La Voz

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Desde hace meses la actualidad internacional tiene un nombre propio: el de Donald Trump, que suele aparecer acompañado por el de países o zonas del mundo que reciben sus mofas o amenazas sobre una posible invasión u ocupación. Unas advertencias que antes del secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela podían sonar como una bravuconada más pero que ahora se empiezan a tomar muy en serio en otras partes del mundo.

Una de esas zonas que en los últimos días ha estado en boca del magnate y presidente estadounidense es la de Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca, donde desde hace más de cinco años reside el albojense Ángel Rueda; concretamente en Copenhague, por lo que es testigo directo de cómo los daneses están asimilando las pretensiones de anexión de Trump.

Junto a su familia, este nutricionista almeriense ha disfrutado del modo de vida danés durante más de un lustro, pero esa tranquilidad rutinaria propia del norte de Europa se ha visto sacudida por las palabras que desde hace semanas llegan constantemente desde el otro lado del Atlántico. Unas palabras que al principio "se tomaron de coña", reconoce, antes de añadir que "los daneses tienen esa flema y ese sarcasmo, se ríen de ello".

Cambio de percepción y recuerdos trágicos

Sin embargo, la percepción y el sentir de la población danesa ha cambiado a medida que la imprevisibilidad del presidente estadounidense se hace evidente. "Se reaviva una pequeña cicatriz latente de lo que sucedió en la Segunda Guerra Mundial con la invasión nazi", explica Rueda. La sensación de que "vienen de fuera a fastidiarnos otra vez" ha transformado las risas iniciales en una sombra de intranquilidad.

Eso sí, la población nórdica y en este caso danesa "suele vivir este tipo de inquietud y las conversaciones y chascarrillos que aquí conllevaría "de puertas para adentro" puesto que "no hay esa cultura de cervecitas diaria de Almería, hace demasiado frío para eso", bromea Ángel. Pero esa paz interior se altera cuando la geopolítica llama a la puerta.

Para entender el calado de lo que está sucediendo, Ángel subraya la peculiar relación entre Dinamarca y Groenlandia. A diferencia de los conflictos territoriales que se han vivido con intensidad especialmente años atrás en España, defiende que allí la independencia se ha gestionado con una "naturalidad espectacular" a través del diálogo y referéndums, según pone en valor.

"Groenlandia es un pueblo de apenas 50.000 habitantes", recuerda antes de matizar que para una población con tanta identidad y orgullo de pertenencia como es la groenlandesa "que alguien llegue ofreciendo dinero por su tierra es visto como un insulto".

Mientras el mundo mira a la Casa Blanca, este almeriense sigue renovando, año tras año, su compromiso con la vida danesa (de la que además ha sido un gran embajador cada vez que un paisano le ha visitado). Ahora, mira con cierto asombro cómo la confianza y el modo de vida de su país de acogida se enfrenta al desafío de la política más impredecible.

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