El fenómeno del Agustico y un inicio histórico: algunas de las claves del éxito de este Juergas Rock
El festival almeriense rompió récords y ya ha anunciado una próxima edición para agosto de 2027

Aspecto del recinto durante uno de los conciertos de este Juergas Rock Festival 2026.
Hay cuatro días al año en los que Adra amanece de forma distinta. El olor a salitre del mar se mezcla con el sonido lejano de las pruebas de sonido, y en las calles del municipio no se habla -ni su contempla- otra cosa: el Juergas Rock no es solo un festival; es una metamorfosis donde la provincia de Almería y más concretamente el municipio abderitano se convierte en el epicentro nacional de la música en directo, la convivencia y el ambiente festivalero más genuino.
La última edición que finalizó este pasado domingo de madrugada no ha sido una más en el calendario. El festival tocó techo para seguir creciendo en su primer día, con un récord de asistencia en su primera jornada de bienvenida con la que el miércoles empezó todo, con actuación de unos Celtas Cortos que suenan igual o mejor (la experiencia es un grade) que hace lustros junto a Eskorzo y unos Sanguijuelas del Guadiana que encendieron la mecha desde el minuto uno, demostrando que la marea juerguista no se iba a guardar fuerzas para el fin de semana.
La consolidación definitiva del 'Agustico'
Si el recinto principal es el pulmón del Juergas que bombea rock, reivindicación y decibelios por la noche, el escenario 'Agustico' abierto a todo el público y en pleno Paseo Marítimo se ha consolidado como el alma que diferencia al festival de otras propuestas. Este espacio gratuito y abierto al mar volvió a demostrar por qué es el rincón más querido por ,muchos juerguistas y vecinos.
Pese a su carácter abierto y más 'comedido', este año su consolidación ha llegado de la mano de grupos con una gran proyección pero que ya podrían encabezar los carteles de otros festivales. Jornada tras jornada, el 'Agustico' presentó un lleno absoluto con las propuestas en formato cercano de bandas como Bihotza que movió como nunca esta zona, Periferia o Momo, entre otros, el Paseo Marítimo se convirtió en una fiesta continua durante el mediodía. Familias, jóvenes llegados de todos los rincones del país e incluso abderitanos que paseaban por la zona terminaron compartiendo baile y cerveza fría en la orilla.
Un recinto con salud (y rock) de hierro
Con el pabellón bien alto tras los conciertos matutinos, la marea festivalera encaraba cada tarde-noche el escenario principal. Y el aspecto no pudo ser más reconfortante: una entrada espectacular y constante durante el resto de jornadas, además de las políticas cercanas al consumidor (sobre todo comparadas con otras citas de este tipo) como precios mantenidos con respecto a años pasados así como personal en las barras y servicios más que suficiente para atender a decenas de miles de asistentes o la inexistencia de la indeseada 'reentrada (el pago por volver a entrar al recinto)'.
Por las tablas abderitanas desfilaron auténticos gigantes -y leyendas- de la escena como Soziedad Alkohólica, Narco, Non Servium, Sons of Aguirre, Evaristo, Boikot, Segismundo Toxicomano, The Baboom Show, Benito Kamelas o Josetxu Piperrak, entre otros. Pero si hubo un nombre propio que hará que esta edición quede para la historia de la música estatal fue el de La Gossa Sorda. Uno de los grupos valencianos más seguidos y respetados de las últimas décadas que, tras anunciar su separación años atrás, volvieron en una gira especial tras la trágica DANA. Adra era su primera y última parada en Andalucía y ni el público ni los valencianos defraudaron.
Otros géneros también tuvieron cabida, como fue el caso de la apisonadora electrónica de los británicos Pendulum Live en su única cita en el sur de la península, los ritmos ska de Juantxo Skalari o la alianza entre Los Estanques y El Canijo de Jerez y las coreografías de Dubioza Kolektiv. Los ecos de los distorsionadores, las letras coreadas a pleno pulmón hasta altas horas de la madrugada y el brillo de los focos reflejados en el mar certificaron que el romance entre el festival promovido por Berrintxe Producciones y la ciudad de Adra goza de una salud envidiable y ya no es que se consolide sino que saca músculo como el festival referente dentro de los citados géneros musicales.
El festival apaga sus focos y retira sus escenarios y Adra recupera poco a poco su tranquilidad habitual, pero lo hace con la certeza de haber sido, una vez más, la capital indiscutible de la resistencia musical a orillas del Mediterráneo y de que lo volverá a ser. El festival ya ha anunciado (y vendido los primeros abonos limitados) de la próxima edición fechada en agosto de 2027.