El Catastro del Marqués de la Ensenada en Adra (1752)
El registro de Adra es una fuente inestimable para el estudio histórico

Detalle del dibujo del Libro de Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada, de la localidad de Adra en 1752.
El Catastro del Marqués de la Ensenada, es la denominación que se da a la averiguación llevada a cabo en los territorios de la Corona de Castilla desde 1750-1757, para conocer, registrar y evaluar los bienes, así como las rentas y cargas de los que fuesen titulares sus moradores. La finalidad expresa consistía en obtener información para sobre ella modificar el sistema impositivo vigente y fundarlo sobre los bienes.
El registro buscaba evaluar bienes y rentas para implementar una contribución única y racionalizar impuestos. Los documentos, incluyendo el Libro de Respuestas Generales de Adra, recogen información pormenorizada sobre la estructura de la propiedad, actividades económicas y población local a mediados del siglo XVIII. Zenón de Somodevilla y Bengoechea, I Marqués de la Ensenada, (1702-1781), fue un destacado estadista ilustrado, responsable de modernizar la Armada y mejorar la Hacienda.
Esta exploración es fundamental para conocer la historia, los propietarios y las actividades económicas de Adra en esa época, reflejado en archivos históricos de Andalucía.
Aquel exhaustivo censo y registro de propiedades, habitantes y riquezas de esta localidad almeriense, realizado bajo Fernando VI para instaurar una reforma fiscal (Única Contribución), documentando el patrimonio, oficios, cultivos y, que a través del Archivo de la Real Chancillería de Granada, ofrece una radiografía detallada de la sociedad abderitana del siglo XVIII. Hay que reseñar que, en 1752, Adra pertenecía al Reino de Granada y el Catastro, se realizó buscando un impuesto justo que hiciera pagar también a nobles y eclesiásticos.
Los documentos, incluyendo el 'Libro de Respuestas Generales', describen la estructura económica y social: tierras, tipos de cultivos (ej. moreras para seda, caña de azúcar), minas, salinas, molinos, y el número de vecinos, clérigos y sus posesiones.
Durante el proceso se interrogó a los representantes locales junto con peritos para declarar "quanto tuviessen y les reditúa utilidad". El propósito con el catastro buscaba sustituir impuestos tradicionales por una contribución única más justa, basada en la capacidad económica de cada habitante.
Aunque la reforma tributaria no se aplicó completamente, el catastro de Adra es una fuente inestimable para el estudio histórico, económico y geográfico de la zona.
Los detalles del interrogatorio de Adra, con sus 40 preguntas y respuestas generales, son además accesibles para su consulta, constituyendo el mejor retrato de la población y el territorio de Adra a mediados del siglo XVIII.
La documentación original de Adra es parte del rico archivo del Catastro de Ensenada, esencial para la historia local y andaluza. La investigación, ha sido anteriormente detallada por autores como el Padre Tapia, José L. Ruz Márquez o la abderitana e historiadora, poeta y documentalista, Victoria Cuenca Gnecco, donde nos permite conocer las actividades, vecinos y riqueza local en ese periodo.
Información disponible sobre Adra en el Catastro de Ensenada
Los documentos de Adra forman parte de los más de 80.000 volúmenes que componen este catastro de la Corona de Castilla. Los detalles específicos que se pueden encontrar para Adra incluyen datos demográficos y sociales de una población aproximadamente setecientos vecinos, con unos quinientos residiendo en la población principal y el resto en la Alquería y cortijos de la Sierra.
También se mencionan detalles como el número de pobres de solemnidad y la presencia de un médico, Luis Gómez. Se registraron propiedades y rentas, conteniendo descripciones y, en algunos casos, dibujos detallados de elementos locales, como molinos o infraestructuras relacionadas con el agua (descritas bajo la denominación de "ingenios"). En algunos de los dibujos y detalles de algunos de los libros del Catastro del Marqués de la Ensenada, se puede ver esta hermosa imagen de la localidad de Adra, tal y como se vio plasmada en el siglo XVIII.
Con la llegada de grandes propietarios agrícolas de origen italiano, la actividad comercial y portuaria de Adra experimentó un crecimiento muy significativo. Prueba de ello es cómo se aprecian entre otros detalles, la ciudad fortificada; su ensenada con varios barcos; al este la Albufera de Adra y al oeste la playa de Guaínos Bajos y su torre vigía. Uno de los elementos más importantes es el ingenio azucarero junto al río Adra.
La producción de la caña se inicia en Adra en el siglo XVI y fue aumentando paulatinamente, transformándose su vega en un gran cañaveral, en el que los antiguos trapiches dieron paso a molinos más tecnificados movidos por agua, bajo la denominación de ingenios.