La Voz de Almeria

Adra

Llevar luto hasta la eternidad

Del rigor del negro al recuerdo sereno: cómo ha evolucionado la tradición del luto en España

Mujeres de luto a la entrada de Adra por Carrera Natalio Rivas años 60.

Mujeres de luto a la entrada de Adra por Carrera Natalio Rivas años 60.Colección de Andrés Aguilera.

Pepe Cazorla
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Estamos de nuevo en tiempos de castañas calientes, tiempo de santos y difuntos, de visitas a los cementerios y de recuerdos por los que se fueron. El luto es también de nuevo actualidad. Pero los tiempos han cambiado, cambian mucho y los lutos también. Hagamos si no un poco de historia hablando del luto. 

En un sentido amplio, la palabra luto equivale a duelo, sentimiento de dolor, que se experimenta por algún suceso o hecho desgraciado, especialmente por la muerte de alguna persona, manifestándose al exterior por las vestiduras negras (luto en sentido estricto), el lloro, el desgarramiento de los vestidos, etc. 

Estas manifestaciones se traducen por toda una serie de actos y de creencias supersticiosas destinadas muchas veces a evitar la influencia malévola del espíritu del muerto.

Entre los griegos, a los treinta días del fallecimiento los parientes se quitaban el luto, que había de ser negro o de color oscuro. El color del luto ha evolucionado en los diferentes pueblos del mundo a lo largo de la historia. Los antiguos egipcios usaban el amarillo, los chinos el blanco, etc. Pero en la actualidad el más generalizado es el negro, sobre todo en Europa.

Tradición del luto

En España tampoco hemos sido mancos en cuanto al rigor del luto. Nuestras antiguas leyes determinaron por qué personas podía llevarse luto y la clase de vestidos o distintivos con que éste había de exteriorizarse. 

Tal hizo una pragmática de Felipe II, la cual dispuso que sólo podía ponerse luto por los ascendientes, por el suegro o suegra, marido o mujer, hermano o hermana, por las personas reales, el criado por su señor, y el heredero por su causante.

Estas leyes han caído completamente en desuso, y en la actualidad los lutos se llevan con arreglo a la moda. Pero de cómo el rigor había llegado a calar en la entraña del pueblo español nos da una idea extrema en 'La casa de Bernarda de Alba', escrita en 1933 por García Lorca; recordamos cuando Bernarda ordena a los suyos: “En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Hacemos cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas… Así pasó en casa de mi padre, y en casa de mi abuelo”.

A Dios gracias esto es ya historia. Este hábito de luto riguroso se está perdiendo. Había antaño familias que se pasaban la vida encadenados al negro de luto. Tres años de luto por el abuelo, cuatro por el padre, otros tantos por la hermana, y así eternamente, aplazando bodas o cerrando casas.

Un luto más cristiano

Otros signos extraños de luto han desaparecido: el brazalete, el botón, el pico en la solapa o la corbata negra. Eran muchos los que llevaban esta última porque sus deudos eran partidarios en vida de esas costumbres. Era ésta entonces una manifestación sincera, digna de aplauso. 

Un año era ya un tiempo largo de luto entre gente moderada en ideas sobre estas manifestaciones externas. Había gente joven que pensaba que, al ir vestido de luto, iban pidiendo “el pésame” a las gentes que pasan. Estos les cohibía. 

Existían quien pensaba también que en el momento del dolor no hacía falta esas normas externas tan rigurosas, ya que entonces nadie tenía ganas de divertirse. Hoy en día, lo que se hace en mayor medida es superar lo más pronto posible la depresión, no encogerse, y ayudar a todos a levantar la moral, prefiriendo decir misas y rezar por sus difuntos. 

La mayoría de éstos han sido partidarios de ir eliminando el luto; de que aquella visión tenebrosa que en tiempos pasados se cultivaba la muerte debe ir dejando paso a una visión más acorde con el auténtico sentir cristiano, es decir, que a los muertos debe recordárseles con alegría, pensando sobre todo que han pasado a mejor vida, y donde nos están esperando a los que aquí quedamos. 

Ahora es la ocasión de meditar sobre esta eterna y problemática cuestión del hombre. Ahora que es tiempo de castañas calientes, tiempos de santos y difuntos, tiempo de visitar los cementerios. Ahora que el luto no es actualidad.

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