El maestro de La Mojonera que se convirtió en campeón del mundo con España: la historia de Raúl Fernández
Llegó al baloncesto 3x3 casi por casualidad y quince años después ha tocado techo con la selección

Raúl Fernández y su equipo tras ganar una competición.
Raúl Fernández llegó al baloncesto 3x3 casi 'de rebote', y es que en 2010, cuando todavía era una modalidad prácticamente desconocida, una llamada le abrió una puerta que ni siquiera sabía que existía. España necesitaba un entrenador menor de 30 años para acudir a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Singapur y él, que cumplía el requisito, aceptó. Tras el sí, los jugadores seleccionados y el técnico tuvieron que estudiar juntos un reglamento que apenas conocían. Más tarde, lo que parecía una experiencia puntual terminaría convirtiéndose en el camino de una vida.
Así, quince años después, aquel entrenador de La Mojonera puede decir que es campeón del mundo, aunque todavía le cuesta creérselo. “En ningún momento” pensó que llegaría hasta aquí, reconoce. Su trayectoria había nacido muy lejos de los grandes escenarios internacionales, lo había hecho en un club humilde y en las pistas del baloncesto almeriense, donde empezó a entrenar con apenas 19 años. Hoy, con 48, lleva casi tres décadas haciendo del baloncesto una forma de vida.
El oro mundial con su país, pese a que es, quizá, el momento más especial de su trayectoria, no fue un camino de rosas. España atravesó una fase de grupos con dos victorias y dos derrotas y tuvo que convivir con esa montaña rusa emocional que caracteriza al 3x3. Pese a los contratiempos que puedan surgir, a la hora de afrontar cualquier encuentro, Fernández habla de equilibrio, de planes de partido y de que el jugador esté siempre preparado para cualquier escenario. Porque la pelota puede entrar o no entrar, pero hay algo que sí está bajo control: el trabajo que hay detrás.
Cuando recuerda aquel triunfo, la emoción continúa aflorando. “Se me siguen poniendo los vellos de punta”, reconoce. La celebración desde el pabellón tampoco fue precisamente contenida: desde la primera fila, el equipo técnico y el resto del equipo se abrazaron con tanta fuerza que estuvieron a punto de caerse por encima de la baranda. Una imagen casi anecdótica que terminó quedándose grabada para siempre en la memoria del entrenador almeriense.
Ser campeón del mundo tiene, sin embargo, una cara menos brillante y que suele pasarse por alto. La de los aeropuertos, los viajes interminables y las horas lejos de casa. Es el precio de representar a España, una responsabilidad que vive con intensidad porque sabe que nada está garantizado para siempre. “Tú sabes cuándo estás, pero no sabes cuándo van a dejar de contar contigo”, explica.
Por eso tampoco deja de estudiar. El 3x3 está creciendo y, al ser relativamente nuevo, cambia rápido. Por ello Fernández aprovecha los periodos de menor actividad para ver partidos, analizar tendencias y seguir formándose. Su objetivo no es acomodarse en lo conseguido, sino llegar a la siguiente concentración siendo un entrenador mejor que en la anterior.
La pista a la que siempre vuelve
Nunca deja de lado La Mojonera. Allí preside el Club Baloncesto La Mojonera y allí mantiene una de las partes más importantes de su relación con el deporte. También es maestro, de modo que su trabajo y su pasión terminan cruzándose en una misma idea: formar personas. Los resultados importan, pero Fernández insiste en que el verdadero valor del baloncesto está en todo aquello que permanece cuando termina el partido.
Además, le enorgullece que quienes han pasado por el club conserven un buen recuerdo tiempo después. “Esa semilla plantada se queda a lo largo de los años”, explica. Es quizá la mejor forma de entender su carrera: mientras viaja por el mundo con España, sigue teniendo los pies puestos en el mismo lugar donde empezó.
Ahora el horizonte vuelve a ensancharse. España ya tiene la clasificación para el próximo Mundial de Wuhan y está consagrada como una de las grandes selecciones el panorama internacional. Pero por encima de todo están los Juegos Olímpicos de 'Los Ángeles 2028'. España está con la ilusión por las nubes y, aunque no será fácil por la alta competitividad y lo impredecible de este deporte, buscará esa clasificación a uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.
A la hora de hablar del objetivo, Fernández no se esconde: “Para cualquier deportista y entrenador, unos Juegos Olímpicos son lo máximo”, asegura. Dice que sueña con ello muchos días. Quizá porque, después de haber llegado tan lejos sin haberlo planeado, ya sabe que en el deporte conviene estar preparado para cuando aparezca el siguiente 'rebote'. Un rebote que esta vez, si todo sale bien, apunta Estados Unidos.