La Voz de Almeria

El Ejido

Un almeriense se proclama campeón del mundo de remo con la selección española: "Mi sueño son los Juegos Olímpicos"

Robert Privistirescu repasa el camino hasta el oro, los madrugones y los próximos retos de su carrera

Robert Privistirescu celebrando la victoria junto a sus compañeros, amigos y familia.

Robert Privistirescu celebrando la victoria junto a sus compañeros, amigos y familia.Robert Privistirescu

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A Robert Privistirescu todavía le cuesta decirlo con naturalidad. Es campeón del mundo. Lo sabe, claro, pero necesita un poco de tiempo para que esas tres palabras terminen de encajar. "Al principio cuesta un poco", reconoce. Aunque a medida que han ido llegando las felicitaciones y las menciones, de repente, aquel resultado que parecía tan lejano empezó a convertirse poco a poco en algo real. También sus padres y varios compañeros esperándole en el aeropuerto a su regreso ayudaron a hacer el proceso más fácil. "No me esperaba que estuvieran ahí", admite. Y quizá ahí esté una de las mejores maneras de entender lo que acaba de vivir.

Porque detrás del oro conseguido por España en el cuatro sin timonel masculino del Mundial sub-19 de Plovdiv hay mucho más que los seis minutos y 97 centésimas que tardaron Robert, Manuel Cruz, Juan Jesús Ortega y Borja Núñez en completar los 2.000 metros. Hay semanas lejos de casa, entrenamientos dobles, madrugones antes de ir al instituto, alimentación, descanso y una disciplina que no aparece en ninguna clasificación. Y, sobre todo, hay años en los que los resultados no siempre llegan cuando uno los espera, pero en los que debes seguir igual.

Robert recuerda especialmente esos momentos. En las categorías inferiores llegó a esforzarse al máximo en algunos momentos sin encontrar después una recompensa acorde al esfuerzo. "Lo que más me costaba era entrenar duro para esas categorías y no ver resultados", explica. Ahora, sin embargo, siente que todo funciona de otra manera. Una medalla lleva a otra, los buenos resultados alimentan la motivación y el siguiente objetivo parece un poco más cerca. "Es como una bola que, poco a poco, va rodando sola", resume.

Remontar y sobrevivir

El oro mundial, eso sí, tampoco fue un regalo. España no tuvo la salida que esperaba y llegó a encontrarse en los primeros metros incluso en cuarta posición. Pero el bote tenía claro dónde podía hacer daño. En el tramo central de la regata empezó la remontada y al paso por los 1.000 metros ya marchaba primero. A partir de ahí el final se veía más cerca: "En la última parte nos tocó sobrevivir", cuenta Robert. Se veían con algo de ventaja y solo quedaba remar hasta el límite, y darlo todo sin pensar. Esta vez, por suerte para él y para el deporte nacional, todo salió bien.

El equipo español tras proclamarse campeón del mundo.

El equipo español tras proclamarse campeón del mundo.Robert Privistirescu

Quizá la clave no estuvo en esos últimos metros, sino mucho antes. Robert no señala un momento concreto de la carrera ni una palada milagrosa. Habla de todos los entrenamientos, de los meses anteriores y de todos los años que llevan remando y con llegar justo a ese punto, en el que estaban, a falta de unos metros, con la medalla más valiosa colgada al cuello. Y también de algo menos visible: la obsesión por cuidar cada pequeño detalle. "Desde el primer momento queríamos venir a ganar el oro", asegura. Los cuatro estaban mentalizados para ello y se tomaron en serio todo lo que podía acercarlos a ese objetivo durante la concentración.

Ahí aparece otra de las palabras que más se repiten cuando habla de su experiencia: equipo. No solo porque cuatro personas tengan que remar al mismo ritmo, sino porque también tienen que sostenerse cuando las fuerzas empiezan a faltar. Robert reconoce que todavía son jóvenes y que tienen mucho que mejorar en el aspecto mental, pero recuerda cómo el grupo fue capaz de reaccionar cuando las cosas no empezaron bien. Si uno estaba cansado o no tenía ganas, los otros tres estaban ahí. "Todos lo queríamos muchísimo", explica. Y es que tener un objetivo común hacía más fácil levantarse las veces que hiciese falta.

Y levantarse, precisamente, ha sido una parte importante de su rutina. Durante la temporada con el club, había días en los que el despertador sonaba a las seis de la mañana para hacer unos 40 minutos de remoergómetro antes de ducharse y marcharse al instituto. Por la tarde llegaban más entrenamientos, de unas tres horas. Todo eso mientras cursaba segundo de Bachillerato y preparaba la Selectividad. Desde finales de junio, ya concentrado con el equipo nacional, el trabajo pasó a ser todavía más exigente, teniendo siempre sesiones por la mañana y por la tarde.

Y además, Robert no habla de ello como una heroicidad. De hecho, cuando se le pregunta cómo consigue encontrar la motivación para entrenar incluso en los días malos, él responde con una naturalidad desarmante, porque simplemente se ha acostumbrado a ello. No siempre se tienen ganas, es cierto, pero ahí aparece el papel del grupo, de esos compañeros que han compartido con él el objetivo. Porque si alguno fallaba, contaba con los demás para saber que todos empujaban en la misma dirección.

Robert Privistirescu celebrando el oro junto a sus compañeros.

Robert Privistirescu celebrando el oro junto a sus compañeros.Robert Privistirescu

El siguiente escalón

Ahora el camino continúa lejos de El Ejido. Robert se trasladará a Sevilla para seguir entrenando con el equipo externo de la Federación Española de Remo, con la mirada puesta en los Mundiales sub-23. Quiere seguir creciendo durante estos años y volver a pelear por una medalla. El sueño a largo plazo es todavía más grande: llegar a unos Juegos Olímpicos y seguir avanzando en un deporte que empezó practicando de pequeño casi sin imaginar hasta dónde podía llevarle.

En ese camino no se olvida de dónde viene. El Club Tiempo Libre El Ejido y Sergio Montero, aparecen en su relato como una parte imprescindible de su historia. "Sin el club esto no hubiera sido posible", afirma. Sergio fue su único entrenador durante años, desde que empezó, y allí aprendió a remar junto a compañeros con los que posteriormente ha compartido competiciones nacionales e internacionales. El campeón del mundo no entiende su éxito como una historia individual, sino como el resultado de muchas personas que han ido remando con él, dentro y fuera del agua.

Por eso, quizá la respuesta más reveladora llega cuando se le pide que imagine al Robert que empezó a remar siendo un niño y le dé un consejo. No habla de medallas, de logros ni de la selección. Habla de seguir. "Cada entreno y cada madrugón vale la pena", dice. Y añade que hay que mantener la misma ambición y las mismas ganas siempre.

Ahora él ya sabe hasta dónde puede llevarle ese camino. Lo ha comprobado en Plovdiv, con una medalla de oro al cuello y con todo su alrededor orgulloso de él. Pero, echando la vista atrás, el oro no empezó en esa final. Empezó muchos años antes, cuando todavía no había periódicos, ni televisiones, ni recibimientos en el aeropuerto. Solo un niño, un remo y otro entrenamiento más.

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